miércoles, 8 de abril de 2009

Literaturas orales, algunas ideas para el curso, por Gonzalo Espino



Pongo en circulación este material (en proceso) y que constituyen los apuntes de mi primera sesión de clase. Fustrada ya la semana pasada, hoy día nuevamente por lo que acuso esta desazón. ¿Existe alguna justificación? Toda parece que ser que hay quienes piensan la universidad con un tiempo parcial. O se trata, simplemente de esa suerte de pereza burocrática y antogadiza que afecta la buena marcha académica de San Marcos. Esperemos que la próxima semana no ocurra lo mismo.
LITERATURAS ORALES,
ALGUNAS IDEAS PARA EL CURSO 2009

Gonzalo Espino Relucé


En los últimos años he propuesto una lectura que explica el proceso de producción del texto oral. La idea central es que la continuidad de la tradición oral por su condición situada. Esto por su pertenencia a una colectividad que a lo largo del tiempo la refiere. Situación -en extremo- solo posible si es que existen cuando menos dos sujetos que consideran oportuno hablar (hacer memoria) y que a la vez modelan, censan o silencian, simultáneamente, lo que se narra o lo que se desea escuchar.

No estoy hablando aquí en estricto de lo que ocurre con las transcripciones y ediciones de los textos orales, sino lo que se ocurre en el evento. Es decir, lo que sucede en el momento en que el dispositivo de la palabra se abre para ingresar al maravilloso universo del mito y de la fabulación sin límite que dan cuenta de las diversas maneras como se va tejiendo la memoria.

Los relatos que escucharon mis abuelos no son los mismos que yo escuché, ni aquellos que oí de mis padres, ni lo serán en el futuro –y hoy mismo- a los que se escucha(rá) en Tulape. Hay recordar que cada texto a su vez esconde una historia propia que hay que reconocer y precisar.
En esta lógica la idea de evento resultó siempre una sugerente propuesta, pues recuerda que el texto oral es un tipo de formato que se produce en un momento determinado y cuya textualidad no es exclusivamente discurso. No es solo habla, sino habla y cuerpo, habla y movimiento, habla y referencia, etc.; y solo posible con la presencia del otro que escucha y que va marcando el relato que el uno narra.

Estas ideas que han estado presentes en nuestras propuestas que son conocidas desde nuestros dos trabajos: La literatura oral o la literatura de tradición oral, que en el país circula como fotocopia y la compilación que preparé Tradición oral y culturas peruanas.

Ahora queremos sugerir una nueva dimensión de trabajo. Deseamos poner en primer plano la urgente necesidad de pensar la tradición oral en términos de un proceso de producción textual compleja que tiene sus referentes o continuidades en las culturas con las que se conviven. Relatos como los del zorro, tal como lo hemos revisado, requieren ser examinados como discurso y a mismo tiempo como personaje, pero en su relación con tradiciones que vienen, por ejemplo, de los aymaras y aquellas que corresponden a imágenes que sobre este héroe (anti-héroe) de nuestra fabulación se encuentra entre los relatos de la Amazonía. Cuestión que no puede quedar adscrita ni reducida a la literatura comparada de las diversas culturas que gozamos en nuestro país sino a la par, se trata de establecer nexos con las diversas culturas de Amerindia que desde su reinvención, luego de la derrota indígena del XVI circularon con diversos tonos. Esto en primer lugar.

Coincidiendo con esta misma idea, corresponde re-imaginar estas manifestaciones en su relación con lo andino. Lo andino simbólicamente se ha ido construyendo como un eje hegemónico que, instalándose como lo exclusivo y no hemos tendido puentes imaginables y posibles entre las diversas formas como las culturas han entrando en contacto estableciendo relaciones de intercambio o simplemente en su condición de cultura en fronteras. Dicho de otro modo, las formas como la cultura andina estableció relaciones virtuales y reales con las naciones amazónicas sigue siendo una tarea aun por iniciar. Esta idea, como se podrá apreciar, se convierte en una necesidad si pretendemos que el imaginario nacional sea pensado en términos plurales y que adscriba la diversidad cultural del país. Esto en segundo lugar.

Entonces, corresponde preguntarnos ¿cuáles son las tradiciones orales de estas culturas? ¿Cuáles son los sentidos centrales de los mitos en cada una de estas culturas? ¿Qué tipo de textos o discursos pertenecen al goce de la palabra y qué funciones les asigna sus colectividades? ¿En que momentos, espacios y rituales se dicen estos discursos? ¿Cuál ha sido el impacto de la modernización en la memoria y la tradición oral de cada cultura? ¿Cómo se puede hacer una historia del discurso oral? ¿Qué diferencias se pueden establecer entre los decires de los varones y aquellas que dicen las mujeres? ¿Cuáles son las deidades, su continuidad y la funcionalidad?, ¿de que manera estas tradiciones se han vinculado con los proceso de modernización, en especial de la escuela? ¿Cuáles fueron las relaciones entre la cultura quechua y las culturas amazónicas?, ¿de qué tipo fueron? ¿Qué ordenamientos míticos se pueden rastrear en la memoria oral amazónica y la memoria andina quechua o aymara?

Si como ha establecido James Regan para el caso de los jíbaros y los moches, corresponde hacer estudios en serio de lo que ocurre con los procesos culturales locales. Estoy pensando en especial, en la necesidad de una mayor especialización que suponga estudios mucho más precisos en el área quechua, es decir, un proceso que permita un desarrollo y que se hable desde categorías andinas quechuas o aymaras, según sea el caso. Tal profundización y especialización en el área andina, supone al mismo tiempo, convocar a la reflexión y al estudio de la tradiciones culturales amazónicas desde el ámbito del discurso, lejos de los esquemas y aparatosidad de cierto intelectual que circula en los medio canónicos.

La propuesta de mi curso enfatiza como núcleo central de preocupación la identificación de la diversidad cultural y al mismo tiempo los lazos y tejidos que pueden establecer en/ para diversos ámbitos de la tradición oral andina con la amazónica, o la tradición amazónica -en especial, con la tradición inca- o de la tradición popular con la quechua o con cualquiera de las naciones de la Amazonía. Se trata de pensar la tradición oral del país como elemento diverso, aunque con relaciones de complementaridad, oposición y transacciones, y en un espacio signado por la pobreza.

Por cierto, en esta línea de reflexión nos hemos propuesto también poner en discusión las formas como han llegado la tradición oral en un territorio cuya historia fue interrumpida y al mismo tiempo su vínculo con las diversas modernizaciones que se ha vivido en esta parte del abya yala. En buena cuenta un curso como el que proponemos en esta ocasión intenta responder a esas dimensiones para cuestionar sus bases desde este lugar de enunciación (kaypi) y por lo mismo un tipo de discursividad que necesita ser revisada desde una perspectiva descolonizadora e ingresar a revisar la secuencia de estos relatos en dos serie: la del perro, que nos interesa como un elemento central y sobre el que se ha trabajado muy poco, al tiempo de discutir un tipo de texto que se ha denominado huida mágica en los andes, esto a partir de las tesis que asesoré (Claudia Rivero y Jair Pérez). Al mismo tiempo volver sobre la memoria amazónica tan descuidada en nuestro medio y lo haremos esta vez con una colectividad que fue esclavizada por aquellos que se consideraban revolucionarios. Pero, ello nos debe invitar a reflexionar sobre la naturaleza de nuestra labor, para que finalmente sirve este tipo de trabajo. Solo como la memoria retenida y fijada, para hacer una suerte de cosificación, o, por el contrario aventurarnos a las posibilidades de la conversa o acaso una interesante manera de revitalizar las tradiciones culturales de nuestros pueblos en medio de la globalización del capital. Entonces, vamos a trabajar desde los textos, desde las y desde las propuestas que vienen sugiriendo lectura enriquecedora que este curso quiere compartir.

marzo 2009.
© Gonzalo Espino Relucé
Ilustración: Eusebio Laos.

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