martes, 20 de febrero de 2018

Kunan harawikuna, ¿poesía conteporanea quechua? por Gonzalo Espino Relucé



Kunan harawikuna, ¿poesía conteporanea quechua?


Gonzalo Espino Relucé
EILA-UNMSM[1]




A fines de diciembre del 2016 no había podido confirmar ni revisar Canas i sus relámpagos (1947), una antología poética que en mis años de estudiante habíamos leído (Noriega 1993, Huamán Manrique 1996), fue por esos días que llegó un grupo de amigos con quienes fuimos a comprar a “Amazonas”, esa pila de lomos de títulos circunspectos y antojadizos  al pie del río Rímac que sostiene a los libreros de Lima. Aquella tarde, mis ojos se dirigieron a un grupo de papeles viejos, entre un color amarillento, era el inconfundible papel bulki. Me llamo la atención una ruma de impresos, que, para mi sorpresa, se trataba de un trabajo que había realizado en el marco del Seminario de Literatura Peruana, mi monografía estaba intacta acaso porque tampoco leyó mi trabajo el profesor del curso; este hallazgo me permitió confirmar la existencia del poeta y los poemas que consigno en mi antología (1982) tal como había hecho Julio Noriega (1993). Esta vez, era mi propia versión, la de las aulas sanmarquinas. Unos meses más tarde me reencontraría con el escurridizo Canas y sus relámpagos gracias a las pesquisas que hicieran los integrantes de mi equipo de investigación EILA en Cusco. 
La anécdota, por cierto, parece banal, sin embargo, explica algunas de las preocupaciones con las que salíamos de la Escuela de Literatura de San Marcos. En 1982 Eduardo Ninamango Mallqui defiende un trabajo clave en el desarrollo de los estudios de la poesía quechua, me refiero a Katatay y la poética quechua de José María Arguedas. Julio Noriega presentaría parte de los resultados de su investigación doctoral como Poesía quechua escrita en el Perú (1993). Tres años después, Isaac Huamán Manrique aportaría a la construcción del corpus de la poesía quechua con su tesis La poesía quechua escrita actual (1990-1995) (1996). Yo había abandonado mi investigación sobre poesía quechua pues me dediqué a estudiar poesías populares y literaturas orales de los pueblos andinos y amazónicos; más tarde, hacia el 2000, retomé mis pesquisas sobre literatura quechua con motivo de mi tesis doctoral. De manera que fuimos imaginando qué había ocurrido con la palabra-letra en quechua, de cierto, seguimos las proposiciones que en 1993 propusiera Julio Noriega, en ese andar concebimos una propuesta de lectura para los textos andinos, que se tradujo en mi Etnopoética quechua (2007); años después se publicarían dos textos claves para la discusión sobre el tema: Las provincias se contratacan (2009) de Juan Zevallos y Caminan los apus (2012) de Julio Noriega. A estas  investigaciones confluyen La pervivencia de la identidad cultural como memoria del tiempo moderno en Sonqup Jarawiinin, Umapa Jamutaynin, Runap Kutipakuynin de Kusi Paukar de Óscar Huamán Águila y La poética chanka en tres poemarios de Edwin Chillcce Canales,  ambas investigaciones fueron defendidas como tesis el 2017.
Lo nuestro coincidió con un momento especial, en el Perú los poetas quechuas dejaron caminar sus trabajos, seguramente porque, primero, el fin de la guerra interna creó un clima favorable para el desarrollo de las letras quechuas que estaban estancadas en las gavetas individuales; segundo, la promoción institucional que la literatura tendría desde varias esferas (Premio Nacional de Literatura Quechua, ministerios, gobiernos regionales que propiciaron concursos y publicaciones en la lengua), que colaborará en la consolidación de cuando menos dos polos de desarrollo para la literatura quechua de estos tiempos, Huamanga y Cusco; y, tercero, aparecía un contexto propicio para las lenguas indígenas que venía avalado por los convenios internacionales y la visibilización de las literaturas indígenas en América Latina.


[1] Esta antología forma parte de los resultados del proyecto de investigación 2017: Proceso de la poesía quechua contenporánea que dirijo como coordinador de EILA de la UNMSM.

martes, 30 de enero de 2018

Hildebrando Pérez Grande, 19 de julio


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Poema escurridizo,lo habíamos buscado, y claro, olvidamos lo obvio, Cuba, allí estaba diciendo, expresando y cautivando. Va el poema de nuestra gran poeta, nuestro Hildebrando Pérez, de ese extraordinario poemario Aguardiente.
  

19 de julio

Hildebrando Pérez Grande


Yo soy el río que viaja por las calles…

                                                                              Javier Heraud


Los viejos maestros dicen que nuestras vidas son los ríos interminables

Que pasando permanecen como un espejo encendido. Dones de la sabiduría

O el acaso, lo cierto es que en más de una ocasión brota el río

Como una rosa encarnada, es decir, las mieses y el mercurio de la vida.

Ríos que desbordan cualquier mapa como el Amazonas, bayetas

De cristal que relampaguean a orillas del Mantaro, piedras

Eternas que hablan por los hijos del sol sobre el pecho del Urubamba,

Y qué decir del Rímac sórdido y triste y luminoso en las manos de Humareda.

Pero ninguno nos conmueve tanto como el río que bramando baja

Por las calles, halando obreros, campesinos, mineros, maestros,

Mujeres y niños en Marcha hacia el Palacio de Gobierno, que es el morir.

Que es el morir de una clase que aún detenta el poder de matar

Nuestras ilusiones (para qué hablar ya de los overoles mustios,

El horario corrido, el trigo sin cortar, la historia pisoteada).

La Unidad de Servicios Especiales procura en vano contener,

Dispersar aquel río que corre echando chispas a los cuatro vientos:

Llorando, amando, cantando, gritando libertad, despedidos reposición.

Río de gritos que se prenden y se apagan como avisos luminosos. Río

Incontenible que arrasa charreteras, tanquetas, material deleznable,

Pips, aguas servidas, orden de allanamiento, fuegos fatuos, perdigones.

(Por un recodo de La Victoria, el río acrecienta su metal de torbellino

Insurrecto. Y recordamos que hay ríos apacibles, sencillos como los pueblos

Que brillan en nuestras serranías; mientras con dolor contemplamos

El río de nuestros muertos, nuestros heridos, nuestros presos).

Ríos que nacen en el Parque Universitario, en la Plaza Dos

De Mayo, o no lejos de la María Angola en el Cuzco. Ríos que renacen

Con bravura en alguna calle harapienta de Villa El Salvador. Ríos de manos

Cuarteadas que incendian la noche que agoniza en los arenales de Comas.

Ríos de pan, de no hay vacante, de azúcar, de vuelva usted mañana,

De mi hijo se muere doctor, de pompas de jabón. Ríos

Profundos, enmielados, transparentes, ensangrentados, libres.



Los viejos maestros dicen que muchas veces un río se quiebra como una rama seca,

O se abre como una mujer enamorada o se cierra en línea recta como la mira de un fusil.

Pero lo cierto es que el río de los pobres siempre corre buscando

La Unidad, la tierra fértil, el rumor de la palabra compañero.

Ser una gota de aquel río planetario es nuestro más caro, humilde deseo.

    •  (En: “Casa de las Américas”. La Habana, Enero-Febrero, No. 124,   1981, pps. 120-121).