sábado, 24 de febrero de 2018

Sobre los inicios. Kunan harawikuna, ¿poesía contemporánea quechua?






Sobre los inicios 

Gonzalo Espino Relucé
Eila-UNMSM

Cuando hablamos de cualquier literatura demandamos la existencia de un corpus. ¿Existe un corpus de la literatura quechua contemporánea?, ¿es plausible hablar de un corpus de la poesía quechua escrita? La repuesta, de por sí, siempre fue afirmativa, de estas dieron cuenta las tres más importantes publicaciones de entonces: Literatura Quechua de Edmundo Bendezú (1980) Poesía aborigen y tradicional popular (1984) de Alejandro Romualdo; y,  Poesía quechua escrita en el Perú (1993) de Julio Noriega Bernuy, las tres ofrecen un corpus que evidencia la existencia de una escritura quechua en progresión; difieren en sus referencias espacio-temporales en el balance contemporáneo y la lengua que utilizan. La primera hace una cartografía histórica, todos los poemas quechuas de tradición oral, no incluye a ningún poeta contemporáneo, todos los textos vienen traducidos al español, el mérito de este volumen de la Biblioteca Ayacucho fue que volvió a poner en circulación la poesía quechua en el espacio Latinoamericano junto con la maya, azteca y guaraní. La segunda, ofrece un corpus singular al presentarnos un muestrario de las poéticas nativas de los distintos pueblos del país, incluye una sección, que lo estructura de cara a la historia y para la República incluye diez autores a quienes denomina “Poetas quechuas contemporáneos” (:301-384), los poemas vienen en quechua y castellano. Ambos trabajos ponen su atención en la década de los 80. La tercera, llega a los 90 del siglo pasado, abarca todo el siglo y presenta, por vez primera, autores totalmente desconocidos, que supuso la puesta en valor de poetas de circulación local, a partir de la cual se puede advertir problemas de continuidad en la creación poética quechua.
Resultado de imagen para taki parwa kilko warakaEs a mediados de la última década del siglo pasado que se desembalsan las poéticas quechuas. Empieza en Ayacucho y Cusco como espacios que van constituyendo las comunidades letradas quechuas, se extienden a los y las quechuas que viven en las principales ciudades del país. Esto terminarían por dar cuenta de nuevos derroteros, para entonces, las preguntas sobre la literatura quechua escrita adquirió un inusitado interés para explicar sus contornos: ¿Cómo se producen las diversas manifestaciones poéticas quechuas? ¿Qué criterios habríamos de tener? ¿El quechua, admite una sola escritura o estas se manifiestan en los términos que se las conoce, en las diversas lenguas quechuas? ¿Cómo se producen los poemas quechuas?, ¿Escriben en quechua? ¿el sujeto quechua es a la par bilingüe? ¿Escriben primero en quechua o traducen sus poemas, los reinventan o los trascrean? ¿Cómo circulan los poemas, en revistas, en plaquetas, en folletos, en libros, en libros audios, en internet, etc.?  ¿Cuándo comienza la poesía quechua contemporánea, cuál sería el punto de partida?  Los críticos que recepcionan o estudian la producción literaria, ¿escriben sobre estas manifestaciones o las silencian; las obvian o las desconocen? La Academia, ¿qué piensa sobre estas producciones? Y los medios de comunicación, las medias, ¿cómo se comunica y difunde la poesía quechua?

Resultado de imagen para libros de guardia mayorgaCochabamba que ganará Andrés Alencastre por su poema “Intillimani” (Huamán Manrique 1996: 51). Por lo que, afirmamos que la partida de nacimiento de la poesía quechua escrita contemporánea se sitúa en la década de los 50 del siglo XX. La tradición moderna, es decir, la poesía que se produce en el siglo XX y en los tiempos actuales se concentra y coincide  con la publicación de Canas i sus relámpagos (1947); Rolando Álvarez (2017: 15-49) nos ha recordado la compleja y heterogénea realidad de nuestra literatura, más aun lo urgente que resulta imaginar, repensar y organizar un corpus literario, sobre todo si se trata de focalizar lo nuevo o un proceso. Un corpus habla de un producto continuo y de calidad estética (García-Bedoya 2014), el primer corpus, en efecto, lo identificamos con Canas i sus relámpagos (1947) que publica los poemas de Audaz del Castillo, Killku Warakca, Tupak-Amaro y Jacinto Yana-Aucca,[1] en esta “Antología poética” aparecen tres tipos de textos, los poemas, que vienen en castellano; los textos quechuas con sus transcripciones al español y las recopilaciones de canciones que se inscriben en quechua, se traducen a la lengua de la ciudad y son identificadas como folclore. Casi una década después, aparece Taki parwa (1955) de Kilko Warak’a, el poemario no solo tiene mérito de ser el primer libro orgánico de poesía quechua en los tiempos modernos, sino también instala en el escenario letrado una corriente, una opción:  escribir y publicar solo en quechua por lo que se difunden como poemas monolingües. Al año siguiente, 1956, Kusi Pawkar publica Harawikuna enteramente en quechua chanka en la Revista Cultura de Bolivia (Huamán Águila: 2017), en los poemas de Kusi Paukar se advierte el impacto de la modernización en el mundo andino. De hecho, no debe perderse de vista que hacia 1934 se convoca al Concurso de Literatura Kechua  por “el IV Centenario del Cusco”,[2] es decir al cuarto centenario de su fundación española; los resultados de esa ocasión no tienen mayor trascendencia, salvo por los resultados que desdicen el regionalismo cusqueño, el poema ganador estaba escrito en “Runa - Simi de Huamanga” (Indio Enelda 1942: 19)  y en 1951 se realiza el Primer Concurso Internacional de Literatura Quechua, en Taki parwa (1955) y, Harawikuna (1956), que definitivamente abonan el camino, instalan dos orientaciones para la poesía quechua ñuqayku y ñuqanchis; hacen suyo el idioma y lo prestigian en un momento en que el problema del indio no se había resuelto, que el idioma y sus hablantes eran considerados opuestos al progreso y la civilización, por lo que no solo se le despreciaba y descalificaba al indio.



Fotos: Archivo personal. Tapa Taki parwa y César Guardia Mayorga, dominio público .


[1]  Audaz Castillo corresponde al seudónimo del “Poeta ermitaño i apasionado romántico del lago de Langui-Layu, don José Cirilo del Castillo i Gutiérrez. [1895]” que publicó la revista Wikuña (1929);  Kilko Warakca, corresponde a Andrés Alencastre; Tupac-Amaro (Canas-Surimane, 1915-?) es seudónimo de  “J. de la Cruz i S, autodidacta, tipógrafo i chofer.”, y, Jacinto Yana-Aucca  es identificado como “poetas netamente INDIO don Jacinto Ccallo y Sumi [1923-?], oriundo de Yanaoca.”  (cf. Tupak Amaro 1947: s/n).

martes, 20 de febrero de 2018

Kunan harawikuna, ¿poesía contemporánea quechua? por Gonzalo Espino Relucé



Kunan harawikuna, ¿poesía contemporánea quechua?


Gonzalo Espino Relucé
EILA-UNMSM[1]




A fines de diciembre del 2016 no había podido confirmar ni revisar Canas i sus relámpagos (1947), una antología poética que en mis años de estudiante habíamos leído (Noriega 1993, Huamán Manrique 1996), fue por esos días que llegó un grupo de amigos con quienes fuimos a comprar a “Amazonas”, esa pila de lomos de títulos circunspectos y antojadizos  al pie del río Rímac que sostiene a los libreros de Lima. Aquella tarde, mis ojos se dirigieron a un grupo de papeles viejos, entre un color amarillento, era el inconfundible papel bulki. Me llamo la atención una ruma de impresos, que, para mi sorpresa, se trataba de un trabajo que había realizado en el marco del Seminario de Literatura Peruana, mi monografía estaba intacta acaso porque tampoco leyó mi trabajo el profesor del curso; este hallazgo me permitió confirmar la existencia del poeta y los poemas que consigno en mi antología (1982) tal como había hecho Julio Noriega (1993). Esta vez, era mi propia versión, la de las aulas sanmarquinas. Unos meses más tarde me reencontraría con el escurridizo Canas y sus relámpagos gracias a las pesquisas que hicieran los integrantes de mi equipo de investigación EILA en Cusco. 
La anécdota, por cierto, parece banal, sin embargo, explica algunas de las preocupaciones con las que salíamos de la Escuela de Literatura de San Marcos. En 1982 Eduardo Ninamango Mallqui defiende un trabajo clave en el desarrollo de los estudios de la poesía quechua, me refiero a Katatay y la poética quechua de José María Arguedas. Julio Noriega presentaría parte de los resultados de su investigación doctoral como Poesía quechua escrita en el Perú (1993). Tres años después, Isaac Huamán Manrique aportaría a la construcción del corpus de la poesía quechua con su tesis La poesía quechua escrita actual (1990-1995) (1996). Yo había abandonado mi investigación sobre poesía quechua pues me dediqué a estudiar poesías populares y literaturas orales de los pueblos andinos y amazónicos; más tarde, hacia el 2000, retomé mis pesquisas sobre literatura quechua con motivo de mi tesis doctoral. De manera que fuimos imaginando qué había ocurrido con la palabra-letra en quechua, de cierto, seguimos las proposiciones que en 1993 propusiera Julio Noriega, en ese andar concebimos una propuesta de lectura para los textos andinos, que se tradujo en mi Etnopoética quechua (2007); años después se publicarían dos textos claves para la discusión sobre el tema: Las provincias se contratacan (2009) de Juan Zevallos y Caminan los apus (2012) de Julio Noriega. A estas  investigaciones confluyen La pervivencia de la identidad cultural como memoria del tiempo moderno en Sonqup Jarawiinin, Umapa Jamutaynin, Runap Kutipakuynin de Kusi Paukar de Óscar Huamán Águila y La poética chanka en tres poemarios de Edwin Chillcce Canales,  ambas investigaciones fueron defendidas como tesis el 2017.
Lo nuestro coincidió con un momento especial, en el Perú los poetas quechuas dejaron caminar sus trabajos, seguramente porque, primero, el fin de la guerra interna creó un clima favorable para el desarrollo de las letras quechuas que estaban estancadas en las gavetas individuales; segundo, la promoción institucional que la literatura tendría desde varias esferas (Premio Nacional de Literatura Quechua, ministerios, gobiernos regionales que propiciaron concursos y publicaciones en la lengua), que colaborará en la consolidación de cuando menos dos polos de desarrollo para la literatura quechua de estos tiempos, Huamanga y Cusco; y, tercero, aparecía un contexto propicio para las lenguas indígenas que venía avalado por los convenios internacionales y la visibilización de las literaturas indígenas en América Latina.


[1] Esta antología forma parte de los resultados del proyecto de investigación 2017: Proceso de la poesía quechua contenporánea que dirijo como coordinador de EILA de la UNMSM.