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Ulises y Taykanamo en altamar por Saniel E. Lozano Alvarado


Ulises y Taykanamo en altamar


Saniel E. Lozano Alvarado
Escritor y profesor universitario
sanielozanoal@hotmail.com



El mar tiene en el universo literario regional a inspirados líridas y notables creadores: Alcides Spelucín, Horacio Alva Herrera, Wilfredo Torres Ortega, Juan Paredes Carbonell, Andrés Aguirre Lynch. Entre los narradores destaca Santiago Merino Acevedo. En todos ellos, el mar generalmente es un elemento primordial del paisaje y del universo de ficción; los puntos más altos son Spelucín y Torres Ortega.
En el reconocimiento de tan formidable constelación de antecedentes, Bethoven Medina Sánchez es la voz que trasciende y desborda el referente marino como estampa cotidiana del litoral, para convertirlo, más que en un elemento contextual, en protagonista del universo de ficción tan original y artísticamente construido hasta plasmarse en un fruto , realmente superior y cimero.  
Estamos, pues, ante el ecuménico, complejo y vasto “Ulises y Taykanamo en altamar”, libro que rompe con audacia el tema local, para dotarse de dimensiones y magnitudes universales. Tan hermosa realización no es resultado de simple raptos sublimes de inspiración, sino que eleva la poesía hasta esas funciones que autores tan autorizados, como René Wellek y Austin Warren (“Teoría literaria”) postulan como forma especial de conocimiento de la realidad, para cuyas aseveraciones no se requiere de pruebas o comprobaciones, sino que se aceptan por convicción absoluta. De acuerdo a esta concepción, la poesía no es solo expresión de sentimientos, sino también plasmación de ideas y pensamientos.
El proceso de construcción de este extraordinario y sin precedentes poemario arranca del pasado remoto con dos localizaciones emblemáticas específicas: los ancestros chimús y griegos, personificados en Taykanamo, “fundador de la dinastía de los caciques de Chan Chan”, cuyo nombre significa “El que toma el saber de la lluvia”, y, en el otro lado del mar, el legendario Ulises u Odiseo, rey de Itaca, que navegó por siete islas en procura del retorno a su fiel esposa Penélope.
El tiempo pasado, sin embargo, no se pierde en la rememoración de un estado remoto y cancelado, sino que se actualiza y proyecta al presente y al futuro, con lo cual se demuestra que la palabra es capaz de superar y vencer al tiempo y al espacio, a los que dota  de nueva vitalidad y espíritu.
La arquitectura estética del libro exige como condición  previa un gran conocimiento de la cultura, la historia y la mitología de los referentes andinos prehispánicos y griegos. La opción por el mar tampoco brota del azar, sino de un claro conocimiento del elemento primordial de la vida. Tampoco es una referencia fría e impersonal, sino una afanosa búsqueda que culmina con el reencuentro del amor entre Ulises y Penélope, así como en un canto de amor a la innombrada pero bella princesa Chimú.
Desde otra perspectiva, la nativa, ciertos elementos mencionados, como los ceramios no son objetos fríos, decorativos e impersonales; no son objetos o piezas de exhibición curiosa; son seres pletóricos de conocimiento y sabiduría, que contienen en sus formas, colores y perfiles, un caudal inagotable de lecciones, conocimientos y mensajes, pues los orfebres no los modelaron con fines meramente estéticos, sino como plasmación de ideologías, concepciones, creencias, conocimientos, conceptos, experiencias y actitudes ante el mundo,  la vida y la humanidad, por lo que corresponde a lo que los teóricos llaman “arte útil”.
Por otro lado, por el tono entusiasta, emocionado y admirativo, “Ulises y Taykanamo en altamar” es un canto coral épico al mar universal en su conexión íntima con los andes, y que concluye con un anhelado y esplendoroso final. Asistimos, por tanto, a la plasmación de la poesía como arte supremo, pero también, en sus vastas proyecciones, como búsqueda del ser, de nuestros orígenes y ancestros y, por tanto, como construcción de la identidad étnica, cultural e histórica de nuestro destino.
Estamos también ante un himno universal y un anhelo emocionado de integración cultural del pasado, de inclusión total en lo físico, geográfico, mitológico, antropológico e  histórico, como plasmación de los esfuerzos y concepciones de la concentración e integración de las magnitudes esotéricas de arriba y abajo, o de cielo y mar, que se resuelven en la unidad. Se trata también de una poesía que expresa la necesidad urgente e impostergable a favor de la conservación y purificación ecológica que amenaza con arrasar y contaminar la vida del planeta.
El tono expositivo propio de la poesía, en el poemario de Bethoven se plasma en una épica magistral y colectiva, en un caudal lingüístico, que fluye constante, irreversible, indetenible. En pocos poemarios como en el presente se hace gala de un lenguaje vital y expresivo, que no rompe, ni altera, ni quiebra la sintaxis, sino que la dota de mayor fuerza emotiva e intelectual, como lo quería Aldous Huxley, al propugnar la integración armónica de la ciencia y la literatura.
Fuentes:
La ventana cultural, de la Voz de la Calle.
Trujillo, 20/08/2014
 La Industria. Trujillo, 21 /08/ 2014.



Ulises y Takaynamo en altamar de Bethoven Medina Sánchez, por Gonzalo Espino


Ulises y Takaynamo en altamar de Bethoven Medina (Cajamarca: UPAGO 2012) es un libro atrevido y casi irreverente. La aventura poética a la que nos invita es casi impensable: la apropiación del mito de Odiseo para traerlo a los lares del mundo  y  darnos una universalidad merecida. Cierto. Pero quien es el poeta Bethoven Medina.
Empecemos  hacer evidente un problema que la crítica contemporánea aún no asume. Cuando hablamos de literatura en el Perú, no podemos seguir hablando de  la literatura peruana sino de las literaturas peruanas. Esto tiene serias implicancias pues pondera los diversos escenarios que la actividad literaria tiene en el país. No se trata solo y exclusivamente de la literatura que se produce en Lima ni las consagraciones que las mediáticas ni las escasas estadísticas que se hacen de las ventas del libro de creación, sino hay que volver sobre los procesos y los sistemas literarios y ubicarlas dentro de lo que reconocemos como lugares de conflicto y pugna por la representación en los espacios simbólicos. No solo es el asunto del canon.
De esta suerte habría que advertir los circuitos y sistema de literaturas regionales que, en los últimos 30 años, vienen dando cuenta de un momento importante en la configuración de nuestras literaturas.  Se trata de producciones localizadas y que no necesariamente están dialogando con el centro, pues su centro es la región.  Cierto. Esto trae un nuevo problema como trabajar las relaciones entre literatura regional y literatura nacional,  sistemas literarios como quechua o aymara respecto al sistema literatura en español, etc.  Lo que interesa aquí es remarcar como se vienen produciendo proceso cuyos referentes apuntan a otros circuitos y cuya representación están siempre en la escena. Este es el caso de la poesía de Bethoven Medina Sánchez que resulta uno de los poetas, si no el mayor representante de la poesía de los 80, en el norte del Perú y del país, si Trujillo lo ve crecer como poeta, se afinca luego en Cajamarca.  Ambas ciudades lo asumen como su poeta, pero esta misma representación se hace extensiva a todo lo que podríamos llamar en líneas generales el Norte del Perú -no como región política- si no como trazo cultural.  A ello hay que agregar un ruta cultural que permite el desarrollo de la poesía en el Norte, me estoy refiriendo principalmente a la movilidad social de los creadores a ciudades como Guayaquil y  Bogotá como lugares de diálogo poético.
Dicho esto, debemos anotar que la poesía de Medina Sánchez está caracterizada por un continuo perfeccionamiento de su palabra.  La ternura se ve afectada por las miserias humanas y más recientemente por los problemas que vive el mundo actual y en esta ocasión, hay un dialogo que trama su universalidad.  Si su coloquialismo se colma muchas veces de imágenes sorprendentes que mimetizan su anclaje prosaico, esto lo lleva a un uso preferente del verso libre. El trabajo laborioso de orfebre de nuestro poeta lo lleva a experimentar diversas formas que llevan a dísticos, aunque hay en toda su poesía un uso paralelo de verso extenso y el verso breve. Todo con tono crítico. Así lo denuncia sus poemario Volumen de Vida, Y ante niegues su luces y su reciente
Ulises y Takaynamo en altamar resulta una atrevida aventura, un desafío. La voz poética apela a una historia que hizo leyenda y fue inscrita en la letra con el nombre del aeda Homero. El poeta imagina a Ulises por los lares del mundo moche, como viajero que llega a estas tierras y por momentos dialoga con el héroe local: Takaynamo.  Es una lectura en segunda instancia a pesar que se retracte la historia del héroe llegado por los mares.
Si el poeta hace el elogio al mar y a su héroes (Ulises, Takaynamo), este es un homenaje al hombre sencillo de los mares. Pero para hacerlo, asume que su voz tiene que transformarse, y posesionar de tres tonos que le permitan la interlocución entre los héroes y la voz del yo poético. Este último se instala como una suerte de locutor que media entre la historia de la travesía de Odiseo y la que secunda el hombre que vino por los mares a Huanchaco.  Estas voces hacen un concierto polífono.  La voz de Takaynamo es evidente, declarativa, aunque renovada y hasta asombrada de su propia travesía: “Aparecí sobre las olas” (20), más adelante:
Ahora, superados los siglos,
Yo, Takaynamo simbolizado por el hombre común/ sobrevivo en la estirpe de pescadores
y, majestuoso,
navego al mar
en mi brioso caballito de totora.
(21: Takaynamo).
El poemario se divide en cinco secciones “Ulises y Takaynamo en altamar”; “Frente al mar”, “A la mar”; “Entusiasmados en el navío” y “Descubrir el cielo en el mar”, las misma que develan la travesía de Ulises y que al mismo tiempo se disputa con el canto homérico, al recrear la travesía de Odiseo y como parte de esa disputa está el mito de Takaynamo que por momento aparece con nitidez y deja de ser una voz que acompaña al Ulises.  El poeta, asume que no todos conocen la historia del norte, entonces, redefine su propuesta poética y aparece como pórtico un paratexto y poema que actúan como marco. El primero explica lo que llama cultura chimú y al héroe Takaynamo: “Vino del mar y habita entre nosotros. Estos poemas obedecen a su valoración en el tiempo”; la segunda es la cantata para ambos: “El hombre, desde el origen / consideró al mar fuente de vida” (16), para al finalizar expresar: “Ulises o Takaynamo, con cualquier apellido, / es hombre común y actual // Esta cantata es para ellos, / para los hombres con pies en tierra/ y que vence en altamar”  (16).  A esto debe agregarse que la estructura del libro está precedida por epígrafe que hacen alusión al mar, al héroe, las estrellas y la vida misma, van en notas de Fraz Grillparzer, Thomas Eliot, Salvatore Quasimodo, Willian Wordsworh,  Willian Shakespeare y Víctor Hugo. A lo que debemos agregar la predilección del poeta por lo clásico, en este caso, por remedar sus títulos en latín.
Pero el paratexto más importante es la fotografía que Cristóbal Campana ofreció al poeta de los frisos de Chan Chan, estas fotografía resumen un detalle, es el detalle de la travesía de Takaynamo que registra el mito.  Hay hasta tres elementos que podríamos rescatar: el primero se trata la pareja originaria, pero su actitud no es la fiera, sino la sonrisa, la de celebración de la alegría. La segunda, es la idea de movimiento y travesía que está presente en el friso, esto como parte de la comprensión de la vida como continuidad dinámica; y tercero, el mundo emergen desde el mar, por eso se ve tres referentes, la del centro, que implica la presencia de la divinidad misma, y los dos cuadrante referidos al mundo marino en que se habita.  Es posible que este tenga en la extensión de friso otra dimensión indicada como movimiento y complementariedad,  que tiene que ver con la estaciones, en la fotografía solo se deja ver un movimiento y no el movimiento a la inversa. En todo caso, quería anotar este hecho porque el registro de la memoria de este friso resulta singular y es lo que el poeta finalmente canta como apego a la memoria, pero la legibilidad apela a un referente clásico que se apropia para poetizar a Takaynamo.
Ulises y Takaynamo en altamar afirma con magia extraordinaria su legado poético. Todo el poemario está hecho de palabras que tienen ritmo, es una cantata. La musicalidad de sus versos es lo que advierte rápidamente. Luego, un manejo libre de distintas formas versales, adecuadamente labradas, para dar ese sentido de contemporaneidad que se les suele reclamar a los poetas que no viven en Lima. Si el poeta recorren las instancia homérica, por ejemplo, la invocación a los dioses: “Con otro alfabeto vengo  desde lejos/ Existencial es mi son. // Insto a cantar nuevas albas, / a optar por el ascenso.” (24); que más tarde se traduce en incursiones cotidianas como “¿Veis a la cabrilla arrodillada/ y al lenguado asustado?” (62; también en Sostenidos), cuya realización formal entrecruza la historia conocida y un conceptismo  inevitable, hasta su tono existencial: “El hombre / es tronco viviente/ ante la tormenta” (76) hasta el elogio terrenal y divino, de la belleza y la vida, en nombre de la heroína identificada (Penélope) y la otra, la del mito (La princesa Chimú)
Un libro, como dije atrevido, anclado en el mito clásico, de los himnos homérico, al mito modesto, local, que se universaliza en virtud de la poesía, de la travesía del mar, que al final, como dice la voz del poeta, es el canto al hombre sencillo, pone a la poesía de Bethoven Medina entre más representativa del Perú.

Quebradas las alas de Bethoven Medina Sánchez, Gonzalo Espino Relucé



Marco
La poesía de Bethoven Medina Sánchez (Trujillo, 1960) es una celebración de la palabra.  Celebración como resultado de la intensa labor de quien, desde sus inicios tiene conciencia de trabajo poético. Las imágenes, las metáforas, los símiles, los versos truncos y coloquiales, pueblan el conjunto de  su poesía moderna. Su coloquialismo se ve atrapado de una riqueza verbal que evoca un espacio intermedio (entre la ciudad y el campo) que acoge los objetos de la modernización. Esta característica de su poesía aparece soldada a un permanente experimentalismo que lo encontramos a lo largo de todos sus libros. El poeta transita del tema de la muerte a la magia de la vida,  de la soledad a los efluvios  sirenos del amor; si  nos habla de la sencillez  de lo cotidiano, el lar familiar y la casa,  la voz del poeta sabiamente transita de estas estancias a una voz que se sabe parte de una colectividad, aprehensión continua de lo social y se realiza como una relectura poética de la historia como proyecto mayor.

Quebradas las alas
Acogido por la Serie las Primicias del recordado maestro y narrador Luis Fernando Vidal, el poemario tuvo recensiones entusiastas de la crítica. Quebradas las alas  (1983) lo define como poeta vinculado a los 80, pese a que su actividad empieza muchos años antes. Se trata de un poemario consistente, una realización significativa para la escena poética del país.  Son los años en que publican también Róger Santiváñez, Dalmacia Ruiz Rosas, Pedro Escribano, etc. etc.

Si los paratextos aluden desde el título (Quebrada las alas) a herida que impide su vuelo, me pregunto si en ella no hay también una suerte desencanto respecto a la palabra poética. Esta suerte de desencanto enfrenta la fragilidad de la poesía, por eso, el libro marca una tendencia que define su poética: la sensibilidad íntima y la percepción social, su íntimo lirismo y su apego a una voz que desea ser testimonio y poesía. Los epígrafes a su vez declaran y recuerdan, en líneas generales estas preferencia: aparecen César Vallejo y Alberto Hidalgo, y la presencia de tres poetas del 50 Juan Gonzalo Rose,  Francisco Bendezú y Alejandro Romualdo como recordando la poesía como juntura: al mismo tiempo poesía íntima y poesía social.

A lo largo de las cinco secciones  encontramos una voz poética que fluye y se hace acompañar por la nostalgia, atrapada por la cercanía hiriente de la muerte y  el descontento que la voz poética reconoce como el “teorema social”. Si sus versos sorprenden, no es por el magisterio de la suficiencia que otorga el manejo de las técnicas poéticas, sino por esa voz que juega con la ternura y lo paródico, con la palabra sencilla y rebuscada, con los espacios intermedios entre rural y citadino y sus evocaciones modernizantes, etc., por la forma como el poeta llega a su lector.

Si el poeta habla de la muerte, de la vida, del desamor, de la estrechez  social, hay un tono paródico que define su coloquialismo  al que se adhiere el grafismo como experiencia. Pienso en Reflexiones de un pájaro de cierta especie: en esta sección lo coloquial se hace parodia, y explota el espacio en blanco:
ROMPA UD. UNA TIZA Y VERÁ LO QUE ES EL MATRIMONIO

O estos versos:
ESTOY FRIENDO PESCADO
                               Y COMO SLATA PROBRECITO
                                                               AÚN MUERTO CÓMO SALTAN

Las formas gráficas y paródicas dominan el tono coloquial. La importancia del espacio ocupa un lugar privilegiado, así el enunciado poético tienen a ser una significación en sí misma:
LA VIDA
viene con el fresco olor de las olas y éstas como manso bueyes

El azul infinito sin pájaros, se anuncia como una sección de ausencias, sin el hogar, la casa era de las ternezas, parece anunciar la condición de un poeta que testimonia, no elige la palabra poema sino un título extenso (enunciado conceptual) que semejan títulos de secciones de crónicas: “Novela de los trigos que aún no crecen”, le interesa el “teorema social”, de allí que se puede leer algunos de estos textos como el testamento de la época, en que la queja aparece cercada por  la situación social: “No se puede vivir cuando los zapatos están encadenados a los muro”.  De tono social, declarativo, de celebración de la metáforas e imágenes. 

(Anoto que la idea de la muerte recorre todo el poema, seguramente “Remolque de diciembre en la soledad hablada por la guitarras” sea uno de los más expresivos y explícitos).

Los cuadernos cuarto y quinto, exhiben un hacer poesía semejante.  La reflexión sobre la palabra aparece invocado en el título de uno de sus poemas: “El mundo (delgadita palabra)”. Tal vez una característica adicional que debemos anotar es lo que dijimos al inicio esta tensión entre una palabra moderna que se apega, no se despeja, del mundo rural-citadino que lo rodea, la imágenes cubren ese espacio.  “Un cuy ciego cruza el parque de la vida”:
En casa, en un rincón, criamos unos animalitos
Que ni ellos saben su nombre.

        Y –ha parido la cuya dos cobayos-
        Cuenta abuela a los invitados a la tristeza
       -pero uno –dice- ha nacido ciego, pobrecito.

Si la imagen tiene aliento rural, la siguiente, no:
Y pienso, que estará haciendo con mi fotografía a esta hora?

(Claro, los lectores avisados, dirán a lo Vallejo, pero hay que recordar que es el castellano del norte).

“De cómo algunos pájaros viven fuera de la jaula”

Este primer poema (abarca toda la primera sección) tiene la virtud de la ternura, del remanso de la cotidianidad del hogar y al mismo tiempo la nostalgia, donde la apelación al pasado configura una historia poblada de ausencias extensas: “Le gustaba trepar los eucaliptos”, “Paseaba por los parques en camisa y sin paraguas”. Si el poeta asumió un voz distante habla desde la tercera persona; esta aparece conversando con la segunda y luego, trazado en la primera. Juego por lo demás interesante en la hechura poética:

La patria, bien lo sé –decía atizando su cabellos-
es un himno de quenas
interpretando a la tierra sin semillas y sin agua.

Ya no voy a su rodilla, mi antigua torre, mi faro,
mi telescopio
de donde oteaba el piso rojo cereza de mi casa
poblado por juguetes imaginados y el tubo de lámpara que derribé.

La voz poética, hace, en primer lugar alarde de su coloquialidad con la alternancia de versos extensos y versos breves, y donde el ritmo define la intensidad poética. El sentido del saber desestructura la dura relación entre “himno de quenas” (tristeza, pena) y “tierra” (sequía, pobreza), pero al mismo tiempo esta se asocia–en la siguiente estrofa- a la ausencia. Entre el registro social y el registro íntimo. Si el yo habla de la 3ra. persona, en esta instancia, el yo habla de sí para el otro virtual. Del tiempo ya ido –poblado de ausencia- y cubierto de nostalgia, de una niñez feliz, pero ahora poblada de ternezas. Una relectura de la casa como materia poética. El padre, la madre, la “madre”, son ausencias que pesan en el trazo del poema: “Mis padres eran árboles que confiaban sus secretos a los ríos” y arrancaban “estrellas para que jueguen conmigo.”.

Las ausencias parecen atentar con los sentidos del poema, una suerte de álbum de familia, el ahora de los recuerdos se contrapone a toda la situación social. Y todo Quebrada las alas se ubica como un libro representativo de la poesía peruana contemporánea.

Referencia:
Medina Sánchez, Bethoven. Quebradas las alas. Lima: Cuadernos del hipocampo, 1983.