El fin de siglo concluye con la
instalación de una dic tadura que tras un ordenamiento fiscal naturaliza el autoritarismo
y la corrupción cuando el trauma del conflicto armado interno no terminaba de disipar ni curar las heridas
abiertas. La dictadura de Alberto Fu- jimori
propiciaría todas las formas de corrupción y el arrinconamiento para quienes expresaron el descontento. El
rasgo característico, de entonces, será que el
Perú había cambiado
su rostro rural (su marca con- temporánea,
el oligopolio), el castellano cumpliría su
promesa colonial, se convertiría en la lengua general
-en la que escribo-,
el quechua se reduciría a un 17% de hablantes y la presencia de ciudades definen la
imagen agraria del país.
La poesía
quechua conquista nuevos territorios que ponen en interrogantes los referentes canónicos. Las
instituciones del interior del país difunden la len gua, propician concursos y realizan publicaciones de alcance
regional. No existe en estricto
un movimiento de escritores. Este periodo
está marcado para la po blación
originaria de América Latina por el recono cimiento del Convenio 265 OIT que implica aceptar
los derechos de los pueblos indígenas y la aparición de una sensibilidad latinoamericana hacia la poesía amerindia que se hace visible en el siglo
xx: el Recital de Poesía las
Lenguas de América (México), más tarde, el
Festival de Poesía de Medellín (Colombia), que in- cluyen abiertamente a poetas indígenas.
No
hay una sola forma de percibir la poesía quechua. Es diversa y sus de-
sarrollos desiguales; unas transitan entre los espacios canónicos y no
canónicos, y aventuran experiencias innovadoras; otras, más intuitivas,
adhieren lealtades tradicionales y son tímidas sus hazañas formales. La
experiencia que se desarrolla en provincias tiende a ser modesta y local,
mientras que el otro núcleo lo hace desde una percepción cosmopolita y
globalizada. Afianzan la tradición, la reinventa o la trasgreden. Unas asumen
limpiamente su condición poética, otras se mueven entre esa autonomía, asu-
miéndose modestas y locales, aquestas se desplazan y así mismas se autoperci-
ben como cosmopolitas y globalizadas. Sus referencias poéticas se desenvuelven
y conviven, incluso incomunicadas, durante toda la década. Si bien localizamos
sus trabajos en los años 90, constituye una tendencia excepcional por sus rea-
lizaciones formales, por su circulación y por su internacionalización.
En términos literarios, el fin del siglo
produce un hecho singular: el Premio Nacional de Literatura Quechua que promueve la Universidad Nacional Federico Villarreal, galardón que permitió romper el
silencio y que los poetas empezaran a entrar en una sana competencia que ha dado lugar a la Biblioteca de
Cultura Quechua Contemporánea. La
mayoría de los ganado res sobrepasan los 50 años.
El siglo se cierra con el in- cidente
cusqueño que prohibía a una de sus egresadas
sustentar su tesis en quechua.
Se trataba de una inves
tigación sobre los relatos y mitos quechuas; el reclamo fue aceptado y se sustentó
en el quechua cusqueño. El resultado
fue que la poeta Eugenia Carlos Ríos, años después, radicalizaría su condición nativa,
empezará a firmar con nombre indígena: Chask’a
Eugenia Anka Ninawaman.
Las cartografías poéticas de entonces tienen dos in cidencias, que corresponden al trabajo poético
(Qantu kutimuqkuna) que sigue una trayectoria regional -en esta sección la abordo- y aquella que incluye la travesía virtual (Quechuas trans-andinos).
Con los Qantu
kutimuqkuna (Retorno: 1991- 2000)
la palabra quechua se hace poesía, pero no conforma
un movimiento literario ni se articula en tanto formas poéticas
y sí se puede advertir
la impron- ta de la poesía
canónica y contemporánea que están en algunos trazos
de los poemas quechuas. No solo en Cusco, Huamanga
o Lima se escribe poesía.
Esta tiene diversas dinámicas
y no alcanza a conformar núcleo de escritores quechuas. El retorno
caracteriza al periodo, es decir, la lengua
quechua se vuelve a uti-
lizar públicamente, los más jóvenes
llevan a la provin cia sus experiencias citadinas y lanzan
iniciativas para publicaciones
de plaquetas, poemarios y revistas, esquema en el que también se ubican las
instituciones públicas donde el runa simi tiene una presencia importante.
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