Mostrando las entradas con la etiqueta Taki poesía - Qechua - Siglo XXI - Washington Córdova. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Taki poesía - Qechua - Siglo XXI - Washington Córdova. Mostrar todas las entradas

Urqukunaq qapariynin/ Alaridos de la montaña de Washington Córdova Huamán


La aparición de Urqukunaq qapariynin / Alaridos de montañas de Washington Córdova Huamán[1] confirma la rica producción poética quechua que ha tenido esta primera década del siglo XXI. En menos de poco tiempo el mapa poético quechua se ha ido dibujando y precisando, en los últimos tiempos han aparecido los poemarios de Ugo Carrillo, Yaku-unupa yuyaynin/La memoria del agua, de Carlos Huamán, Llipyaykunapa qillqanampi/ Donde escriben los relámpagos, de Feliciano Padilla, Pakasqa takiyniykuna/ Mis cantos ocultos, de Gloria Cáceres, Munakuwaptiykiqa/ Si tú me quisieras…, y se anuncia la publicación de un nuevo libro de Dida Aguirre. En general, toda esta poesía muestra cómo los quechuas, a pesar de las desavenencias, los malos gustos y el insistente desprecio que algunos segmentos sociales aún muestra, se han ido posesionando como un eje importante de la cultura andina y de lo que, hoy por hoy, significa para todo amerindia, para todo el abya yala, la vigencia de la poesía indígena y su representación y posicionamiento también desde el lado de la escritura.

Washington Córdova Huamán llega con su primer poemario, maestro por vocación y quechua vital. Su obra actual muestra dos facetas. La del traductor y la del poeta. La del traductor es la que desde hace algún tiempo se conoce, y en ello comparte dicho magisterio con Porfirio Meneses. A Washington Córdova le debemos que circule en la lengua quechua lo mejor de la narrativa contemporánea canónica peruana. El 2007 publicó su colección Runasimi, ediciones bilingües quechua –español. Ha traducido a Paco Yunque de César Vallejo –sin duda una de las mejores que circulan en nuestro medio-, El caballero Carmelo de Abraham Valdelomar; La agonía de Rasu Ñiti de José María Arguedas, acompañando a esta El sueño del pongo; al mismo tiempo, ha puesto en la lengua andina a ese hermoso y tierno relato Ladraviento, que le debemos a la pluma de Félix Huamán Cabrera y a Kuya kuya de nuestro Oscar Colchado, y por cierto, los cuentos de Julián Pérez y Dante Castro. Le debemos pues, en esta faceta, la mejor traducción nuestra narrativa al quechua.


Urqukunaq qapariynin / Alaridos de montañas es un poemario del alegato y la protesta, se trata de la palabra que tiene todavía esperanza. Córdova es un convencido, por eso el verso inaugural del poemario responde a esa terca vocación social: “Manan musquyqa wañunchu / manan ¡manan wañunchu!” (No ha muerto la ilusión / no, ¡no ha muerto!), negativa que se extiende a otras construcciones y que sirve como modélica: “llalliypa qapariyninqa” (eco del triunfo), “hamuq kawsayqa” (el destino); en el poema introducirá una variante, ya no será la negación sino el espacio, con lo que cambia también el tono del poema: esta vez será “Chaypin … tarikun” (allí está – lo buscado), cuyas dos movimientos finales los realiza con “hatun kawsayqa” y “musquyqa” (en este caso, “la gloria” y “el sueño”). Pero el poeta necesita que su oyente -y su lector- se convenza, por eso el tono apelativo y explicativo. Más que metáforas hay imágenes, el tono apelativo así se impone el poema. No es una poesía de la sugerencia. De hecho es una poesía vinculada a la memoria de los andes, la visión y cosmovisión se encuentra en ella. Desde allí establece un diálogo, interpela, vuelve al recuerdo, reclama, imagina el futuro. Es un territorio poblado por un ahora de crudezas y pobrezas, cuya palabra quechua configura esa cartografía social, que no permite el equilibrio, donde hay ausencia, soledades y modo del poema tiene de desaliento. Por eso ñuqa -el hablante poético– se convierten en un testor de las carencias:

¿Haykaqkaman waqcha kay
kikin qapariyninta hiqipachinqa
k’amikuy k’uchukunapas
p’unchawkunaq yuyariyninpi
ñakapakuyta thapachamanhina?
(Manos vacías/ Ch’usaq makikun, p. 132, 133)[2]

El discurso elabora una suerte de catálogo puesto afecta la vida comunal y su relación con los dioses, cuyo tono por momentos pulsa los extremos del dolor:
¡Ay, angelchallay!, kunanqa tulluykitan shallunki
kay llaki kawsay pacha hawapiqa
¿ima maki rikrakunaraq suyaykusunkiman
nuqaykupa witusqañataq kashan chayqa?
(Angelillo curioso, Pukllaysapa angelcha; pp. 152, 153) [3]

E interpela a los dioses, con tono runa confeso, vuelve al ritual:
Kuka kintu, muyu raphicha,
wañay kawsaq sara, sumaq musquy,
Pachamama, apukunaq tiyanan,
inti tayta, killa mama
haptariy kusikuyta quykuwaychis
kay llakisqayta thasnurinaypaq.
(Recuerdo de los días/ Puchawkunaq yuyrariynin: (144, 145).[4]

Si este es el campo en que se mueve el poemario de Washington Córdova Huamán, hay que precisar que su poesía está imaginada para lectura oral. No para una lectura silenciosa. Esta, nos parece, es una de las razones por las que el autor ha decidido apelar a un modelo que en líneas generales ha quedado indicado. Los poemas conservan una estructura en la que los versos son libres, aunque se pueden identificar como recurrentes versos de 7, 11 y 14 sílabas, al tiempo que las estrofas que registra se combinan, el autor tiene preferencias por estrofas de tres, cuatro y cinco versos. Otro rasgo será la presencia de enunciados condicionales que serán resueltos en cada poema y se muestra como un virtuoso de la pregunta, me rememora la formas de la adivinanza quechua –tapunakuy- .

Finalmente, quisiéramos decir que con Urqukunaq qapariynin la palabra del poeta Washington Córdova Huamán, llega en su momento, una palabra contenida, del alegato y la esperanza, del testimonio que se clava en el ahora y del encuentro, una palabra donde el río de la poesía fluye.
Gonzalo Espino Relucé
UNMSM
(Texto leído en la presentación)


[1] Córdova Huáman, Washington. Urqukunaq qapariynin/ Alaridos de montañas. Lima: Pakarinas Ediciones, 2010. (ISBN: 978-612-45706-5-0)
[2] En lo que sigue, traducción del autor: “¿Hasta cuando la miseria/ ahogará su propio grito / como si los rincones del insulto / incubaran desgracia / en el recuerdo de los días?”
[3] “ ¡Ay angelillo!, ahora quebrarás tus huesos / sobre esta tierra de sufrimiento / ¿qué brazos te esperarán / si los nuestros están cortados”.
[4] “Coca quinto, hojita redonda/ maíz eterno, dulce encanto / madre tierra, morada de los dioses / padre sol, madre luna/ denme un racimo de alegría / para menguar mi tristeza.”
Foto Dante Gonzalez. Washington Córdova
leyendo para el público en la presentación de Urqukunaq qapariynin.