El jueves 18 fue la presentación de Yaku unupa yuyainin / Memoria del agua de Ugo Carrillo, uno de los libros más intensos y bellos de la poesía quechua contemporánea. Fue un tributo a la palabra de los runas. Un reencuentro con el poeta y cantaautor Ugo Carrillo. Fue posible por el apoyo recibido por el Instituto Raúl Porras Barrenechea de San Marcos, por ello, mi agradecimiento al doctor Jorge Puccinelli y a los trabajadores que nos acompañaron en dicha ocasión.
El programa televisivo Presencia cultural lanzó Vates quechua, historia y actualidad de la poesía quechua, informe preparado por Manuel Rodríguez. En la misma semana la poeta Ana María Intili me envío una correo con sus opiniones sobre la poesía y el poeta Ugo Carrillo. Básicamente, la impresión de una lectora atenta de la poesía y la cultura, nota que comparto en esta ocasión.
El libro es una belleza desde su hechura. Lo ví en dos ocasiones, en su ciudad natal primero y minutos antes de la cena 2009, en el gremio, luego. Pero siempre es alegría, regocijo, no solo en la palabra, sino en su persona, en la forma de dicir y expresar, de vivir participando.
Todo él es lenguaje, ritmo, armonía. Como imaginamos que fueron nuestros pueblos originarios, en especial, los de América y África. A todo se le anima, a todo se le atribuye vida, está en el orden de lo humano, se le reverencia y respeta. LLeva implícito una historia, una moraleja, una enseñanza, una advertencia, que se transmite de generación en generación. Era la manera de leer y escribir, como lo fueron sus ceramios, las mantas, los mates burilados, sus máscaras, tantas otras formas que tuvieron para hacerlo explícito.
Allí estuvieron su lengua y su gramática. Cada figura era un símbolo, que colocada junto a otro tomaba significado. Las historias que expresaban en sus imágenes. Allí estuvieron la escuela, la universidad. La ignorancia fue del invasor, fue también, el mayor óbice para entender.
El animismo era una forma natural de concebir su cosmos. En Ugo el lenguaje no se inicia en su voz. Como ocurría en sus ancestros, su lenguaje comienza en su cuerpo, con una energía cósmica, que se manifiesta en la forma de comunicarlo, de comunicarse, en la manera de expresar, participando, involucrando al otro. En sus danzas, cada movimiento, mirada, gesto, expresa algo. Cada fiesta tiene su ritual. Es una dialéctica siempre, el otro existe, el otro importa, el otro toma vida, relevancia. El cuerpo, es la expresión total de su yo. Así fueron descubiertos e invadidos, así mal calificados, vapuliados a extremo tal del exterminio.
El ignorante fue el hombre blanco, él era el diferente, el bárbaro, el invasor. No había sido invitado y llegó. No pudo, no supo maravillarse de lo que veía, es más, no veía. Su intención no era ver. Su intención fue hacer propio lo ajeno, sin asistirle derecho alguno.
Ugo es testimonio vivo de su raza, de su territorio, de su gente. Por eso es hermoso verlo escuchar, compartir el espacio, el tiempo. Se vuelve contagioso, pero no de enfermedad, sino de alegría, de vida, de energía universal.
Todo él es lenguaje, ritmo, armonía. Como imaginamos que fueron nuestros pueblos originarios, en especial, los de América y África. A todo se le anima, a todo se le atribuye vida, está en el orden de lo humano, se le reverencia y respeta. LLeva implícito una historia, una moraleja, una enseñanza, una advertencia, que se transmite de generación en generación. Era la manera de leer y escribir, como lo fueron sus ceramios, las mantas, los mates burilados, sus máscaras, tantas otras formas que tuvieron para hacerlo explícito.
Allí estuvieron su lengua y su gramática. Cada figura era un símbolo, que colocada junto a otro tomaba significado. Las historias que expresaban en sus imágenes. Allí estuvieron la escuela, la universidad. La ignorancia fue del invasor, fue también, el mayor óbice para entender.
El animismo era una forma natural de concebir su cosmos. En Ugo el lenguaje no se inicia en su voz. Como ocurría en sus ancestros, su lenguaje comienza en su cuerpo, con una energía cósmica, que se manifiesta en la forma de comunicarlo, de comunicarse, en la manera de expresar, participando, involucrando al otro. En sus danzas, cada movimiento, mirada, gesto, expresa algo. Cada fiesta tiene su ritual. Es una dialéctica siempre, el otro existe, el otro importa, el otro toma vida, relevancia. El cuerpo, es la expresión total de su yo. Así fueron descubiertos e invadidos, así mal calificados, vapuliados a extremo tal del exterminio.
El ignorante fue el hombre blanco, él era el diferente, el bárbaro, el invasor. No había sido invitado y llegó. No pudo, no supo maravillarse de lo que veía, es más, no veía. Su intención no era ver. Su intención fue hacer propio lo ajeno, sin asistirle derecho alguno.
Ugo es testimonio vivo de su raza, de su territorio, de su gente. Por eso es hermoso verlo escuchar, compartir el espacio, el tiempo. Se vuelve contagioso, pero no de enfermedad, sino de alegría, de vida, de energía universal.
Ana María Intili