domingo, 1 de abril de 2012

Cartografía de los relatos de populares y de tradición oral en La Libertad (Perú), por Gonzalo Espino Relucé



Historias a la luz del candil (2011) de Saniel Lozano y Bety Sánchez nos invita a repasar lo que ocurre en el universo narrativo de estos lares.Tendríamos que convenir en que la cartografía de los relatos orales y  populares de La Libertad sigue siendo incompleta -al igual que todo el Perú- a pesar de los trabajos que durante las últimas tres décadas se han producido.  Parte de esa cartografía es el relato breve que tiene una impronta importante porque capta circunstancias que desafían la imaginación o se refieren a escenas cotidianas. De ese tipo de relatos son los que se narran en torno al Tío Lino, que baja por las laderas de la valle Chicama, pero que, puede rastrearse como un estilo, al parecer propio del siglo XIX,  dicha en castellano andino, como lo son los relatos del callejón de Conchucos (Ancash) o los que provienen de los cuentos sobre los huantinos (Ayacucho).  A esa cantera ha contribuido, precisamente Cuentos de mi padrino y otras mentiras (2007) de Saniel Lozano, que viene a complementar esa vena humorística que traía el tío Lino en sus relatos.
Si para la década del 70 los libros sobre relatos orales -digo, mejor, de procedencia oral- de La libertad se podían contar con los dedos de la mano; a inicio de esta década, las publicaciones sobrepasan la decena. Recordemos que estos trabajo, en parte lo debemos a las monografías o tesis que se presentaron en la UNT y a los diagnósticos situaciones que, por entonces, se hacían. Sin embargo, son pocas las producciones  que llegaron al formato libro. Esto evidentemente no quiere decir que los relatos dejaran de contarse, ¡no! Recordemos que, independiente de la letra, la tradición oral va a continuar. Aludo, ciertamente, a las formas cómo se registra nuestra cultura y cómo pueden servirnos para refrescar la memoria desde la escuela.

Con seguridad la década de los 80 resulta clave en la configuración de lo que entendemos como tradición oral para La Libertad.  En ese periodo se prepararon diversos trabajos que provienen de una sensibilidad que quería testimoniar su ubicación de sujetos que no pertenecen al centro, esto es a Trujillo. Este será el caso de Eduardo Paz Esquerre, Bety Sánchez Layza y Saniel Lozano.  Uno puede leer sus textos como testimonios que buscan dar cuenta de una identidad histórica que va más allá de lo que en la ciudad se difunde, esto es, un historia que tiene que ver con la escurridiza memoria moche y con el imaginario andino de La Libertad.  Lo testimonian sus libros La tierra encantada: Leyendas de la Libertad (1989) y Tradición oral de La Libertad (1990) que son a su vez trabajos que se iniciaron una década antes.  Jorge Díaz Herrera dirigió una interesan recopilación de relatos orales, el valor de todo ese conjunto radica en que se produce lo que he llamado una ficción oral, esto es, que se transcribe lo que los pobladores nos dicen; se publicó como  Tradición oral de La Libertad (1990).  Para entonces ya estaba registradas dos tesis de licenciatura: la mía sobre un pueblo del valle Chicama, La comadre y el compadre. Literatura oral, relato popular y modernidad en la ex-hacienda roma (1989) y la de Jacobo Alva Mendo que trabaja sobre los relatos de los pescadores de Huanchaco, El relato popular: memoria colectiva e imaginería en la tradición oral de Huanchaco (1995), ambas tesis no llegaron a libro, aunque años más tarde publicamos relatos del valle Chicama en Tras las huellas de la memoria (1994). Por esa época también se publicaron dos folletos con relatos de los mocheros,  estas modestas publicaciones  no he alcanzado ya tener a la mano. Mitos y leyendas de Trujillo y alrededores (1996, 2007) de Adolfo Alva Lescano, nos propone un mosaico de relatos orales populares, en el que hay una preocupación por recuperar la memoria local entre costeño y serrano. Esto es lo que la letra registra.
Los años siguientes llegan  con una suerte de silencio. No hay publicaciones que hayan merecido nuestra atención –en todo caso, debo advertir las dificultades de circulación de los materiales- aunque corresponde indicar que se produjeron algunos concursos como el que propició el diario La Industria.
En lo que va del siglo XXI, esta preocupación por incluir –e inventar- un tipo de relato que aluda a la historia moche se ha hecho más evidente y ha ido acompañado por los impulsos de nuestros autores y dinámicas editoriales regionales, en especial,  Papel de Viento.  Este esfuerzo se reinicia el 2007 con la segunda edición de Tradiciones de Trujillo de Carlos Camino Calderón, que, como es obvio se refiere al universo señorial de la ciudad central de la región. Le siguió Imágenes de arena de Rafael Mendoza Bejarano, cuyos relatos descentra el escenario privilegiado de la ciudad centro para ir a los márgenes, donde también se cuenta: El Porvenir. Al año siguiente, Carlos Alva publica Sucedió en Trujillo… Anécdotas de Trujillo (2008) apuntes rápidos que le saca ventaja a la anécdota que se repite y que pertenece a la fabla popular, de allí que resulta interesante estas versiones.
El encuentro de la sacerdotisa de Moro con el gran señor Moche, leyenda mochica (2007) escrita por César Sifuentes Robles, ancla su trama en el mundo moche, reinventa una suerte de memoria moche de una supuesta sacerdotisa de Moro que visita el valle de Moche, circunstancias en que  Chiqen  conoce a joven moche Chumir, prometida del heredero de reino. En el duelo muere Chiqen en manos de futuro gobernador moche Chiputur y la princesa es sacrificada a los dioses. La sacerdotisa, que según el relato era la más poderosa de la costa Norte, muere  con el recuerdo de su hijo. La calificación de popular hace referencia a la historia moche contada por un narrador de estirpe moche. El mismo asunto ha sido acogido, también en una colección de relatos reinventados, aunque tiene parte de la memoria oral, me refiero a la colección de relatos que aparece como El ceramista y otros cuentos (2012) que se incluye precisamente “El ceramista” (firmado por una extraordinaria narradora-esperamos que así sea- María Concepción Valle-Riestra Fontela), la historia evoca a la Señora de Cao como personaje verosímil, relato lineal y de tono costumbrista[1].
Este es, pues, el recuento de lo que la letra ha capturado de la voz, de la palabra que se sigue contando en los arenales de la playa, en las noche de ciudad, en los valles poblados de cañaverales, en las ribera de los ríos o la serranía nuestra, cerca al fogón.  Simplemente, como solía decir, Simón Robles, "cuento es cuento" y se sigue diciendo. 



[1] A propósito de esta colección, dejo constancia que se trata de relatos que toman nota de la tradición oral o de la vida cotidiana o son parte de las costumbres locales de la región, que los estudiantes han llevado a una escritura libre, propia de cuento.

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