domingo, 26 de diciembre de 2010

El otro Efraín Miranda (2) por Gonzalo Espino Relucé



Hemos dicho que la poesía de Vida[1] se hace sobre la existencia. El pasado remoto, distante, el primer tiempo y sus cambios serán preocupaciones del ñuqa en cada poema. Se remonta a los estadios pasados. Inicia con una afirmación: “Materia universal, otro desbordamiento / y la vida fue dada en la curva de las mostraciones” (AS) Programa poético caracterizado por estados y movimientos, pero al mismo tiempo sitúa el descontento y la incertidumbre que hay en el ahora. Por eso se pregunta: “VIDA: ¿qué se te ofrece? / ¿En qué podemos servirte?” (BO). Viaje poético que establece dos relaciones míticas que estarán presentes el poemario: de un lado la relación PadreSol – MadreTierra y hombre primitivo – hombre contemporáneo (“Baja bóveda hollinificada: / la mímica y los lloros,/ los gritos y las guturaciones/ –o en la sala dorada con muebles, filmes, casetes-/ nos hacen compadecer ante la mezquina desigualdad de estos con aquellos” (EY), que permite recordar a ñuqa que todos procedemos de una “gran matriz” y es el Sol, el que finalmente en su relación con la tierra (Pacha) hace la vida, precedida por una espera mítica: “El dios Sol había llegado / repartía luz y donaba calor”(GK). De esta suerte se instala en la universalidad andina la dualidad Inti-Pacha como complementarios, como relación necesaria y dadora de vida. “Las nítidas resonancias exteriores, se integran; / MadreTierra y PapáSol y parientes”. El mundo se mira, observa y siente desde la estancia, del aquí, del lugar donde estamos –Pacha- pero al mismo tiempo de la presencia y lejanía como fuente de energía y como violencia del tiempo, o como relación armoniosa.

La voz del poeta nos invita a seguir una palabra que nos recuerda cómo la modernización ha impactado en la comunidad. La lectura de los poemas de Efraín Miranda nos lleva a tomar nota de los datos de la realidad, asociar al poeta como sujeto civil y sus referentes históricos. Si bien, el lugar de enunciación corresponde a los andes collavinos, también debemos recordar que el sujeto de enunciación y el sujeto del enunciado poético establecen una transacción que tiene que ver con (1) la movilidad del poeta Miranda, como sus viajes a ciudades como Lima en el verano, Arequipa y Puno (en la memoria del poeta, adicionalmente, debe anotarse sus travesías hasta el norte del Perú, Trujillo y Piura). (2) De otro lado, hay un referente, para el tratamiento de la modernización, que tiene que ver con la ubicación del departamento de Puno como espacio de frontera y el desarrollo de vías del contrabando de artefactos eléctricos y ropa. (3) Un tercer elemento a considerar tendría que ser el impacto, en los 70, de la Reforma Agraria que para quechuas y aymaras supuso el retorno a las tierras ancestrales y a la par la presencia del Estado en las tierras indias.

La poesía Miranda impone una lectura de los cambios que vienen ocurriendo en la comunidad como producto de la modernización. La comunidad no la entiende como estática, sino relacionada, aunque su voz es severa y en nada complaciente, ya que en el programa poético, lo que finalmente incide en el progreso como adquisición de objetos sino en la mentalidad contemporánea y de diálogo. Así, radio y bicicleta, serán dos elementos elegidos y cuyo tratamiento es paródico, cuestión que se extiende a la medidas o artefactos que encuentra en la ciudad. Estos cambios tienen que ver con la relación hombre-naturaleza y como el espacio en que se vive (kay pacha) ha cambiado. El poema DI se pregunta porque “no se consiguen caballos” y lo contrapone a un artefacto que invade las llanuras heladas del Collao: “Compramos bicicletas, ¡qué no es lo mismo! / Un caballito tenía una caballo de fuerza, y / una bicicleta, tiene una persona de fuerza / ¡qué no es igual! / Y, cuando la muenta un menor, tiene la fuerza de una cría / y, si la pedalea un viejo, / tiene la fuerza de un caballo achacoso.” Entre caballo/ bicicleta hay un par tensional que será dibujado como parodia, mientras que el primero es decreciente, el segundo se va imponiendo. Convierte fuerza caballo en humano, he allí lo paródico. La fuerza de un niño es la de “un crío” o la de un “viejo” la de “un caballo achacoso”. Imagen que se invierte, pero al mismo tiempo es un asunto generacional (“Los hijos quieren ver miles de bicicletas en las pampas”), pero la comunidad extraña el paso de los caballos: “llega el recuerdo de los relinchos / las chispas de los cortos herrajes, / los resoplidos, los corcoveos…”

Pero es en “FA” donde la voz del poeta hace explicita las ideas que estamos exponiendo. “Hace mañanas que no oímos” a las “avecillas sopranos”, a los “pajaritos tenores” y “a los cuadrúpedos contrabajos”, pues “Desde que compramos un aparato que no tiene ruedas/ y nos transporta”. Se anuncia el progreso, pero este está signado por marcas del mercado de consumo: “El Perú progresa”, del fonógrafo, radio, TV banco y negro a la TV a colores; de “trencitos” a “jet intercontinentales”; correos a “vía satélite”, del “carbón, leña y bosta” a “reactores nucleares”. El poema subvierte el encantamiento que tiene el locutor y el objeto radio a través del cual se escucha (noticias, mensajes, música, etc.), apela al colectivo: “Nos ilustran. Quedamos adormecidos, boquiabiertos y turnios”. Y parodia estos elementos del progreso que tienen correlato en la energía que necesita la radio para funcionar. Así en el poema la radio ya no tiene carga, por lo que se ha malogrado. Un elemento sencillo que no se puede acceder y al mismo tiempo imposible de resolver. La respuesta será: “‘No hai repuestos. Es antiguo. No llegan esos elementos’. ” Y juego paródico lleva en el programa poético a ir más allá. Inventa un futuro en el que los “futuros peruanos”, harán viajes espaciales, y entonces, podrán remolcar “los anillos de Saturno”, pero “no habrá dedo que lo ponga / por falta de repuesto”. El poema vuelve sobre una reflexión que trasciende la presencia de los elementos superficiales de la modernización. Por eso dirá “Lo que no se compra se fleta, lo que no se fleta, se lismonea”. Para luego con tono sentencioso, cuestiona y advierte: “¿Se puede soportar más esta vida artificial? / ¿Podemos tolerar esta subsistencia de ciencia-ficción?”.

(Continuara)

[1] Miranda, Efraín. Vida. (Poesía) Lima: 1980.

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