martes, 2 de septiembre de 2014

Ulises y Taykanamo en altamar por Saniel E. Lozano Alvarado


Ulises y Taykanamo en altamar


Saniel E. Lozano Alvarado
Escritor y profesor universitario
sanielozanoal@hotmail.com



El mar tiene en el universo literario regional a inspirados líridas y notables creadores: Alcides Spelucín, Horacio Alva Herrera, Wilfredo Torres Ortega, Juan Paredes Carbonell, Andrés Aguirre Lynch. Entre los narradores destaca Santiago Merino Acevedo. En todos ellos, el mar generalmente es un elemento primordial del paisaje y del universo de ficción; los puntos más altos son Spelucín y Torres Ortega.
En el reconocimiento de tan formidable constelación de antecedentes, Bethoven Medina Sánchez es la voz que trasciende y desborda el referente marino como estampa cotidiana del litoral, para convertirlo, más que en un elemento contextual, en protagonista del universo de ficción tan original y artísticamente construido hasta plasmarse en un fruto , realmente superior y cimero.  
Estamos, pues, ante el ecuménico, complejo y vasto “Ulises y Taykanamo en altamar”, libro que rompe con audacia el tema local, para dotarse de dimensiones y magnitudes universales. Tan hermosa realización no es resultado de simple raptos sublimes de inspiración, sino que eleva la poesía hasta esas funciones que autores tan autorizados, como René Wellek y Austin Warren (“Teoría literaria”) postulan como forma especial de conocimiento de la realidad, para cuyas aseveraciones no se requiere de pruebas o comprobaciones, sino que se aceptan por convicción absoluta. De acuerdo a esta concepción, la poesía no es solo expresión de sentimientos, sino también plasmación de ideas y pensamientos.
El proceso de construcción de este extraordinario y sin precedentes poemario arranca del pasado remoto con dos localizaciones emblemáticas específicas: los ancestros chimús y griegos, personificados en Taykanamo, “fundador de la dinastía de los caciques de Chan Chan”, cuyo nombre significa “El que toma el saber de la lluvia”, y, en el otro lado del mar, el legendario Ulises u Odiseo, rey de Itaca, que navegó por siete islas en procura del retorno a su fiel esposa Penélope.
El tiempo pasado, sin embargo, no se pierde en la rememoración de un estado remoto y cancelado, sino que se actualiza y proyecta al presente y al futuro, con lo cual se demuestra que la palabra es capaz de superar y vencer al tiempo y al espacio, a los que dota  de nueva vitalidad y espíritu.
La arquitectura estética del libro exige como condición  previa un gran conocimiento de la cultura, la historia y la mitología de los referentes andinos prehispánicos y griegos. La opción por el mar tampoco brota del azar, sino de un claro conocimiento del elemento primordial de la vida. Tampoco es una referencia fría e impersonal, sino una afanosa búsqueda que culmina con el reencuentro del amor entre Ulises y Penélope, así como en un canto de amor a la innombrada pero bella princesa Chimú.
Desde otra perspectiva, la nativa, ciertos elementos mencionados, como los ceramios no son objetos fríos, decorativos e impersonales; no son objetos o piezas de exhibición curiosa; son seres pletóricos de conocimiento y sabiduría, que contienen en sus formas, colores y perfiles, un caudal inagotable de lecciones, conocimientos y mensajes, pues los orfebres no los modelaron con fines meramente estéticos, sino como plasmación de ideologías, concepciones, creencias, conocimientos, conceptos, experiencias y actitudes ante el mundo,  la vida y la humanidad, por lo que corresponde a lo que los teóricos llaman “arte útil”.
Por otro lado, por el tono entusiasta, emocionado y admirativo, “Ulises y Taykanamo en altamar” es un canto coral épico al mar universal en su conexión íntima con los andes, y que concluye con un anhelado y esplendoroso final. Asistimos, por tanto, a la plasmación de la poesía como arte supremo, pero también, en sus vastas proyecciones, como búsqueda del ser, de nuestros orígenes y ancestros y, por tanto, como construcción de la identidad étnica, cultural e histórica de nuestro destino.
Estamos también ante un himno universal y un anhelo emocionado de integración cultural del pasado, de inclusión total en lo físico, geográfico, mitológico, antropológico e  histórico, como plasmación de los esfuerzos y concepciones de la concentración e integración de las magnitudes esotéricas de arriba y abajo, o de cielo y mar, que se resuelven en la unidad. Se trata también de una poesía que expresa la necesidad urgente e impostergable a favor de la conservación y purificación ecológica que amenaza con arrasar y contaminar la vida del planeta.
El tono expositivo propio de la poesía, en el poemario de Bethoven se plasma en una épica magistral y colectiva, en un caudal lingüístico, que fluye constante, irreversible, indetenible. En pocos poemarios como en el presente se hace gala de un lenguaje vital y expresivo, que no rompe, ni altera, ni quiebra la sintaxis, sino que la dota de mayor fuerza emotiva e intelectual, como lo quería Aldous Huxley, al propugnar la integración armónica de la ciencia y la literatura.
Fuentes:
La ventana cultural, de la Voz de la Calle.
Trujillo, 20/08/2014
 La Industria. Trujillo, 21 /08/ 2014.



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