domingo, 21 de septiembre de 2014

Raje de Leña de Pedro Lovatón Sarco (2014)

Raje de leña de Pedro Lovatón Sarco
Gonzalo Espino Relucé
(IIH-Literatura/FLCH-UNMSM)

Aun la crítica literaria no ha dicho su palabra sobre la narrativa de Pedro Lovatón,  no ha sido justa con sus trabajos. Maestro apreciado y querido por muchas generaciones, docente y antropológico, comunicador de primera, innovador,  colega en la Facultad de Letras de la Universidad Mayor de San Marcos.  Su producción, la que hoy revisaré está asociada a la antropología, a las tradiciones culturales, cuyo foco de atención es la comunicación.  Ha producido ya varias entregas, entre las que destaca La jerga en el Terminal Marítimo del Callao, El waino en la sierra central: caso de Huariaca y su reciente Waskasuaísmo que representan ya un autor consolidado y que con Raje de Leña alcanza, en nuestra opinión, el magisterio de una maestro que encandila con sus propuestas.
Raje de leña. Comunicación y tradiciones andinas (2014)[1] es un libro cautivante que nos invita a recorrer todos  los elementos que hacen posible su realización. Si está definido como el espacio privilegiado para la conversa y la sabiduría, las creencias y  devociones, al mismo tiempo, se asocia a la Fiesta de San Juan. El sub título nos precisa de qué trata, de que nos hablará. El “raje de leña” será revisado desde su urdiembre comunicacional y como parte de las “tradiciones andinas”, es decir, la locación de su habla será desde lo que ocurre en las tradiciones ancestrales que se trasmite en el ahora, aunque focalizada, en la comunicación.
La escritura de  Raje de Leña es sencilla, directa, lineal; no ofrece complicaciones sino más bien parece una partitura de la dialogía continua de Huariaca (Pasco). Esta sencillez sin embargo propone un asunto que debemos revisar: el  tipo de texto. Empezando porque el título invita inmediatamente a pensar en el peruanísimo raje, es decir, en la conversa desproporcionada que suele hacerse sobre alguien o algo, y que nuestro autor lo devela en todas sus acepciones (:65) ; aunque en este caso se trata, efectivamente,  de la leña, es decir, trozos de un árbol que luego se deja secar para su uso y a partir del cual se moviliza la comunidad. En quechua lo identifica Yantacuchuy. El subtítulo aclara las intenciones de autor, se trata de Comunicación y tradiciones andinas.
Ambos enunciados suponen una ligera tensión que tiene que ver con la tipológica textual: se trata de un texto narrativo y a la vez de ensayo. Entonces, ¿cómo caracterizar un trabajo como este?  En lo que respecta a nosotros se trataría de un tipo de narrativa  moderna que da cuenta de la raíz cultural pero que habla desde la experiencia vivencial, en que poesía y documento se entrecruza. Raje de leña es un libro que se revela contra la distancia epistémica reclamada por las investigaciones de las ciencias duras y las indexadas.
Este mismo yo representa a su vez una perspectiva, una mirada generacional,  de las tradiciones, teniendo en cuenta al sujeto de enunciación es a su vez un migrante (Pedro Lovatón) que retorna a su comunidad, y que ha construido –heredado- un visión del mundo.  Esta perspectiva u horizonte de escritura, se asocia a su voz con un elemento que corresponde a las pertenencias identitarias, por ello, herencia cultural. Así esta voz singular se transforma en un yo-plural, de allí las resonancias colectivas que aparecen a lo largo del libro. Lo que hace de Raje de leña en un libro experimental donde el relato, cuento y anécdotas, poesía configuran una textualidad desafiante o insubordinada, en la que confluyen el testimonio de una cultura que continua vigente y donde la mirada etnográfica aparece en primer plano, aunque el autor opta por resolverlo en torno un tipo de etnografía que aquí llamaremos participativa.
Este recuento sería insuficiente esta si a ella no agregamos tres características más: el dato, la fuente, en torno, que permite contrastar lo que se dice con aquello que ya ha sido estudiado por otros investigadores, pienso en la idea de fuego y la leña, alrededor de la humanidad, las informaciones sobre la sacralidad del árbol en el mundo andino o sobre la ritualidad de yantacucho  (cf. 16-19, 57-58, 62). Dos, la voces  que van autorizando a Raje de Leña,  frases tradiciones, milagros, compromisos, etc., las conversas informales, etc.:  “El año pasao no has estao, no tey viso-responde  otro paisano” (:15), “Permiso taita Jirka, porque vamos a tomar tus palos para nuestra fiesta” (51) etc. Y, tres, el tono didáctico con que finalmente nos va recordando que ha ocurrido a lo largo de las anécdotas, experiencias, relatos, descripciones, etc., v.g.:
Claro que, este caso histórico [Pachamama, Jirkas], en Huariaca coincide con la veneración católica del 24 de junio: San Juan Bautista, conservándose en su nombre muchas actividades ancestrales. La reciprocidad aún se expresa en: a) la participación de la comunidad campesina, b) la participación de las instituciones urbanas, c) la participación de una familia afincada o visitante, d) la participación de una persona simpatizante o devota, e) en el lenguaje y otras manifestaciones de tiempos prehispánicos. (:54)
(Al que agregaremos el tono inventivo, un yo que va matizada por los recuerdos y una historia que atrapa al lector, que nos hace sentirnos parte de la comunidad, porque estamos a la expectatva de ls amores de Ishaco Ricra y Ricardina).
He hablado de una voz plural, un yo que hace colectiva, la que registra lo que ocurre en el raje.  Esta voz colectiva a su vez vuelve al yo  como queja ya este da cuenta de las transformaciones de las costumbres (“Los cambios son inexorables”: 31), sin embargo visualiza como ellas, a pesar de todo, continúan vigentes y se han extendido a la urbe (:79-81).
Una de las articulaciones centrales de este hermoso trabajo es su reflexión entre lo que contemporáneamente significa la fiesta del viejo, de San Juan, y el homenaje que se rinde a la tierra, a la Mamapacha y el recuerdo, de un olvido, en los tiempos mítico de la Rawana: “para que la fiesta del Taita San Juan salga bonita y  la Pachamama no se resienta, como la Raywana que una vez se nos molesto” (:34). Es decir, como una fiesta contemporánea alcanza fuertes resonancias en torno a poética de la memoria andina, a la identidad cultural, y esta se verá ahora articulada con el Trukay: “El Trukay significa cumplimiento, responsabilidad e identidad con las costumbres” (33), las formas como la comunidad se compromete con la fiesta –y desde ella- rememora y reconstruye su memoria y su tradición contemporánea y ancestral.
En esta misma lógica sorprende la idea una etnografía que tiene la virtud de ser un texto casi novelado, un libro experimental.
Si su trabajo en sí es una propuesta sublevante y testimonio colectivo de las tradición cultura de Huariaca, es también el punto en que se reclama la continuidad de ésta en el centro de una nueva configuración: el Día Grande tras el cual aparece soldada Pachamama, a la que se le rinde culto –junto con las jirkas o dioses lares- y al mismo tiempo la memoria remota del enojo de Mama Raywana. Tras esto, aparece el documento sublevante que reclama, que demanda equilibrio ecológico. Y en el centro de las tradiciones la comunicación, ese aprendizaje necesario para continuar siendo, y seguir participando del  Raje de leña, hoy y mañana, siempre. Un libro, ciertamente, cautivador, que llega en el momento preciso, en la hora que desaprendemos, para reclamarnos –sin nostalgias- volver sobre nuestra raíces. Gracias, Pedro Lovatón Sarco, vale.



[1] Llama la atención la política editorial de nuestra UNMSM. Este libro se edita en la Imprenta de nuestra Universidad, pero no le autoriza el sello.

 

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