domingo, 16 de marzo de 2014

El pesimismo en la poesía de César Vallejo: entre falacias y desencuentro, Gonzalo Espino (2012)

Cuando el profesor Ernesto Cruz Sánchez me llamó por teléfono y me invitó a esta mesa redonda (13 abril 2012)[1], le advertí que estaba totalmente desconectado del tema, que definitivamente parece ser una tontería lo dicho por un representante del capital y que en los pasillos de la Universidad San Marcos, no ha tuvo impacto. Le confié que no soy ni vallejista ni vallejiano, eso me da ciertas ventajas. Me interesa el autor como sujeto productor de una poética universal, tal como puedo leer a otros poetas que traspasan las contingencias del tiempo. Dicho esto puedo pasar ya a leer mis notas:

I
La idea de un César Vallejo tristón, meditabundo y pesadamente melancólico no solo obedece a lo que en su poesía aparece como referente, sino y sobre todo, a una fuerte carga colonial -acaso desapercibida- que acompañó a la invención del poeta como un sujeto nostálgico y triste, semejante al indio. Así, la crítica lo imaginó provinciano, cholo e indio. Esta misma imagen sería reforzada por las fotografías tomadas en París y toda la iconografía que acompañó a la misma de  un Vallejo pensante y tristón.

II
El maestro Alfonso Reyes, Experiencia literaria (1942), enseñaba que hay que tener la suficiente sospecha ante las declaraciones de los creadores. Decía que sí había que creerles que sospechemos, porque al fin y al cabo la poesía es ficción. Es la sociología de la cultura, en los años 60, que nos recordó la azarosa dinámica entre la cultura y la realidad, que se presta, que se ayuda, sí, pero a partir de relaciones, exactamente, zigzagueantes. Con toda razón los formalistas rusos reclamaron la autonomía del texto (literaturidad). Los esquemas marxistas nos han llevado establecer esas dinámicas escurridizas entre la realidad y la ficción. Pierre Bourdieu, el de los campos culturales, propuso distinguir los diversos carnés del creador, las diversas maneras de ser de un intelectual. Si la obra lo es en sí misma, entre autor y obra no hay  relaciones causalísticas. Se trata de hilos invisibles de contigüidad; esta no siempre coincide con la vida. En el caso de Vallejo, hemos llegado al tope de la insistencia de un hombre amargado y sufrido. Mito creado exprofesamente para dar lugar al héroe cultural que en estas tierras ha dado a la humanidad. Tal mito alimenta un viejo vicio de estudiar la vida del poeta y hacerla coincidir con su producción. Esta varita mágica está apolillada. Necesita, en efecto, establecer relaciones que puedan ser reales o virtuales entre el "yo histórico", el sujeto biográfico, el sujeto cambiante, el sujeto real, el sujeto que vivió y el "yo poético" que se ha instalado en la obra poética de César Vallejo. Si la biografía nos sirve para contextualizar el objeto creado, trasladarlo mecánicamente entorpece la riqueza de cualquier proyecto poético.

III 
El mito al que estamos aludiendo tiene que ser repensado. Basta recordar aquí tres imágenes. La primera la difunde Georgette de Vallejo, nos recuerda que cuando retornó el poeta a Trujillo en 1913: "Muy rápidamente es adoptado por intelectuales y artistas quienes, muy numerosos, forman un grupo inquieto, turbulento y audaz, cuya bohemia no es en Vallejo sino un hábito; publica sus primeros versos de origen didáctico imponiéndose por el dinamismo y los rasgos humorísticos de su fuerte personalidad intelectual y artística". No precisamente aparece como triste y apagado, sino como un sujeto que sonríe y pone la pauta a lo que hace. La misma la asocio con las dimensiones de creador que innova y a su condición de iconoclasta.
La segunda la asocio al Vallejo impresionado por la miseria humana del enganche en la hacienda azucarera de Roma (Tulape, Moche). Asunto que, según don Joaquín Díaz Ahumada, el que escribió Historia de las luchas sindicales del valle Chicama, ponía en discusión. Decía que el poeta era ajeno a la situación social, que era indiferente a lo que pasaba con los trabajadores y que mi abuela lo recordaba como joven bien vestido y de modales pulcros, que los domingos iba a degustar su patasca o su frito -claro que esto es invención mía (ver: http://gonzaloespino.blogspot.com/2014/02/dos-anecdotas-sobre-cesar-vallejo-en-la.html).
La tercera, y más interesante, resulta ese muchachito irreverente y de "abundosa melena", como decía Ciro Alegría, que sacaba a los niños del colegio a caminar. Según ha contado uno de sus alumnos, nuestro otro universal, me refiero al autor de El mundo es ancho y ajeno, que cuando fue llevado a la escuela se preocupó por saber quién iba a ser su profesor. Cito a Ciro Alegría:
El anciano por poco dio un salto y luego dijo, muy excitado: - ¡Mi señora!, esa ya no es cuestión de colegios sino de buen sentido... ¿Sabe usted quién es el profesor de primer año en San Juan? ¿Lo sabe usted? Pues ese que se dice poeta, ese César Vallejo, un hombre a quien le falta un tornillo...
- Al fin y al cabo... para enseñar el primer año... -dijo mi abuela tratando de calmarlo.
Mas nuestro visitante estaba evidentemente resuelto a salvar del peligro a un pobre niño indefenso como yo, y argumentó:
- No, no, mi señora... Ese Vallejo, sino es un idiota, es cuando menos un loco. ¿No podrían ponerlo en segundo año? Al entrar me sorprendió ver que el niño estaba leyendo el periódico...
La otra imagen es la que se viene rehaciendo, reescribiendo, y que tiene que reinscribirse como uno mismo. En ello han aportado la propia Georgette de Vallejo, Julio Ramón Ribeyro, Reynaldo Naranjo, Jorge Díaz Herrera. Y a propósito de ello, Naranjo confesó algunas cosas en una entrevista, que aparece, precisamente, en el diario que se ha citado hoy día. La investigación que hace Reynaldo Naranjo dice lo siguiente:
"Hay una distorsión sobre Vallejo, que lo vuelve una víctima [...] Todo eso fue delineando una personalidad que fue difundida en el Perú. Y todos: 'pobrecito Vallejo olvidado'. Cuando el que hacía chiste era él. Los inventaba. Era encantador, bailaba huainos. Afable. Muy vinero (le gustaba el trago). No soy vallejiano, pero sí vallejista: busco rescatar a este hombre que ha sido maltratado tantos años en el Perú como si fuera un pobre desdichado."
Si hay que volver al mito, reinventémoslo despojado de la amargura, del sufrimiento, del "pesimismo" y pongamos en primer plano la foto tomada en Paris, donde el poeta aparece brindando y sonriente, mejor aún esa en que el poeta aparece con una mirada serena y plena de optimismo, apegado a la vida.

IV
La universalidad de César Vallejo cada día se afirma en el tuétano de la palabra. Una palabra poética que tiene de clásico e iconoclasta. En todo el proyecto poético vallejiano observamos la vitalidad de la existencia. La voz de César Vallejo nos acoge en la trampa del poema de tono existencialista que resulta ser sarcástica. Una suerte dialéctica de opuestos, si los golpes de "Los heraldos negros" son explícitos, correspondería preguntarnos por su opuesto, acaso caricia, terneza, alegría. En el poema “Hallazgo de la vida” dice lo siguiente el poeta:
Mi gozo viene de lo inédito de mi emoción. Mi exultación viene de que antes no sentí la presencia de la vida [...] Nunca, sino ahora, ha habido vida.
Reivindico lo iconoclasta, la irreverencia, la innovación cautivante del poeta santiaguino. En todo caso, como ha recordado recientemente Germán Peralta, intelectual fino, leal investigador,  de confesión aprista,  el retrato que hace Don Haya de la Torre del poeta, recordando al prologuista de Trilce;  había muerto ya Rubén Darío y estaban celebrando el nacimiento del nuevo genio,  el genio que hoy día celebramos también. Antenor Orrego:
Tú eres el genio. Yo te proclamo el genio de la poesía americana, y por eso sufrirás mucho. (César Vallejo lloraba). Te proclamo yo, humildemente, sin que nadie nos oiga, aquí en

                       Trujillo. Tú eres el poeta nuevo, superando una ruta estelar a Darío.

¿Qué nos enseña Vallejo? Nos enseña a ser humanos. Esa es la principal condición de su ser como poeta universal, sin la cual no es posible imaginar a un escritor si no trasciende, no es capaz de hacer vivir humanidad. Yo me he vuelto a leer a Vallejo después de tiempo, cuando he concluido la lectura en las alturas del Incahuasi, paso quechua, quedé conmovido por el poema XV, España aparta de mí este cáliz, y con ello respondo a la pregunta. Yo no sé si es pesimista o agnóstico o dogmático. No podemos leer a la poesía descontextualizada. Nos perdemos. Mi propuesta es reinventar el mito de Vallejo, un Vallejo sonriente, el Vallejo que es capaz, desde Los Heraldos Negros, decir que tiene “alma hereje”; en Trilce, que quiere “carcajear, secando mi metro y mi bolsillo”, o el que nos recuerda giros muy cotidianos. A propósito, no se ha hecho investigación específica sobre la lengua de Vallejo, la lengua norteña, la lengua del Norte e incluso, para ser más precisos, el arraigo de culle en el habla de Santiago. Y volviendo a la idea que planteaba el poema aludido, exclama Vallejo: “¡Cómo vais a bajar las gradas del alfabeto hasta la letra en que nació la pena!”

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Esta demás. La descalificación  por un neoliberal no hace sino mostrar el rostro de alguien que  lee poemas sueltos y no la obra poética de César Vallejo. Si se trata de un debate lo que tendríamos que estar discutiendo acá es el proyecto neoliberal y la cultura, eso es lo que tendríamos que discutir. Entonces, hubiera sido mejor que vengamos a una mesa a discutir  cómo el proyecto neoliberal ataca Vallejo por su "pesimismo" y ahí responderíamos con un Vallejo que sabe de la virulencia del capital,  de su consistencia revolucionaria, de su humanismo transparente y su genialidad sin límite.

Gonzalo Espino
(Tulape, abril 2012)




[1] Se publicó con el título de Mesa redonda: El pesimismo en la poesía de César Vallejo: entre falacias y desencuentro  (Trujillo: Universidad Nacional de Trujillo,  Departamento de Lengua Nacional y Literatura, 2012). Se transcriben todas las intervenciones Juan Paredes Carbonell, Luis Eduardo García, Gonzalo Espino Relucé y Hermes Rubiños Yzaguirre, esta mesa se realizó en los salones de la nacional el 13 de abril 2013. La versión que presento tiene algunas precisiones a la transcripción. 

1 comentario:

Alberto Gutierrez dijo...

Lo que no entiendo es ¿cual es problema si hubiese sido pesimista?. Realmente vivimos en una dictadura de los "optimistas".