miércoles, 18 de septiembre de 2013

Memoria e identidad (Estudios culturales)/ GE

Memoria e identidad
(foro)


Leo que en el 2012 visitaron 2 000 000 de turista al Perú y cuyo foco de interés se concentró en Cuzco (En busca das Raizes, nº 69). Supongo que la imagen que se tiene del Perú se reduce a los Incas, a una buena fotografía de un bellísimo paisaje o un sitio arqueológico, pero sin gente o tal vez a un video sobre la montaña, en la que, otra vez, la naturaleza aparece sin personas.

Todo esto nos remite a un conjunto de imágenes que inmediatamente nos recuerda que el Perú es un país diverso y pluricultural. Pero, ¿hasta qué punto en la Academia es solo una percepción mínimamente aceptada? O, se trata más bien de un discurso oficial, acrítico y hasta complaciente con una mentalidad que así misma declara su (post)modernidad.  Más todavía, ¿cómo el común de los peruanos percibe la idea de “país diverso y pluricultural”?

La lengua del conquistador se convirtió a fines del siglo pasado en nuestra lengua franca.  El Perú hablamos 48 lenguas, siendo el castellano la lengua que mayormente se habla (75%) y el resto corresponde a las lengua nativas (25%), le sigue el quechua y el aymara, las 43 lenguas indígenas amazónicas, algunas de ellas en riesgo de desaparición.

Hay palabras que todavía tienen una fuerte resonancia, basta recordar indio (cierto, la otra está poblada de una historiad de atrocidades: negro).  En el lenguaje  cotidiano aparecen expresiones  como cholo, serrano, chuncho, charapa, a veces estos lexemas se confunden con la de provinciano. Y hablan siempre del tejido social del país.

En la historia reciente, la de la guerra interna,  a los campesinos, a los indios (indígenas) y a los estudiantes de nuestras universidades públicas se los confundía como terroristas.  En el mismo espacio, a los violentista, en el discurso oficial se evitaba indicar su condición de peruanos. 

Una historia de heridas, pero también una historia de alegría, ¿qué estará significando para aquello que llamamos orgullo nacional la comida nova andina?


¿Cómo es que se ha configurado y cómo se entiende el espacio, el territorio y las relaciones de su gente con las diversas –tradiciones- culturas? Las palabra se asocian a la gente, y la gente es la que ha hecho la historia. Entonces, qué entendemos, en los tiempos actuales cómo memoria, cómo identidad? ¿qué evoca la palabra Perú? Hablemos de la memoria e identidad(es). ¿Es la memoria una construcción ascética?¿Cómo comprendemos los hechos que han herido al país y cómo es la memoria de esta? Es posible hablar de identidad o corresponde hablar de identidades (múltiples)?
(Saludos)

3 comentarios:

Carlos dijo...

La construcción de la identidad al través del discurso y la memoria que lo alimenta supone ciertas condiciones mínimas. Para remontarnos al antecedente primigenio de estas categorías (memoria, identidad), busquemos es los orígenes del psicoanálisis, en el clásico psicoanálisis freudiano de diván y discurso libre del paciente y atención libre flotante del analista y podremos sopesar la importancia de las condiciones materiales, espirituales, de contrato explícito entre analizado y analista. Al tratarse del discurso colectivo como medio para exponer una memoria que construye identidad, existen, igualmente condiciones esenciales en las cuales este esfuerzo se convierte en un ejercicio retórico sin fondo real. ¿De qué sirve construir un entorno "de laboratorio", "ideal" cuando al salir del ambiente en el cual se expone el discurso uno se tropieza con lo rol bajo la forma de segregación, racismo, clasismo, violencia ínter étnica, etc? En el Perú, las condiciones "de consultorio" salvando la distancia entre el trabajo individual y colectivo de la memoria, no están dadas, y al no estar dadas, surgen distorsiones en el discurso. Por ejemplo, ¿cómo pedir que en un entorno viciado la memoria se aproxime a la verdad, al acontecimiento real sin vestirlo de subjetividad?
La percepción de lo real, desde su origen, es subjetiva, añadámosle tiempo, emociones fuertes, represión y desvaloracion del sujeto y tendremos un discurso de contrapeso, con lógica tendencia a acentuar y subrayar a conveniencia lo cual es una forma de expresar la propia verdad, la verdad de la vivencia que es la única forma de verdad que existe... No pensemos más en LA VERDAD positivista o de los primeros filósofos, sino en esa relativización del subconsciente que nos construye a todos como individuos, sujetos que a través de su rememoración tienen derecho a expresar su agencia.
La posibilidad de recuperación de las identidades pasa, entonces, por aceptar esas subjetividades colectivas como verdades, relativizando las percepciones de los grupos dominantes, sean étnicos, económicos, políticos, etc. Sin este gesto de aceptación, convertiremos nuestros esfuerzos en "circos de la memoria" que ingresan dentro de la categoría de la memoria como espectáculo. Braunstein es claro al señalar la existencia de una aproximación morbosa a este tema de la memoria, en la cual no interesa el reconocimiento del otro cuanto la participación en su sufrimiento como una katharsis compartida; finalmente, otra forma de egoísmo.

Carlos dijo...

Favor corregir cuando dice "condiciones esenciales en las cuales"
Debe decir "...condiciones esenciales sin las cuales..."
Gracias

Alfredo Herrera dijo...

Elementos y manifestaciones culturales contemporáneos, como la comida novo andina o la aplicación de diseños andinos en la ropa de moda, aportan a construir una identidad que parece ser débil, o parece estar debilitándose progresivamente conforme se asumen otras tradiciones, como explica Hobsbawm. Sin embargo, otros elementos más importantes, como la lengua, no han podido mantenerse en la construcción de la identidad social.
Es importante recordar la condición pluricultural y multilingüe del país, pues si no entendemos el país de esa manera seguiremos ignorándonos entre nosotros y construyendo “identidades”. Las emociones que pueden despertar determinados “éxitos”, como que se declare maravilla del mundo a Machu Picchu, no van a ser suficientes para cohesionar nuestra identidad. Se requiere establecer una relación más directa con el pasado, con las tradiciones, con las particulares formas de ver el mundo de nuestros pueblos andinos, amazónicos, costeños o afroperuanos. No es necesario “inventar” nuevas tradiciones, como dice Hobsbawm, sino de hacer visibles las que se mantienen ocultas, olvidadas, o practicadas en aquellos espacios donde la identidad de los individuos es más fuerte.
La construcción de la identidad es un proceso muy dinámico. Para nuestro caso, el proceso además ha sido históricamente violento, por lo tanto no parece haber condiciones para que nuestra identidad sea más homogénea. Sin embargo, hay que reconocer que la identidad de pueblos como el aymara, se mantiene viva y cohesiona a los individuos que se asumen como tales. O como los pueblos amazónicos que mantienen su lengua a pesar del embate que han sufrido por parte de explotadores y evangelizadores. Todas estas identidades también aportan, como las tradiciones, a fortalecer esa identidad debilitada.

Alfredo Herrera Flores