martes, 21 de agosto de 2012

Hildebrando Pérez Grande: "huayno", amor y épica social, escribe Gonzalo Espino Relucé


Haré una cala en el poema 7 del primer cuaderno, Quipus, que el poeta titula “huayno” (:22) y que aparece en Aguardiente, forever (2007).  La estructura del poema evoca una modo tradicional y popular, que se trasgrede para ponerle en estilo propia, en su contemporaneidad. Así, el poema confronta la instancia individual y de la historia colectiva, esta se ve afectada porque el amor aparece como  “imposible” dada las condiciones en que se tendría que realizar. Todo en virtud de un campo semántico que el poema instala y demanda una lectura del contexto.
El sentido tradicional de “huayno” se amplía a otro que es social:
huayno


1          Manzanita señoritay
mañana nos fugaremos
mañana nos fugaremos
burlando la autoridad.

5          Mi pueblo será tu pueblo
tus ojos serán mi luz
tus ojos serán mi luz
como la lluvia de enero.

Lunita señoritay
10        sólo los dos nos amaremos
solo los dos nos queremos
como retamas ardiendo.

Ay, china, ay negra,
15        tu pueblo será mi pueblo
no de ningún gamonal

Hay en “huayno” una historia que no se cuenta, pero se percibe en el poema.  La amada es definida como  “manzanita” y “lunita”, que califican aquella pertenencia en “señoritay”, la que se desea, pero los objetos elegidos a su vez hablan de por si de la sensualidad -el rojo de la manzana y la blancura de la luna. Luego en los veros 14 y 16 hay un cambio, se utiliza un verso popular que viene de los noqanchispa takikuna, “Ay, china, ay negra” y en castellano se ha hecho explícito para decir lo mismo que se ha estado indicando: “señoritay”, “mi señorita”.  Instalado el objeto de deseo: ella que aparece bajo la noción de tu (qan). El yo poético, ñuqa, se pronuncia por ella. Pero, llegar a la amada, alcanzarla, no es posible, porque el suyo sería un amor fragmentado, imposible, si se continúa “encerrada” en la “hacienda”. De esta forma es posible reparar en dos lexemas espaciales  “pueblo” y “hacienda” y la idea fuga que estructuran los campos semánticos del poema.
¿Cómo es que el poema lo deja ver? Hay una estructura polar. Así la "autoridad" y "gamonal" nos advierte de la elisión de la situación social consistente un espacio poco grato para la libertad, como consecuencia de ello, para el amor.  La “hacienda” como lexema ausente aparece signado por el rastro de “autoridad” y “gamonal” que es el poseedor de las tierras y que en los andes fue –lo sigue siendo- la que despojo de sus tierras a los indígenas y los convirtió colonos, peones y pongos. Lo que se contrapone a hacienda es pueblo. En el pueblo si es posible la realización de ese amor.  Por eso, “ñuqa”, la voz poética imagina una solución, referida a un espacio colectivo, esta vez nominado “pueblo”. Por eso, alude, indica el poema a una suerte de intercambio, que no acepta la “autoridad” ni la presencia del “gamonal”, solo así será posible el amor. Por eso la voz poética asume  al “pueblo” de ella como suyo, v. 5: “Mi pueblo será tu pueblo” y el suyo, pide que se asumido como propio por ella, v. 15: “tu pueblo será mi pueblo”. Pertenencia mutua y excluyente, en sentido quechua de un colectivo que involucras solo a nosotros, pero no a otros, ñuqayku y al mismo tiempo imaginado como un nuevo tiempo (v. 8: “lluvia de enero”).
Lo que junta no solo será el gesto amoroso sino la gesta del  pueblo, como pertenencia, pero sin esa autoridad, sin ese gamonal. Como estado deseado para la realización del amor, del tierno romance. En esta línea la nominación  del sujeto masculino yo (ñuqa) se dirige al sujeto de deseo (qam), bajo el patrón indígena ("manzanita" y “luna”). Luego, ya en el tópico popular, el lugar de la memoria popular, por eso, tú, será “china” y “negra” (v. 14), en términos populares, la mujer tiernamente amada. Pero en el juego poético demanda reparar en algunos elementos: “fugar” y “luz”. Ambos, suponen, en primer lugar, desde la perspectiva del amante, el rapto, pero al mismo tiempo, desde el ámbito de la hacienda evoca a cárcel. Como representación nos recuerda la metáfora de la paloma prisionera del yaraví tradicional, que HP la recupera sutilmente, así entonces, podemos imaginar a la amada prisionera, por eso hay que raptarla, en el sentido también de desobediencia a la autoridad. En segundo lugar, a la inversa, la situación del amado, se inventa como sujeto que vive en la “oscuridad”  -nuevamente cercado por la  autoridad, por el gamonal-, que necesita “luz” para mirar y cuyo artificio poética nos recuerda el concepto ñausa ya introducido por José María Arguedas, ojos-luz para caminar, en la que se reitera la idea colectiva, la de pueblo.
Si se sigue mi lectura,  se ha producido una alternancia en la forma como se plantea los pares semánticos[1],  por lo que se produce un cambio de los términos,  a querer le sucede  amar, no se sigue la ampliación semántica plantea en sucesión de munay > walluy como en quechua, se invertido la fórmula: amar > querer.  Asunto que afecta el sentido, se habría acotado el campo semántico. Frente a este problema, cuyas elección lexical está acompañada por la musicalidad,  Pérez provee de una solución poética en la que hace conjuran ambos sentidos en un nuevo campo semántico.  Querer y amar, en su posición recíproca, con conjunción  ilativa, tiene realización de una manera especial, lo que hace que el sentido se intensifique  por el símil   que  las emparenta, v. 12: “como retamas ardiendo”, de sensualidad innegable, que erotiza el gesto poético. Si el deseo y ternura invade todo el poema, este no puede exonerarse de la presión social. Por eso la fuga, los v.14-16, recuperan un sentido más tradicional, pero al mismo tiempo el trazo épico, un amor solo posible, sin la “autoridad”, en el pueblo sin “ningún gamonal”(v.16).
Así entonces, el poema será un canto lírico pero al mismo tiempo una épica social y en el artificio poético, los dístico semánticos, invertidos. Se invierte y se resuelve en una imagen  intensamente apasionado como las flores amarillas de la retama y en el contexto de las lecturas de inicio del siglo XXI se conciertan con la herencia de la guerra interna en uno de los símbolos que tanto la rabia deshumanizadora de SL y la furia odiosa de las fuerzas del orden (sinchis) convirtieron en un himno, me estoy refiriendo a “Flor de Retama” de Ricardo Dolorier. Social, entonces, en sentido de un pueblo es condición amorosa.  

En la foto: Hildebrando Pérez Grande, con Dante González en el reconocimiento público que hizo el II Encuentro Intercultural de Literaturas: Palabras de los pueblos Amerindios (junio 2012)


[1] En la Celebración Poética, Aguardiente, forever de Hildebrando Pérez (Setiembre 2011) confluimos con otros trabajos, como la lectura que realizara Eduardo Lino <http://www.unmsm.edu.pe/archivos/eduardo_lino.pdf>.

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