miércoles, 27 de junio de 2012

Macedonio Villafán Broncano: narrador andino quechua

Los cuentos de Macedonio Villafán Broncano se caracterizan por su condición moderna. La palabra –sea español o quechua- se asume como una ficción que reinventa la vida cotidiana, los vicisitudes de la histórica y su apego al mito,  las celebraciones colectiva,  los procesos de migración y la intensa reiteración que cubre como tejido la vida de los runa de Callejón de Huaylas. Esto último como parte de las percepciones indígenas o lo que de común llamamos, tradición andina, así esta tiene varios nexos con la tradición oral y por ello en la mayoría de sus textos, la memoria jugará un papel central para la realización del texto. No interesa si los relatos se dicen en primera persona, lo que importa aquí, no es solo la forma como el narrador nos cuenta, sino como realización de esa modernización en la que es posible solo en su doble relación: una marca del lenguaje andino y de otro la preferencia por la memoria. 
La dualidad sistemática es la que acusa sus relatos: así la modernidad del relato va acompañada por la emergencia de la memoria. El soporte de la memoria no es gratuito porque el proyecto narrativo involucra lo que, en otra instancia, ha analizado Elena Altuna, una retórica del desagravio. Es decir, las opacidades o silencios de la historia oficial, entra en clara tensión con las historias imaginadas y divulgadas por la colectividades indígenas; de esta suerte, la memoria aparece como una retórica del desagravio que los runa, al apropiarse de la escritura traducen como evidencia de esta y que por momentos –en el relato- se instala a como documento (testimonio, escritura, legajo) que casi siempre se confunde con la ficción. La memoria es el mejor elemento que permite la constitución y logro narrativos.  Si el par dialecto opera como estrategia a su vez este edificio será posible porque la voz se asume como parte de la retórica del desagravio (Altuna). La narrativa de Villafán Broncano está interesada en descentrar el maniqueísmo indigenista para dar cabida a la bruma y a los conflicto en diversos niveles. 
Sus cuentos quechuas y andinos son frescos, poblado por momento de rabia y sutileza, pero también de humor. La producción de Macedonio Villafán Broncano se concentra en dos libros de cuentos que lo definen con narrador andino publicados en 1988: Apu Kolkijira y Los hijos de Hilario.  Su escritura está poblada de apoyaturas propias de la narrativa contemporánea. La del narrador aparece como una voz que asume la primera persona y se instala como voz autorizada para informar o dar cuenta de un evento, no solo la historia como tal sino aquella que puede corresponder exclusivamente al goce o pulla (“Ichik kwentukuna”) y a la memoria colectiva (“Apu Kolkijirca”, “Hilario Llanqui, mañana te fusilan”; “Réquiem para Miguel Broncano”).
Apo Kolkijirca (1998) escrito en quechua,  está conformado por este cuento de largo aliento y siete relatos breves. Entre el cuento (willakuy)  y el relato breve (ichik kwentukuna) se diferencia por el tratamiento. “Apo Kollkijirca” concentra su acción narrativa en la memoria como proceso histórico apegada al mito, y por ello alcanza, la propia historia de la comunidad indígena de Cutacancha.  Alrededor de este relato aparece un par contradictorio: lo que permanece y lo que cambia, así mientras que tayta Apo Kolkijirca se instala en la permanencia en el tiempo; los eventos que registran, cambian y transforman el mundo de los cutacanchinos –Itier (1999) recusa su condición letrada.[1]  Transformaciones que no han beneficiado a los indígenas, en general, lo que ha traído es desaliento y tristeza (“Kay pachachooqa llakishqan keekayana llapaakunapis” (:99) [2],  que a su vez tiene que ver con la racionalidad que confronta el Kolkijirca. La segunda sección está conformada, dijimos ya, por  siete cuento breves y será la segunda sección del libro de 1998: Ichik kwentukuna que lo asocio a una larga tradición de relatos orales breves, cuyo eficacia está poblada de humor y sarcasmo, del cual, su mejor representante se localiza en los andes norteños, con los cuentos del Tío Lino, tal como aparece aquí para hacer escarnio de la soberbia, la delincuencia,  palanganería, etc. o simplemente para evidenciar  las confusiones que se producen palabra quechua y la escritura en español. Pienso, en el relato referente al retorno de migrantes: “Pekenapaqqa manipis allaaapa qopu qorush, qechuapis sasa parlakumanshi, waynu musikapis llutash, choolokupapaqshi; kamtsatapis, ima jurutaq tsee kallanachoo pintikachan, mamay, nishpash tapukuyan” (:117)[3], por lo que el relato recuerda la canción que las avergüenza a esas nuestras paisanas que vienen con la ciudad y olvidan la comunidad.
Los hijos de Hilario apareció dos años después de haber ganado el Premio Nacional de Narrativa Quechua, correspondiente a 1997. El libro lo conforman relatos que amplían el imaginario y el itinerario de los personajes. Los hijos de Hilario está conformado por siete cuentos.  Todos ellos vinculados a la memoria y tradición oral, entendida como el recuerdo que aflora en el espacio de la cultura y aquella que se trasmite en el mundo del ahora. Si bien el tema de la memoria sigue siendo un eje principal,  en general, los relatos aparecen vinculados a una memoria que tiene como referente un sujeto, pero al enunciarse trasiega su condición colectiva. Si espacialmente sigue localizado en el callejón de Huaylas, en Pilpay, Huaras, etc., ahora el desplazamiento es migratorio, sea por la situación extrema pobreza o como producto de la guerra interna y violenta como “Sueños y viajes en la quebrada”; o relatos donde la historia de amor aparece como estructurador del relato (“Tantas amarguras por ella” o  “Cómo árbol sin fruto”).  Los hijos de Hilario nos acerca al universo indígena del Huaylas, no son los indios tristes ni el indio básico de la leyenda indigenista que defiende la tierra, el tiempo  es ya  del despojo y el sujeto de habla es parte de  mundo quechua, no es el intermediario ni el ventrículo.

Referencias:
Villafán Broncano, Macedonio. Los hijos de Hilario. Huaraz (Perú): Ediciones UNASAM-Río Santa Editores, 1988.
-----. Apu Kolkijirka. Ed. bilingüe. Lima: Universidad Nacional Federico Villarreal, 1998: pp. 54-117 (Premio Cuento. Premio Concurso Nacional de Literatura Quechua, 1997)




Gonzalo Espino Relucé
(junio 2012)
[1] Kunan timpupiña liwrukunamanta chay rimaykuna hamuptinpas manam Macedonio Villafánqa yanqa yanqallatachu willawanchik qhuya llamkaqkunap kawsasqanmanta. Allintachus-hinam riqsin kawsayñinkuta.
[2] “En el mundo de aquí estamos tristes todos” (:98)
[3] Se trata del cuento  “Limapeq kutimoq chinakupaq | Para las muchachas que vuelve de Lima”.  El autor traduce: “Dicen que para ellas el camino es muy escabroso, que el quecha es muy difícil de hablar; que el huayno es una música corriente, para cholos; para el maíz tostado, preguntan diciendo, qué gusanito es ese que salta y brinca en el tiesto de tostar, mamá” (Villafán 1998: 116)

En la foto: Macedonio Villafán Broncano tomada por Julio Noriega en el II Encuentro Intercultural de Literaturas. Palabras de los pueblos amerindios (22 de junio 2012)

1 comentario:

violeta dijo...

violeta milla jara: me parece muy bueno este cuento xq es sencillo y facil de entender