domingo, 8 de enero de 2012

La poesía coloquial de Carlos Sánchez Vega por Gonzalo Espino Relucé



Alguna vez el poeta Demetrio Quiroz-Malca  escribió que su poesía tiene raíz humana, “nativa y universal”, es decir, situó el hacer poético como el permanente desafío desde un aquí localizado y una estructura que se abre a los trazos de lectores totales. Este es el tono de Carlos Sánchez Vega, poeta de adhesión local, aunque de escritura e intensidad universal. Para hablar del poeta, haré una breve presentación de su obra.

Poeta narrador
En los últimos tiempos Carlos Sánchez Vega ha sido reconocido básicamente como narrador. Esa es la imagen que sus editores han difundido y que más o menos ha quedado. Nacido en Cartavio (1944), desde donde escribe y transita por el mundo; su producción narrativa tiene viejo linaje en una revista que publicó en la década del 70, me refiero  a Surco, en su época de estudiante ánimo la revista Literatura que deja constancia de los cambios que se estaban produciendo en la escena cultural y literaria de Trujillo. Son cinco libros los que ha publicado: dos poemarios, dos libros de cuentos y una novela breve.  Como narrador maneja exactamente la condensación del exigente cuento (La excursión y otros relatos, 1975). Así, incluso lo hace para los relatos que suscribe y recrea, pero que provienen de los ancestros moches y han pervivido a lo largo del tiempo, me refiero a Entre duendes y luciérnagas (1999). Mi amigo Sultán (2003) es una novela breve, una historia de aventuras, tierna y espectacular,  entre la vida feliz y su opaca estancia en la ciudad, una suerte de perro migrante, una novela cuyo éxito se debe a la forma como está escrita. Sus relatos acusan la maestría de una historia elegida y el suspenso que bien sabe aprovechar en la estructura de sus poemas.

Poesía de Carlos Sánchez Vega
Seguramente una de las características de la poesía liberteña sea su apego a lo social. Casi toda la poesía  del siglo XX y lo que va de este siglo, en el caso de la poesía liberteña, se asocia al registro de la sociedad,  donde lo lírico se confunda con lo épico.  Rasgo que a la vez se asocia con otro asunto, su claridad y su apego al verso directo.  Pero la poética de lo social tiene diversos matices: se confunde con la necesidad de registrar los avatares sociales como protestas, contentamientos o disidencias y la palabra que ha supuesto diversas maneras de posicionamiento del yo poético. Hay los que hablan desde fuera y asumen la condición de demiurgos o los que,  desde adentro inventa la poesía de su tiempo, y entre ellos elaboraciones intermedias que sugieren un fuerte contenido social.
Carlos Sánchez Vegas es tributario de esa tradición. Su poesía se caracteriza porque aspira a ser testimonio de su época, si el rasgo es el testimonio, habría que preguntarnos entonces, como es su palabra poética. Empecemos por definirla como una poesía fresca y directa, clara y llana, cuya tendencia es tomar aspectos centrales de la vida cotidiana que revelan la  pobreza, la situación de explotación, la alienación y un esperanzador tono  que aparece como la utopía cercana. Los registros superficiales aluden a eventos sociales, pero calan en su profundidad pues habla desde un nosotros –donde el yo no se anula- que reclama su condición humana, de allí su contienda por la equidad social y el sueño de una vida poblada de ternura.  
La fuerza de los días (1976) , su primer libro, tiene de tránsito y renovación porque domina y sabe de los avatares poéticos que le preceden, y de renovación porque su sitio privilegiado no es del sujeto lírico externo, sino de aquel que habla desde y, se va distanciando del “uso correcto” del castellano, hispánico en realidad  (utilización de presente indicativo, “Sabéis”; del imperativo-afirmativo, “Sabed”, del gusto trujillano).  Su palabra se universaliza y apenas deja huellas de su lugar de enunciación: “Los sauces/palidecen/ de / tristeza. / Las palanas/ se oxidan/ de cólera/ y / la alforjas/ se quedan anémicas” (“Canto  crepuscular de los habitante telúricos”).
Es con Fuera del paraíso (1981) que alcanza una voz propia y se emparenta con la poesía coloquial latinoamericana. Se trata de una de las voces más audaces, pretexta para hacer escarnio de las situaciones sociales que afronta, el sarcasmo y la parodia aparecen como una huella definitoria de su poesía.  Su tono coloquial alcanza en su palabra musicalidad y ritmo, cuyos contornos generales serán dos maneras de hacer poesía, aquella en las que aparece en primera lectura el registro coloquial (1) y aquella donde el registro coloquial (2) está supeditado a la voz lírica. Estas dos formas articulan la poesía del libro de 1981. Fuera del paraíso como tal ofrece una estructura inclusiva; está organizado en cuatro estancias: Ella;  Él; Nosotros; y  Ella, él, nosotros.  Lo paródico captura asuntos banales que invaden la escena cotidiana de las mujer en común, aspiraciones no siempre consumadas como síntoma de las frustraciones entre los varones y la de un nosotros que se apunta para revelarse como colectivo, y como si esto fuera insuficiente,  hace explícito la condición de género en la idea de nosotros, como una suerte de personalización de los sujetos.  El “Colofón” se anota como una extensión utópica del poema. Debe advertirse también que a partir de la segunda edición incluye varios poemas de su libro de 1976.
El registro coloquial (1) asume un programa que tiene dos estancias enunciativa, la primera en la que se plantea la situación y la segunda en la que se descalifica o hace escarnio (“Murió con una angustia de veinte años/ sentado en un balcón”)  –acaso en ello una viejo aprendizaje andino de la copla cajamarquina. Si esa es la tendencia principal, hay otra serie de poemas que desde lo coloquial (2)  alcanza intensidad poética.

Poema: Criterio compartido”

Tenías razón Arturo uno puede doblarse
por el peso de la contienda cotidiana
salir con furia a trazar el descontento
en plazas y mercados vivir con la sombra
del insomnio sobre la almohada y no saborear
el amor que despierta cantando por la mañana
tenías razón Arturo uno puede romper
el silencio sumiso de las estaciones
tirando piedras desde una barricada de mayo
o incendiando carros con el verano en medio
de la calle y no descubrir que los golpes
vienen de arriba hacia abajo como una lluvia
agitada por el viento tenías razón Arturo
la vida es una competencia cotidiana
donde la mejor defensa es el ataque.

Aparece en Fuera del paraíso, en el tercer cuaderno, Nosotros, el yo poético acusa un interlocutor  (Arturo) que pretexta la situación que se vive. Si el retrato es de un sujeto que descifra los avatares sociales, deja entrever como este otro, abandona su espacio personal, donde el rastro del yo casi se pierde.  La ausencia de puntuación exige del lector que acompañe a fluir lírico del poema, esto lo consigue a través de la anáfora, esto es la repetición de un fragmento frasal (“tenías razón Arturo”) y cuyo efecto será la contundencia poética. Insuficiente si no se repara el trabajo de orfebre, entre el lenguaje cotidiano y como este lenguaje transparenta imágenes y metáforas (“el silencio sumiso de las estaciones”).

Coda
La poesía sigue siendo, esa representación paciente –a veces entusiasta- de las utopías que trasgredieron nuestras propias creencias. La de Carlos Sánchez Vegas es una poesía que en el balance de la poesía del 70 no ha sido incluida por los estudiosos académicos, marginalidad que le da un sello especial: de una poesía que continuará vigente. Una poesía que se gusta y que reclama su lugar en la poesía peruana, y que llega contenida y desbordante a pesar del tiempo. Una poesía que sigue diciendo y recordando la escena social y nos reitera, desde su plasma lírico, nuestra condición humana.

Referencias:
Sánchez Vega, Carlos. (1981) Fuera del paraíso. 2ª ed. Lima: Lluvia Editores, 1996.
-----. La fuerza de los días. Trujillo: Edigraf, 1976.

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