sábado, 14 de enero de 2012

La milagrosa e increíble historia de la Mamita Virgen de la Puerta, por Gonzalo Espino Relucé

La señora Miriam Bazán ha tenido la amabilidad de alcanzarme esta fotografía, la difundo (su primera Comunición y procesión de la Virgencita de la Puerta) y  preciso un asunto en mi nota. Desde Roma-Tulape, son las 16 horas, en el Norte del Perú, en plena fiesta de la Mamita de la Puerta.

 Los pueblos del valle Chicama tienen sus creencias religiosas bien arraigadas. Tulape-Roma no es una excepción, el calendario religioso empieza  con la fiesta de Virgen de la Puerta, continúa con la fiesta de las Cruces,  en julio con la Virgen del Carmen y en diciembre, la navidad que con sus nacimientos, ahora casi escasos, son las fiestas religiosas que moviliza a toda la población. De hecho cada familia tiene sus propias devociones, hay vírgenes caminantes que pasan la semana en una familia, para luego, pasar a otra; santos y milagreros que alcanzan el corazón de nuestra gente (Señor del Cautivo, Señor de los Milagros), como los hay también las predicaciones protestantes que ahora abundan en la población y algunas tiene un comportamiento chillón pues consideran que la palabra de dios debe hacer escuchar sin respetar la tranquilidad de los otros.    
Dígamoslo ya. En Roma-Tulape hay dos patronas, aunque creo una de ellas ha sido olvidado. La patrona originaria, que es la Virgencita del Carmen y la que, en los años 40 empezó a celebrarse hasta convertirse en fiesta de todo el pueblo, me refiero a la Virgen de la Puerta. Vamos a hablar de ella.
Mamita Virgen de la Puerta
No se sabe exactamente como se inició la devoción de la Virgen de la Puerta, pero es la que se celebra desde el siglo XVII en Otuzco, por estos lados de La Libertad (Perú). Es de la puerta por que según la tradición nos salvó de piratas y filibusteros que querían atacar las tierras de los valles de Trujillo, a ella se le rezó con devoción y no llegaron a las costa de Huanchaco (Feijo).  A Nuestra Señora se la llama también Mamita de la Puerta. Por devoción se acostumbraba untarse la cara de negro, como pidiendo libertad para los negros y los bajaban a la costa, para que los protegiera y les permitiera regresar a su comunidades.
Milagrosa y querida por todos, la Virgen nos ha regalado distintos milagros, personales y colectivos. Así ella ha cuidado a nuestras familias, pero también protegía a los peones que eran raptados para llevarlos a las haciendas como enganchados. También nos defendió en la época de la lucha libertaria cuando nos peleamos con los españoles y luego, cuando los Chile llegaron a estas estos lares.
La virgencita de la calle Lima
En diciembre de pronto aparecía una ramada vistosa que era el signo de la abundancia.  Era un quinto, en  ella se colgaban frutas, alimentos propios del valle,  botellas pisco, cerveza o  anisado, y a veces, billetes de 10 o  20 soles que equivalía aproximadamente al sueldo de un modesto trabajador recibía en todo un mes. Fue en la calle Lima, como anunciando un año bueno, la señora María Paz Paredes, que vivió 107 años, celebraba la fiesta de Virgen de la Puerta. Era una fiesta modesta, familiar, que poco a poco comprometió a devotos y vecinos.  Había cohetes, bandas y comida. La devoción se expresaba en los rezos, novenas y cánticos  o milagros –hechos de plata- que le hacían a la Mamita.  Era una virgencita pequeña, con su pequeño manto y todo. Una fotografía que tenía un marco de plata. La llevaban en procesión  a la Iglesia para que le celebren su misa. La devoción creció tanto que esta se fue convirtiendo en la fiesta del pueblo.  
A fines del 50 la iglesia trajo una nueva imagen y aprovechó la devoción popular, el hecho de ser ya una fiesta del pueblo. La anécdota mundana tiene que ver con las limosnas. Se cuenta que el cura reclamó estas devociones de la Virgencita para la capilla (aquí en Tulape-Roma, no había cura, estos venían de Chocope), así que reclamó la limosna que era para la celebración del siguiente año. El curita confesó que traería una virgen. Así lo hizo. La pequeña Virgen de la Puerta de la  señora Paz dejó de celebrarse porque ella ya estaba muy anciana.
La Mamita del pueblo
Todas las segundas semanas de diciembre, en la década del 60, se celebraba la fiesta de la Virgen de la Puerta. La fiesta era llamativa, las calles se llenaban y la gente participaba de la procesión. Era la fiesta del pueblo, no había que si eras evangélico o no, porque ya era la fiesta del pueblo. Se armaban las ramadas para la comida, a la Virgen se la ponía en su ramada al costado de la piscina, frente a lo que, por entonces, se llamaba plaza Atahualpa. La gente ya se noticiaba, se preparaban. Los devotos, por barrios o familias, se comprometían a poner una banda típica, a traer una banda de músicos, a poner su botija de chicha o comida para los visitantes. No era como en Chiclín donde recogían a los borrachitos.  Venía la gente de todos los alrededores. Era más fácil llegar al valle que ir a Otuzco, ambas igual de milagreras.  Las danzas típicas acompañaban a la procesión en la avenida principal, los viejitos nos tenía a la raya para que puedan danzar, pero los danzante se lucían mejor cuando ellos hacían la adoración. Los negritos de Otuzco, los diablos de Chiclín, las pallas, los gitanos, los indios (apaches, claro) se destacaban.  Una de las danzas más llamativas era la Muerte del inca Atahualpa, porque recordaba a la Virgen que la bendijera en sus reclamos, en su pedido de aumento al patrón.
La fiesta era la feria del valle. La más importante de diciembre, había juegos artificiales y juego para niños. Era una feria, venían los venderos de chucherías y sortilegios, y claro los bolsillos modestos se agujereaban rápido. Pero se celebraba.  La gente venía y se divertía. Había dos bailes, uno social y otro popular. Estos bailes congregaba a toda la gente según era su condición de costeño, mayordomo o empleado; la popular iban todos.  
La fiesta ahora bajo la responsabilidad de la  Hermandad era alentada por la construcción de la Plaza de Toros.  Esto hizo que la fiesta también tuviera otro carácter. La corrida de toros era un atractivo para toda la región. La fiesta de la Virgen de la Puerta de  Roma-Tulape- le hacía la competencia a la de Otuzco que era recocida oficialmente.  Así que esto trajo cola. Todo indica que el arzobispado prohibió la fiesta local y que solo se podía hacer en enero. Hay que recordar que la capilla no tenía cura, el padrecito carmelita venía de Chocope.
El arzobispado de Trujillo tuvo que intervenir y prohibió la fiesta.  Desde entonces, solo se podía realizar en el mes de enero. No en diciembre, el 14, sino en Enero, por eso, aquí en Roma Tulape se celebra en el mes de enero.



La fiesta silenciada
La celebración de la fiesta  virgencita se vio afectada en dos oportunidades. La primera cuando los buenos curas de teología de la liberación llegaron a inicio de los 70, a la ahora Parroquia Nuestra Señora del Carmen.  Cuando estos llegaron decidieron que vírgenes y santos de la pequeña iglesia fueran retirados y guardados. Todos los altares que tenía la iglesia fueron depositados y olvidados.  Pero en el alma popular, en el pueblo la devoción continuaba.  La fiesta dejó de celebrarse.  En esas circunstancias, la familia Marquina retomó la celebración de la fiesta de la Mamita. Otra vez la calle Lima se convirtió en escenario de la fiesta y como no quería prestarle la virgen,  mandaron hacer otra Virgen de la Puerta, esta vez de madera (esta virgencita movía su mano). Fue así que nuevamente se celébrala fiesta. Esto, ocurrió hasta que después, nuevamente se volvió a celebrar.
La segunda vez, hasta la policía intervino. Esta vez los parroquianos de Roma Tulape se quedaron sin cura, esto fue durante tres años. En plena crisis de la empresarial, a la parroquia le quitaron lo que se llamaba la residencia parroquial.  Pero en la hermandad  también hubo problemas, debido a un desacuerdo que se produjo cuando se eligió a la directiva.  Entre los hermanos, se fueron de mano, no tuvieron consideración con sus vecinos, y entonces, tuvieron que tomar la Iglesia y se celebró la fiesta de la Virgen. Claro que después, fueron a parar a la policía. En la PIP, el comandante les pregunto: ¿Por qué están acá? –Por ser católicos. –Váyanse nomás que ese es asunto de la Mamita.   
Devociones
La fiesta de la Virgen de la Puerta se sigue celebrando. Hay mucho entusiasmo y devoción. Lo cierto es que sigue siendo considerada como la fiesta del pueblo. Hay todo tipo de actividades, la más llamativa es el concurso de bandas típicas.  Mis padres, mi familia participan de esta fiesta. Lo hago como todos mis paisanos que llegan a vacacionar por estos días de diversos partes del mundo o como aquellos que  desde lejos envían sus apoyos para que las bandas se realicen como dios manda.
No quiero terminar esta nota sin compartir con ustedes lo que me dijo la señora Miriam Bazán. "No tengo palabras para decirle, la Virgen es todo para mí. Es mi luz, ella me ayuda después de Dios. Es la madre que nos bendice con tanto amor. Ella siempre nos está cuidando. Nos está tendiendo su mano, cubriéndonos con su manto."
Postdata
Si es cierto que en desde la época de la hacienda había paisanos pleiteros estos parecen ahora concentrarse entre los tupas y los chicagos, que no respetan los resultados del jurado. Esta madrugada ganó el barrio Tupac Amaru que presentó una danza sobre los esclavos. Creo, sin embargo, que estuvo mejor la representación sobre la marinera. Otro tanto tiene la empresa Casa Grande que quiso cobrar por la realización de la kermes y la exhibición de caballo de paso, olvidando que se trataba de la fiesta del pueblo. En fin, este sábado y domingo estaré en la fiesta del pueblo. Acompañaré a la Mamita, a la Virgencita de la Puerta, con su banda y luego iré a bailar. No sé si iré a la misa para mi madre no me jale la oreja.  

Agradecimientos:
Francisco Espino, Natividad Relucé, mis padres  y mi hermana Victoria, que motivaron esta nota.  A don Adolfo Sánchez (Santiago de Chuco, 1938) y a doña Miriam Bazán (Ascope,  1944) que viven en el pueblo desde muy pequeños.

En la foto. Bajada de la Virgen de la Puerta y procesión. Don Adolfo Sánchez y doña Miriam Bazán.

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