domingo, 17 de julio de 2011

Elena Altuna: retórica del desagravio en San Marcos, por Gonzalo Espino


Elena Altuna es una de las investigadoras más serias y finas de América Latina. Sus contribuciones no vienen exactamente de lo que la crítica monorde viene haciendo sino de aquello que está todavía por hacerse. Estudia la literatura de la colonia desde la memoria de los “hijos del Pirú”. Se sitúa en ese vasto y agreste espacio que se instala en la distancia y que aparece en el olvido, doble recorrido respecto al centro del imperio (Madrid) y al colonial (Lima), y cuyos sujetos demandantes están ubicados en los márgenes de la ciudad y límites del territorio colonial conocido (Tucumán, Jujuy, Santiago del Estero, Salta, etc.), lamentaciones, exclamaciones y memoriales en el que se indica la situación de “oprobio” no solo de indios, sino también de criollos y mestizos.

La doctora Elena Altuna ha llegado a la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, ponente en Congreso Internacional Los Universos Literarios de José María Arguedas organizado por el departamento de Literatura, y ha sido invitada como Jurado Internacional para la sustentación pública de la tesis El discurso estético-ideológico de Gamaliel Churata de Mauro Mamani y participa como profesora invitada en el Seminario de Literatura Latinoamericana I, que está a mi cargo, en la Maestría de Literatura Peruana y Latinoamericana. Seminario que lo hemos dedicamos a la sensibilidad amerindia y cuyo trama se ha realizado desde las cartas de conquista y las cosas del alma, a las riberas de los límites del territorio del Sur, para hablar, de la poesía indígena contemporánea en la que ubicamos la poesía quechua de José María Arguedas y en la que estamos –todavía- discutiendo: la poesía mapuche.

Elena Altuna es colaboradora de la Revista Crítica Literaria Latinoamericana, profesora de la Universidad Nacional de Salta y autora de Retórica del desagravio (http://gonzaloespino.blogspot.com/2010/04/elena-altuna-retorica-del-desagravio.html). Su participación en el seminario ha ofrecido una agenda que compartimos y que en lo básico articula un discurso que se piensa desde el Sur. Altuna propone leer la retórica del desagravio desde la situación colonial, desde la lejanía y la distancia. Esto es la cercanía al poder (Rey o su representante) y desde la distancia (márgenes, frontera) como sentido de ausencia y de olvido. Surge como una textualidad tensa porque se fundamenta en el olvido y por ello demanda. La memoria opera como elemento para la reclamación (“art memorandi”), vinculada a la escritura que media la voz del indio, criollo o mestizo que se representa en ella. Lógica en la que se insertan los discursos de la retórica del desagravio que se hilaron en los márgenes y bordes distantes del imperio.
Acaso en ella la gesta criolla que desembocaría en la ruptura con la corona. Españoles, criollos y mestizos empobrecidos que pelean con los indígenas, que se enfrentan a las contingencia de los nuevos territorios y que son olvidados (Memorial de Salinas y Córdova); mestizos e indígena que inscriben sus situación de oprobio como retórica del desagravio (fr. Calixto Tupac Inka), o mujeres que aparecen como actoras que van formando el tejido contemporáneo de los países del Sur (Catalina de Plasencia). Voces que reclaman la atención del rey para que los desagravie ante las ofensas, se imaginan como súbditos, pero iguales a, o con derechos semejantes a, y que evidencia un tejido de quejas que no terminan por ser resueltas y que configuran lo que hoy somos: una identidad latinoamericana en la que nos cruzamos mestizos, criollos e indios, los "hijos del Pirú" que en su pre modernidad transitan por las riberas inciertas de una proclamada postmodernidad.

El aporte mayor de Altuna es su metáfora, mejor aún categoría epistémica: retórica del desagravio cuya aplicación, como ha hecho con el discurso colonial, se muestra como una categoría fértil para estudiar la textualidad contemporánea. Pienso en dos tipos de manifestaciones, el testimonio y la poesía indígena. De la primera estamos ante una doble relación, en la que el intercambio se produce por mediación del narrador hablante y el narrador escritural (Si me permite hablar, Así me nació la conciencia), cierto que, la mediación se produce a través del sujeto letrado, aunque su sentido sea exactamente el desagravio a las ofensas indígenas.
Es en el acercamiento a la poesía indígena contemporánea donde la categoría se instrumenta como óptima en el análisis y cuya riqueza se muestra en su amplio espectro de posibilidades, sobre todo si se toma en cuenta los planos en los que opera dicha propuesta. Leamos a continuación a un texto de la la poeta mapuche Graciela Huinao:

Salmo 1492

Nunca fuimos
el pueblo señalado
pero nos matan
en señal de la Cruz

Salmo kiñe warángka melípataka ayllámari epu

Chumkáwnorume ta
Üyechi üytún trokiñgelafuyiñ
Welu ta langüemnengeyiñ
Üytúnengel üyechi kürúz

La brevedad poema contiene un espesor histórico que trasiega la intensidad lírica, precisamente por lo desconcertante de una fe que se trae no para la vida sino para la muerte. Huinao testimonia la sensibilidad mapuche. Al hacerlo (1) el texto declara a su vez el trazo de una escritura ahora en poder indio, lo que supone a su vez la presencia de una retórica, que se explicita en la nominación “Salmo” que alude a una forma discursiva autorizada -sacra-, que la voz poética desacraliza. La utilización de la forma autorizada será la primera expresión de la retórica del desagravio. Desde del desagravio (2), la voz que representa Huinao en el poema, testimonia, reclama y parodia, lo que da cuenta, entonces, de las ofensas, agravios y muertes, por ello la exigencia de desagravio. Inflexión (3) que apela a la memoria, paródica en este caso: 1492, ya no como el número del salmo sino como su segundo plano: el año en que empieza la historia de los oprobios a los pueblos del Abya yala. La pregunta, entonces, sería por qué la poeta elige la Cruz, el año y salmo. Cierto, en los tiempos actuales, el rey no es centro del poder. Pero están los otros “reyes” que elegimos. Si ahora la queja no es al rey, en el contexto chileno, sin duda, el espesor sígnico de la cruz, sigue hablando de los agravios y las muertes por el reclamo contemporáneo del territorio y del derecho a vivir distantes a las lógicas neoliberales de la desforestación de los territorios, a vivir al abrigo del fogón y con todo lo que de útil que trae la cultura moderna.
En el mismo sentido podemos volver sobre los poemas quechuas. En Tupac Amaru kamaq taytanchisman, habla, lo he dicho en otra parte, una voz colectiva ñuqanchis –nosotros- y que alterna con una individual que se asume como representación colectiva –ñuqa- y habla precisamente como escritura, que en términos retóricos declara su condición de haylli y taki, de himno y canción, pero si se examina la forma estamos ante un tipo de discurso absolutamente contemporáneo, prosa poética y versos libres. Y ese mismo trazo, aparece con estrategias poéticas propias de los andes. Pero el texto termina por notificar, un ológrafo cuyo testimonio es historia y al mismo tiempo el retrato de la ciudad del siglo XX, que demanda la condición de runas, modernos y citadinos.



Elena Altuna llega como la maestra que ofrece una conjunto de propuestas que sabiamente nos la ido dando y que nosotros celebramos, precisamente porque permite una lectura de la complejidad atomizada y conflictiva de nuestras culturas. Ciertamente lo que hay tras ello es una propuesta. La de afirmar redes académicas que permitan una mayor movilidad de los saberes que se vienen produciendo en el Sur y una fructífera e intensa discusión sobre lo que venimos haciendo en cada una de nuestra universidades.
Y la categoría retórica del desagravio resulta proteica, fértil para los trabajos que hacemos desde el Sur. De este lugar llamado Perú -Lima, desde donde hoy escribo-, sea en Argentina, Salta, sea en San Marcos, la Austral o la Universidad de Salta. Una propuesta divinamente atrevida para seguir conversando. Y por ello, nuestro agradecimiento público a Elena Altuna, maestra de corazón; gratitud de toda la comunidad sanmarquina por compartir con nosotros su experiencia.

































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