domingo, 3 de abril de 2011

poesía la poesía

Sobre poesía y otro asuntos La semana que acaba de pasar empezó el Taller de Poesía que comparto con Marco Martos en San Marcos. Como se sabe el taller de San Marcos es el más longevo del Perú, imaginado por el poeta Washington Delgado, estuvo a cargo de los poetas Hildebrando Pérez, Pablo Guevara, Jaime Urco y Sandro Chiri. Martos ha estado desde sus inicios. En esta ocasión nos visitó del poeta Dante Cuadras, del Taller Poesía Azul de Santiago de Chile, leyó sus poemas y conversó con nosotros de las experiencias de su taller. Los participantes hicieron algunas preguntas. De ellas, dos me interesan, la primera es si se puede enseñar a hacer poesía. Nuestro colega respondió que se nace con talento.


Sobre la segunda, me voy a detenerme. La pregunta comenzaba con una confirmación de reminiscencias clásicas: “No existe un Dante en la poesía actual”. Dante Cuadras recordó que el tiempo dirá “si el poeta sobrepasa la barrera, si supera la época”. Marcos utilizó la metáfora de la cumbre, es decir, hay poetas que pueden mirar –o los miramos- desde las alturas de una cumbre y hay poetas que pueden volar sobre las montañas. Con ello, nos recordaba la franja de poetas que revisamos continuamente y que hace rato vienen diciendo algo a Occidente como lo hace la poesía del otro lado del mundo (la China, por ejemplo).


¿Solo la época?


En el taller tenemos un firme convencimiento. La de escribir sin cejar ni conceder al facilismo. Ni pirueta, ni juego. Una escritura que así misma cuestiona su relación con la tradición y su lugar ese territorio llamado poesía. Dura exigencia la nuestra, que la escritura poética sea fiel representación de eso que se decía trabajo y más trabajo (cinco por ciento de inspiración y 95 de sudor y sufrimiento). Desde la letra, desde la voz, uno se pelea por un espacio en la república imaginada de la poesía. La pregunta que nos asalta tiene que ver con la fidelidad y lealtad a la poesía. No admite infieles, y aquellos que se declaran “infieles” son precisamente los más leales a la poesía. Entonces, esta trepida con finura sus acentos para ver si tu poesía trae algo, si aporta como voz, como sentido o como sensibilidad. Inevitablemente, te convences, quedan aquellos poemas que siguen diciéndonos algo en nuestro fuero común, a nuestra sensibilidad. Se posesiona y continúan en el tiempo.


El punto de convergencia es precisamente ese. El trabajo poético es exigente, y hay que sacarle tiempo y lucidez a la propia palabra. Pero ese trabajo no se queda en solo en la palabra. Tiene que ver con la forma como se dice esa palabra y si esa misma palabra trasmite una sensibilidad capaz de atrapar al lector. En un plano mayor, si sobrepasa la barrera del tiempo (Vallejo, por ejemplo, como ha dicho Cuadras, vamos a leerlo en el futuro). Cierto.


La trampa engañosa de la esencias


Yo recordé a Benedito Croce, para quien la poesía está en todo, en las formas como contemplamos la naturaleza, el amanecer o el atardecer, la alegría intensa y la tristeza enorme cuando nos apegamos a lo más querido y ya no es posible para nosotros. O, cuando nos indignamos ante tanta miseria humana. En fin. Algo sencillo como eso. La poesía está en toda la población, precisamente porque hay un sentido elemental que tiene que ver con la sensibilidad humana y el gusto por la palabra.


Este gusto por la palabra la asocio al manejo de la sensibilidad. Con ello postulo una actitud democrática. La poesía es una manifestación de toda la humanidad. Si nos quedamos en el camino de doctos y academias serán modelos que seguramente necesitamos. Pero si no detuviéramos solo en esa arcadia divinamente primorosa olvidaríamos lo que ocurre en el espacio actual, en nuestra época.


Y en nuestra época, la letra ha llegado a diversos segmentos de nuestra sociedad y la poesía florece como nunca antes se ha visto. Hay procesos regionales y locales que merecen nuestra atención si deseemos tener una imagen más o menos completa de lo que hay en poesía peruana. No es solo lo que se escribe en la ciudad letrada, está la aldea, que con su modestia saca la vuelta a las vacas sagradas y eso también es poesía.


Si el lenguaje nos ha llevado a la metáfora, haré una referencialidad explícita y directa. Hay proceso locales con sus poéticas que pueden ser leídas como específicas, procesos que a su vez pueden o no estar vinculados a desarrollos regionales y esto en tensa relación con el desarrollo centralista y, que, por lo general, se convierte en el canon. Ese sentido es el que me interesa en tanto proceso democratizadores de la palabra y como manifestación de la diversidad de nuestras sensibilidades. Es seguro que no encontraremos la galana y posmoderna palabra de la ciudad centro, sino una palabra casi arcaica y un modelo retórico que en la tradición se agotó, pero que en espacio local recobra vida. Pero con todos esos proceso se construye la diversidad de manifestaciones poéticas que hacen al Perú de estos días.


Gonzalo Espino

5 abril 2011o

1 comentario:

Jíbaro dijo...

Exelente artículo, estimado profesor Espino. Me encanto la sensibilidad con la que ha expuesto el tema de la poesía.
Muchos saludos.