sábado, 26 de marzo de 2011

Runa en la poesía de José María Arguedas (2) por Gonzalo Espino Relucé

José María Arguedas en la edición de 1962 pone un epígrafe cuya condición es central para la comprensión del poema:


Lucanas india, mamay Doña Caytanaman. Auqa wasipi, wakcha warmalla kasiaqtiy, pay, urpi sonqonwan, khuyay weqenwan uywallawarqa. Tawantin Puquio ayllukunaq allin qarinkunaman. Paykunapin qawarqani warma sonqoywan comunerupa kallpanta, imay mana ruway atisqanta.


A Doña Cayetana, mi madre india, que me protegió con sus lágrimas y su ternura, cuando yo era niño huérfano alojado en una casa hostil y ajena. A los comuneros de los cuatro ayllus de Puquio en quienes sentí por vez primera, la fuerza y la esperanza.


El paratexto modula el poema en un doble sentido, en la de runa y su relación con una colectividad. Si el epígrafe lo podemos situar dentro de la tradición de occidente, este a su vez dibuja dos actos: el primero lo identificamos la con situación de wakcha vivido por el autor civil, por el propio José María Arguedas (en adelante JMA), y que ñuqa la representa como “wakcha warmalla” (pobre niño), que es acogido con el corazón “urpi sonqonwan”, con esa ternura protectora de los quechua, y que tres años más tarde lo comentaría a propósito de la autobiografía que esboza en el Primer Encuentro de Narradores: “Voy a hacerles una confesión un poco curiosa: yo soy hechura de mi madrastra” y de su hermanastro, revelará que “Los indios y especialmente las indias vieron en mí exactamente como si fuera uno de ellos, con la diferencia de que por ser blanco acaso necesitaba más consuelo que ellos... y me lo dieron a manos llenas.[…] quedaron en mi […] la ternura y el amor sin límites de los indios” y, agrega, odio. (Encuentro). La referencialidad es inevitable en la escritura arguediana, nos remite al la frase: Auqa wasipi, que el autor ha traducido como “casa hostil y ajena”. La tensionalidad del poema estará dada pues por esa intensa ternura y la rabia que desborda al poema. La dedicatoria, adicionalmente, identifica a la madre indígena que tuvo el poeta: doña Cayetana.

Si nos habla desde un sujeto individual, el segundo segmento lo hace desde el reconocimiento a la comunidad, ahora será a los cuatro suyos de Lucanas, de quienes aprendió “la fuerza y la esperanza”. Lucanas le enseñó a ser comunero, runa. En buena cuenta se trata de un solo movimiento: si ñuqa aparece, casi siempre trae una aura coleciva, ñuqanchis.

Amaru será la imagen metáfora que aglutina el tiempo mítico. Ñuqa, el yo poético, postula una referencialidad que tiene de mito e historia. Mito en cuanto nos habla de la serpiente como dadora del agua, elemento básico para el desarrollo de la humanidad. Amaru será esa deidad que de tiempo en tiempo emerge y se disputa con su semejante, la dación de agua. Sin olvidar que la misma imagen en el proyecto colonial impone un nuevo significado, la de rastrera que ayudó a consumar el pecado original, de allí que está vinculada a tentación, al pecado y, por ello, vinculada al cristianismo.


El otro sema es histórico ya lo hemos dicho, se trata de una historia, la primera remite a las resistencia de Vilcabamba, luego la revolución de José Gabriel Condorcanqui. Amaru Tupac Amaru se instala como parte del mito, prefijado en la propia nominación Tupac (condición de poder y primacía en el orden jerárquico) y de Amaru (deidad tutelar del agua). Se invoca a Tupac Amaru, aunque hijo del Dios Serpiente y hecho con la nieve de uno de las deidades regionales del Cuzco, el Apu Salqantay, tiene consistencia mítica. De esta suerte Tupac Amaru es a la par el Amaru. Hemos dicho que hay un rastro histórico, en efecto, la referencia mítica que se construye esconde la memoria del inca, que remite al Tupac Amaru I, el de la resistencia de Vilcabamba y a Tupac Amaru II, el de la revolución indígena del siglo XVIII y ambos ejecutados en la plaza de Cuzco, el primero en 1572 y el segundo, “más lastimero de lo que en nuestra tierra ha pasado”, habría nuevamente escrito el Inca Garcilaso de la Vega si hubiera visto la ofensas al inca el año 1781. Este ir y venir, en el plano de la realización de poema va estar presente en todo el texto. El texto será mito y al mismo tiempo historia. (Continuará)

Foto: Arguedas, centenario en la ciudad de Lima


Por favor citar así:

Espino, Gonzalo (2011). “Runa en la poesía de José María Arguedas(2)”. En: La Alforja de Chuque (gonzaloespino.blogspot.com) Avances de Investigación. 26 marzo 2011.

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