sábado, 19 de febrero de 2011

José María Arguedas: el hombre, la obra por Gonzalo Espino Relucé




A continuación va mi conferencia de divulgación en valle Chicama,en Cartavio, Biblioteca Francisco Xandoval, 17 de febrero 2008)




1. Noticia



Nació en Andahuaylas, el 18 de enero de 1911. Su madre murió cuando pequeño, José María Arguedas confiesa que es “hechura de su madrasta”, fue acogido por los indios de la hacienda de su madrastra, vive a la manera india. Su hermanastro lo despreciaba, al punto de decirle en una ocasión: "no vales ni lo que comes". Sanmarquino de convicción, fue estudiante aplicado, como lo ha recordado en el Primer Encuentro de Narradores (1965):

“Ingresé y nunca fui tratado como serrano en San Marcos. En donde sí me trataron como serrano y con mano dura fue en el Colegio "San Luis Gonzaga" de Ica, pero yo también los traté con mano dura. El Secretario del Colegio, que se apellidaba Bolívar, me dijo cuando vio mi libreta con veintes: "¡estos serranitos!, siempre les ponen veintes en las libretas porque recitan un versito cualquiera: aquí lo voy a ver sacar veintes". Me vio y batí el récord de los veintes en toda la historia de "San Luis Gonzaga", porque era una responsabilidad del serrano hacerlo y lo hice.” (Encuentro)


Sus primeros cuentos se reúnen en Agua, será profesor en colegio de provincia (en Sicuaní), es el período en que vuelve sobre el ara de la cultura quechua. Años más tarde ocurrirá una crisis depresiva que lo acompañará hasta el final de su vida. En 1957 saca su grado de bachiller en Etnografía con su tesis La evolución de las comunidades indígenas, recibe el respaldo de una beca, que le permite hacer un estudio comparativo, investigación que se convertirá en su tesis doctoral: Las comunidades de España y del Perú (1963).


La novela que lo convierte en nuestro clásico, Los ríos profundos, aparece en 1958 que al año siguiente recibe el premio Nacional de Fomento a la Cultura. Todas las sangres se publicará en 1964. "No soy una aculturado", será el emblema que impone cuando recibe, en 1968, el premio Inca Garcilaso de la Vega. La crisis que lo acompañaba desde siempre llegó junto con la escritura de su última novela, El zorro de arriba y el zorro de abajo. De esa novela-diario, voy a recordar aquí sus palabras que traducen una tierna esperanza, no deseo transcribir el trágico agón que también lo acompaña:


Despidan en mí un tiempo del Perú. He sido feliz en mis llantos y lanzazos, porque fueron por el Perú; he sido feliz con mis insuficiencias porque sentía el Perú en quechua y en castellano. Y el Perú ¿qué?: todas las naturalezas del mundo en su territorio, casi todas las clases de hombres.[…] Despidan en mí a un tiempo del Perú cuyas raíces estarán siempre chupando jugo de la tierra para alimentar a los que viven en nuestra patria, en la que cualquier hombre no engrilletado y embrutecido por el egoísmo puede vivir, feliz, todas las patrias.” (Zorro 274-5).


En su testamento advierte sobre el destino de su última novela, se dispara el 28 de noviembre de 1969 y después de cinco días, como queriendo llevarse su propia alma, muere el 2 de diciembre de 1969.

2. Narrativa


La narrativa de José María Arguedas está caracterizada por su huella andina, que se traduce en la forma como él hace el registro de la vida en los andes del sur con sus conflictos y su fuerza entrañablemente maravillosa; pero al mismo tiempo, en su escritura podemos observar su tránsito entre la huella ancestral y aquella que viene de la modernización que vive en esta parte del mundo. El suyo es un castellano que se retuerce con el quechua, y cuyo resultado será un castellano andino. De esta suerte su narrativa tiene mucho de huella realista, pero su realismo se desencaja al introducir elementos propios de la cosmovisión andina, por eso resulta realismo que tiene de ritual y magia, de allí su engranaje poético. Declara Arguedas:
“Yo comencé a escribir cuando leí las primeras narraciones sobre los indios, los describían de una forma tan falsa escritores a quienes yo respeto, de quienes he recibido lecciones, como López Albújar, como Ventura García Calderón. […] En estos relatos estaba tan desfigurado el indio y tan meloso y tonto el paisaje o tan extraño que dije: "No, yo lo tengo que escribir tal cual es, porque yo lo he gozado, yo lo he sufrido" y escribí esos primeros relatos que se publicaron en el pequeño libro que se llama Agua. (Encuentro).


Es insuficiente denominar a su producción literaria como indigenista, lo restringe. Por eso es preferible hablar de narrativa andina, en el sentido de un tipo de escritura pensada e imaginada desde una sensibilidad quechua que teje un conjunto de imágenes que dan cuenta del mundo indígena en la transición o de cara a los procesos de modernización que vive entre 1930-1960 y en la que Arguedas, ejecuta una suerte de experimentación etnográfica para traducir los cambios que se vivían a raíz de la migración masiva.


Su obra se sintetiza en cuentos y novelas. De los cuentos los más relevantes serán Agua (1935) en el que se inserta ese famoso cuento “Warma kuyay”. Sus novelas marcan tres momentos: Los ríos profundos su novela mayor, donde el niño Ernesto nos da su mirada. Todas las sangres (1964), una novela de experimento social. Los cientistas sociales hicieron una de las peores lecturas, desautorizando la escritura de Arguedas, al confundir la serie social con la serie literaria, convirtieron en documento sociológico y no leyeron la escritura ficcional que proponía el libro del 64. Finalmente la novela que trazó con su propia vida: El zorro de arriba y el zorro de abajo que apareció póstumamente en 1971.


3. Poesía


Si hay algo que define toda su escritura es el aliento poético. Sin embargo, la poesía de José María Arguedas ha sido escasamente estudiada. No hay un estudio que le ponga atención a todas su producción poética –aún permanece inédito el trabajo de Mauro Mamani, al respecto. Esta producción bien la podemos clasificar en dos grandes tendencias: la primera la asociamos al cancionero popular y quechua que se encuentra en su producción narrativa y en sus escritos etnográficos, de arraigo popular y la segunda, es su magistral producción poética quechua, aunque tiene textos escritos en español.

La poesía quechua empieza a ser conocida en el circuito letrado en 1962 cuando aparece su libro Tupac Amaru kamaq taytaychisman. Haylli-taki (A dios padre Tupac Amaru, Himno-canción). Luego vendría Oda a Jet, que se publica en la mejor colección de poesía peruana, en la editorial de Javier Sologuren, en La Rama Florida. En 1972 Sybila Arredondo de Arguedas, hace una compilación de los poemas de Arguedas bajo el título de Katatay, esta colección resulta incompleta, publica los textos que estaban en su dominio, pero no aquellos que tenía escrito, según podemos advertir a partir de los trabajos de Pinilla.


Con la publicación de 1962 produce un quiebre semejante al de Kilko Waraka. Se trata una poesía quechua que sigue la larga tradición ancestral andina y sus modelos formales, aunque apela también a registros contemporáneos. Aunque la partitura sigue siendo ritual, es a su vez, testimonial. Será una poesía intensa que marca un quiebre casi insular en la poesía quechua del siglo XX.


4. Trabajos etnográficos

Arguedas es uno de los más acuciosos estudiosos de la cultura andina tradicional. Estudia la cultura andina sureña en el momento en que se están produciendo cambios decisivos en la forma cómo se realiza y cómo se trasmite la memoria y tradición oral. Los trabajos más importantes del momento son aquellos que se publican en el diario La Prensa de Buenos Aires. Luego vendrá una de las más notables etnografías sobre Puquio y sus reflexiones sobre lo que observa en el ámbito vernacular. Toda esta producción constituye una fuente inagotable para la revisión de la producción cultural andina quechua, o más exactamente como fuente de la inspiradora de la etnopoética quechua. Estos trabajos han sido parcialmente publicados. Las importantes compilaciones viene de la mano de Ángel Rama, Señores e indios. Hacia una cultura nacional indoamericana; y, de Sibyla Arredondo, Indios, señores y mestizos.


En esta línea cabe recordar su primera compilación: Canto Quechwa (1938) en el que publicará canciones indias y sostiene que el indio no es triste. Más adelante, ya asociados a los trabajos de recopilación del padre Lira y Farfán, publicarán colecciones de relatos quechuas. Uno de los trabajos que permite tener una mirada amplia de tradición oral del país fue la que realiza junto con Francisco Izquierdo Ríos y que trabajaran con los maestros y maestras y sus alumnos y alumnas de las escuelas de todo el país cuyo resultado se lee en Mitos, leyendas y cuentos del Perú (1948). Sin duda, uno de los relatos de factura oral más impactante recogidos de la fabla quechua y popular, será la versión que realiza de El sueño del Pongo (1965). Arguedas realizó la mejor traducción poética del Manuscrito de Huarochirí, ese testimonio de los indios quechua del siglo XVII, bajo el título de Dioses y hombres de huarochirí .



5. No soy una aculturado


El aliento poético que exhibe en toda su obra y la palabra que teje su universo creador será el de la cosmovisión de andina quechua. Aspecto que lo convierte en “un demonio feliz” que lleva a la literatura latinoamericana a una de sus mayores expresiones que, sin el alarde formalista, nos procura una escritura que se preocupa por fluir como puquial y no como adquisición de una tecnología de la escritura, con una mirada cuya lengua en castellano traduce la sensibilidad indígena quechua, sea en el campo o en la ciudad, por lo que logra trasmitirnos ese universo humano que conmueve en cada una de sus páginas. “Yo no soy un aculturado; yo soy un peruano que orgullosamente, como un demonio feliz, habla en cristiano y en indio, en español y en quechua.”( Premio Inca Garcilaso de la Vega). Por ello, ¡qué duda cabe!, es nuestro clásico, nuestro mayor escritor que con Alegría, Vallejo, Palma, Inca Garcilaso y Guamán Poma ocupan el lugar de esa textura que conmueve, que sigue renovándose con cada lectura y lo hace cada día más vigente.


Tulape, valle Chicama, 16 febrero 2011.

Referencias:

Arguedas, José María. Katatay y otros poemas. Huk Hayllikunapas. Lima, Instituto Nacional de Cultura, 1972.
Arguedas, José María y otros: ¿He vivido en vano? Mesa redonda sobre Todas las sangres. Lima: Instituto de Estudios Peruanos, 1985 (Lima, 23 jun. 1965).
Cornejo Polar, Antonio. La novela peruana. Siete estudios. Lima: Ed. Horizonte, 1977 (Incluye: Los universos narrativos de José María Arguedas).
Espezúa Salmón, Dorian. Científicos sociales versus críticos literarios (Todas las sangres en debate). Tesis para optar el grado académico de magíster en literatura peruana y latinoamericana en la Facultad de Letras y Ciencias Humnas de la UNMSM, 2007.
Lienhard, Martin. Cultura andina y forma novelesca: Zorros y danzantes en la última novela de Arguedas. 2ª. ed. Lima: Horizonte-Tarea, 1990.
Pinilla, Carmen María. Arguedas, conocimiento y vida. Lima: Pontificia Universidad Católica, 1994.
Primer Encuentro de arradores peruanos. Arequipa, 1965. Lima: Casa de la Cultura del Perú, 1969. Primer Encuentro de Narradores Peruanos. 2ª ed. Lima: Latinoamericana Editores, 1986.
Rama, Ángel. Transculturación narrativa en América Latina. México: Siglo Veintiuno Editores, 1987.
Vargas Llosa, Mario. La utopía arcaica. José María Arguedas y las ficciones del indigenismo. México: Fondo de Cultura Económica, 1996.


Pintura: Izquierdo

1 comentario:

Anónimo dijo...

puto