sábado, 5 de febrero de 2011

Antonio Escobar: su poesía, sus décimas por Gonzalo Espino



Antonio Escobar Mendívez (Boca de Río, Perú, 1944) escribe como siente. Sus versos tienen de llamara, de rebeldía. Le irrita la pobreza, le fastidia la ausencia de solidaridad y se enerva con los actos de injusticia. Para hablar de su poesía tal vez sea necesario recordar que se trata de un creador autodidacta, un hombre que hizo al mundo enfrentando por todas la restricciones y afrontó con orgullo sus estudios. Su estirpe popular, lo llevó a una estancia en Lima, aunque allá nunca desarrolló actividad poética.

En la escuela ya comenzaron sus actividades poéticas, aunque a decir verdad, como todos los jóvenes intelectuales, escriben en los diarios locales. Seguramente en las aulas de Pacasmayo el que se juntaran dos sensibilidades poética abono más a su desarrollo, me refiero a su amistad con Elqui Burgos, y en la que jugó un papel importante el entonces profesor Eduardo González Viaña. Es recién en los 70 que se registra su primera publicación: La miseria y el hambre (1970). Lejos de la canonía literaria de Trujillo, en Gudalupe se fue gestando un proyecto poético con rasgos propios: en primer lugar una vocación por dar cuenta la producción del valle de Jequetepeque, luego una intensa voluntad por afirmar sin parricidios las poética de entonces y al mismo tiempo la construcción de una red –social, como ahora decimos- que permitía la comunicación de los poeta a través de la revista Runakay.

Hablar de la poesía Antonio Escobar es también introducirnos al mundo de Runakay, ese ensayo de promoción cultural animado desde los márgenes costeños. De este asunto no me voy a ocupar hoy, lo dejamos para otro entrega. Ahora me interesa su poesía que la identificó como un proceso permanente por hacer que esa palabra que dice –con bronca- sea, sin renunciar al sentido, un arte poético de tono llano y musical. Encontramos tres líneas de trabajo poético por la forma: una que está referida básicamente a su signo testimonial, en general, calificada como poesía social, de denuncia; la segunda tiene que ver con la elaboración de un tipo de poesía que en los ochenta comenzaba a revelarse como un espacio de referencia otra, me refiero al sencillez del verso que comunica con inflexión didáctica, se trata de su poesía para niños. Una tercera, son sus décimas, en la que tiene una habilidad para la improvisación y la perfección de un verso tradicional que necesita de la sutileza, la palabra en la boca y la oportunidad para sacarle lo que llaman inspiración.

Las décimas de Antonio Escobar

Noemí Arana escribe que Antonio Escobar “practica la décima cuya expresión popular le permite llegar más al pueblo”, y no deja de tener razón precisamente porque la décima es un género abarcador y de raigambre en el norte, cuya centro está en Saña, cuya entraña popular la comparte con la copla cajamarquina que llega a la costa de La Libertad. La academia ha discutido con extremada ligereza las décimas de Escobar y no ha estudiado su aporte al género tal como hubiéramos esperado de Santa Cruz Urquizo (2009).

Una de sus mejores producciones sin duda lo constituyen sus décimas que están pobladas de colores y matices cotidianos, modestos héroes y personajes poblerinos, poemas de ocasión y arranques de protestas. En la génesis de un domino casi perfecto de la décima están sus primeros poemas, broncos, duros, pero divinamente directos y sin tapujos. En 1992 publicó Remanso de amor, año más tarde, el 2003, Jequetepeque y Al compás de la espinela, y el lector avisado puede revisar sus versos en el blog: http://runakayediciones.blogspot.com/

Remanso de amor es sin duda su mejor logro. Es un librito que tiene el encanto de hacernos encontrar con lo cotidiano, el juego entre serio y burlón, sigue la trayectoria de la tradición decimista de Saña, y de la vigencia de los núcleos, en el que a un pie forzado el poeta se lanza a construir. El poemario está compuesto en dos parte, la primera es más solemne, la segunda, es todo lo contrario, se apega a lo cotidiano y a la tradición. Alrededor de los 36 poemas que incluye el libro uno termina con idea de haber asistido a una tertulia y la competencia de contrapunto con brillo.

El tono solemne tiene que ver con los rasgos épicos que por momentos alcanza en el grupo de 6 poemas que incluye en la primera parte. La memoria de la historia se duele: “Guadalupe: Remanso de amor”, el poeta pide permiso a la virgen para hablar del pueblo, y ese pueblo es historia y vida cotidiana, es de tiempos tristes del pasado (“la maldad como en desfile / dejó la muerte regada) y del tiempo actual (“A veces nos da coraje/ ver calles abandonas; / pero nunca hacemos nada / para cambiarles de traje”), un verdadero himno a Guadalupe.

En la segunda parte el arte poético saca brillo de la costumbre y los personajes del pueblo. Es un yo que registra y testimonia, en verso contados. La gracia está no solo en las pinceladas que nos entrega sino también en los dobles sentido que alcanza a elaborar o la musicalidad que nos recuerda formas locales como el tondero y la marina o el tuntunar de la caja. Y, como suelen hacer los trovadores, él mismo se incluye en el poema: “Yo nací en Jequetepeque/ pueblo adornado de dicha/ con claro, guitarra y chicha / tierra hermosa: no es que peque.”, que más adelante se convertirá en “Nací a la orilla del mar/ allá en la Boca del Rio, / con olor a rocío / t sabor al calamar /…/ soy cholo de nacimiento” (1).

El virtuosismo de estas décimas se pueden ver en todo el libro, pero tal vez donde mejor se concentran estas hazañas y dobles sentidos sean el poemas “Que rica la carne e’nuca” (2) y “¡Zas que le daba le daba!”. Revisaré el primero que relaciona potajes y cuerpo femenino, asunto que estructura la sensualidad. En las cuatro décimas que incluye esta espinela de pie forzado se estructura como redondillas (a bb aa cc dd c), cuyos rimemas (Valérie Beaudouin), es decir la forma mínima de la rima, son: -ío (3), -icha(2), -uca (6), -ino (2), -ones (3), -oto (2), -er (7), -ana (3), -ante (3), -oca (2), -adre (2), -ía (2), -liz (2) e -icia (2). En el rimario -o sylva de consonantes-, predominan las graves y está compuesto por las siguiente palabras: mío (2), confío; chicha, salchicha; e'nuca (2), Antuca/ yuca (3); divino/ camino; emociones, canciones/limones; alboroto/poroto; mujer (3), hacer (2), ser, envolver; palangana; porcelana; picante/ adelante; provoca / loca; compadre, madre; alegría/ sonría; feliz / desliz; delicia/ caricia. Las mismas que recuerdan un repertorio festivo. Escobar se da licencia en el rimema -uca que efecto se confunde con –oca, de esta suerte la rima lo resuelve con cuidado, porque la propia escritura indica simulación, apela a las comillas en “la loca” que rimará con el pie forzado que termina en “yuca”.

Si bien el decimista nos propone un momento en una chichería o una reunión de amigos, el dinamismo que impone los versos permite que la sensualidad quede relegada a un aparente segundo plano. Así, luego de enunciar el pie forzado que advierte del sentido popular (“carne e´nuca”), la décima empieza:
De dos en dos amor mío
ven trayéndome la chicha,
con picante de salchicha

Se desean los potajes, pero estos no solo están asociado en el léxico popular a lo que dice sino a lo que se desea: “ricura”, “zamba Antuca”, “yuca” y “carne e’nuca”. Lo aparente es el potaje, el movimiento festivo, pero al tiempo esconde el deseo sensual. Hay que admitir que se trata básicamente de lo que podría ofrecerse en una fiesta de domingo o lo que se pide en una fonda, de allí el tono costumbrista. Si a la “carne e’nuca” le agregamos chicha, cabaya, limones, canciones, jarana, marinera, la sensualidad que se encierra se desborda:
Marinera con porfía
estremece nuestro ser
y mi brazo al envolver
tu cuerpo es una delicia
deleitándome en caricia
POR MANOS DE UNA MUJER.

Los versos se suceden con la agilidad de decidor de décimas, por ello su tono costumbrista, sensual y jaranero alcanza su el sabor de la buena tradición de rimadores norteños.

Una notita casi al pie

El carácter descriptivo de las décimas no nos deja ver el espesor de la sensibilidad de la voz que habla en el poema. Es una voz que se posiciona casi siempre para hablar del otro y cuando lo hace casi siempre es para el retrato. Asunto que me lleva a postular la idea de una literatura de tono popular que tiene en la décima uno de sus componentes para poesía liberteña.

Bibliografía básica:
Escobar Mendívez, Antonio. Poemas para todos los días. Recitemos juntos. Semán (Guadalupe): Runakay Ediciones, 2007.
------. Presencia Inmaculada. Guadalupe: Runakay Ediciones, 2004.
------. Jequetepeque. Aurora de la Historia. Décimas. Jequetepeque (Perú): Runakay, 2003.
------. Al compás de la espinela. Décimas de pie forzado. Jequetepeque (Perú): Runakay, 2003.
------. Remanso de amor. Décimas. Guadalupe (Perú): Runakay Ediciones, 1992.
-------. Memoria de los días. Semán: Nuestra Señora de Guadalupe, 1975.


Referencias:
(1) Al compás de la espinela.

(2) La alforja de Chuque: http://gonzaloespino.blogspot.com/2011/02/antonio-escobar-que-rica-la-carne-e.html
(3) Antonio Escobar:
http://runakayediciones.blogspot.com/ y Taller de poesía San Marcos:

http://tallerdepoesiasm.blogspot.com/2011/02/antonio-escobar-mi-amada-la-sardina.html



© Gonzalo Espino Relucé
Febrero 2011

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