domingo, 14 de noviembre de 2010

Ugo Carrillo, Puyupa-wayrapa-ninapawan-musqukusqanmanta por Gonzalo Espino Relucé


Ugo Carrillo es leal al quechua. Su lealtad es a la cultura quechua contemporánea, la de los ancestros, del ayllu y de la marka. Un poemario escrito –siguiendo- ese deslumbrante libro que se llama Yaku unuku yuyainin, es decir, la opción de publicar solo en la runasimi, la lengua de la gente.
Los 26 poemas se que incluye Puyupa wayrapa ninapawan musqukusqanmanta los une tres elementos: (uno) la intensidad de cada uno de los poemas; (dos) la irreverencia sin renunciar a la memoria o ser parte de una sedimento cultural, y, (tres) la continuidad moderna de las formas tradicionales en el texto. El libro viene acompañado de notas que pueden permiten un aproximación a la poesía quechua en general y, en especial, al libro que en cuestión: Freddy Roncalla, Julio NOriega, Gonzalo Espino y Manuel Baequerizo

Desde el título nos hallamos ante lexemas que se vinculan a la vida
cotidiana y la posición del segundo del sueño, como acto colectivo, desde donde se ha de hablar –en el trazo, escribir, imitando el acto de oir-leer. La idea del sueño como aspiración o como registro que reconstruye -o conquista aquello que se desea-, el sueño –musqu- como aquello que moviliza en el tiempo actual.

Formalmente predominan los poemas relativamente extensos. Ugo Carrillo resulta un maestro de la palabra, un registro que ayuda a estos poemas será la musicalidad, que proviene de esa ligazón ritual de poesía y música, que el mismo realiza. Musicalidad que nuevamente se articula a la presencia de paralelismo y dístico semánticos que aparecen en el texto, de allí que no debe sorprendernos el manejo limpio del verso libre. Asunto que ahora se ve acompañado por el uso los puntos suspensivos para indicar sentidos que debe interpelar al lector (Kiykichallayripaq awaychallay, Yachaq ñawsa)

Lo mismo ocurrirá con la partitura temática, que en primer lugar dialoga con la ñawpa porque el presente, el kay pacha, se desconoce así mismo, por lo que reclama una luz para el tiempo actual que acaso permita reconciliarnos (runa-pahca). Su palabra nos lleva a una suerte de temblor, un ensayo del pachacuti para que el runa se purifique.De allí la necesaria apelación a registro históricos, deidades Illa, o aspectos de la cotidianidad como ocurre con la religiosidad andina (Santa Apoloniapa chimpan chanqana pata) o con los danzantes (Rawrakuwan tusuq). Desde la voz quechua no podemos hablar de un quiebre entre el referente y el autonomía, si no de un circuito cerrado toda vez que se trata de un quechua, no solo confesional, sino consuetudinario y biológico.

Esta vez, el harawiq desafía el trazo poético. Solo comparable con un relato oral que circula en los andes, olvidado ya el telar, la comunidad abandonada, se han ido los jóvenes, ya no hay aves, ni verdes, todo es desolado. Entonces, muere una anciana en su última palabra le ha dejado unas tablas, nadie sabe de que se trata, indaga y nadie da cuenta de lo que es, hasta que lo lleva a un ayllu lejano, donde el abuelo reconoce que es el telar. Le enseña a tejer: el tejido es otra vez el retorno a la vida. Esto que es una estructura, la encuentro en ese extenso poema, largo y sostenido que he leído. Seguramente su mejor realización. El poema en mención es “Manataq musqunichu” –¿Ya no soñaremos? El poema comienza con una imprecación: “Qallam taripawanki: ¡manam imapaschu!” El concepto es ir al encuentro, pero con los ojos del corazón, para traspasar el frío viento, y solo, “chayllam aypawan”, allí en ese instante, que implica el retorno a las entrañas de los nuestro, el encuentro con la luz de la vida “sumaq kanchay llipipipiq” y donde el runa killqata nos dice que andemos sin temor por ese camino doloroso, y caminar con los pies desnudo como zorro que danza alrededor de la laguna:
“Ñakariq chakiwan ñanniki riqsikuyllam aypawan,
Chayllam aypawan
qala chaki purinasqa
punakunapi atuqkuna tusuykachachinaypaq
quchakuna musquyniypi”

Este despertar al sueño de la vida está vinculada a las deidades (Illa), a la pertenencias (nawpa wata ñuqap llaqtay Aranjuez llaqtapi) y a las actividades que involucran la vida sea en la altura o el valle, en la cercanía del asalto al alma o en la proximidad del apu. Por eso el poeta no deja hablar de:
“Sumaq kanchay,
Llipipip kanchariy
Kutipayasqa yachachiwasqaykitam
Kutitikrasaq
Lunismanta luniskama kusi kausayta llakanaspa
Wakchakunapa wasichakuynipaq.”

Si se lee con cuidado, hay aquí una duplicación o dístico semántico, la idea de luz se ve replicada en el segundo verso. Si el primero verso es solo hermosa la luz, el segunda tiene dablemente esa luminosidad que nos acerca a la memoria, como se puede leer el verso siguiente, y allí donde aparece un sentido más mundano, menos abstracto, para cuando regrese al día –el lunes- te encuentres como un pobre o alguien que no tiene un lugar en ese espacio desestructurando.

El poema sigue en ese tono, el yo poético, ñuqa, transita como un sujeto lírico dialogante que puede ir al encuentro con el otro, este otro es imaginado como nosotros, los otros, como una suerte de recuperación total, para dejar de ser “wakcha” caminante. La intensidad del poema viene del uso de una fraseo que se reitera cada cierto tramo del poema “chayllan, / chayllaña” o su variantes.

Una entrega, está vez desde la memoria, desde los sueños, desde donde volveremos a tejer ese espacio vital para la gente, para lo humanos.Ese espacio, el nuestro,el kay pacha que nos reclama, que nos exige nos peleemos en su defensa y a la par que nos reconciliemos con ella. Un poemario que quiere ser forma y al mismo tiempo un camino necesario para limpiar el alma y acaso bailar, danzar, para hacer morir aquello que impide mirar los sueños.
[1]Carrilo Cavero, Ugo Facundo. Puyupa-wayrapa-ninapawan musqukusqamanta(Runpa siminpi qillqakuna). Huancayo: Imp. Ed. Punto Com, 2010 (ISBN: 978-612-45866-1-3)

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