sábado, 11 de septiembre de 2010

Samuel Cárdich, el jinete incógnito/ Gonzalo Espino


Samuel Cárdich pertenece a ese núcleo de escritores modernos que desde Huánuco le han puesto un nuevo signo y valor a la literatura que se hace en el Perú. Con él, Andrés Cloud y Mario Malpartida, tres escritores que presentan esa otra mirada de la narrativa peruana contemporánea. Todos ellos participan de una aventura sencilla, aunque compleja: la voluntad de hacer excelente literatura, que junto con otros creadores huanuqueños, han creado un polo o en un centro activo de cultura que han redefinido el espacio regional y cuestiona -o descentra- la ciudad letrada limeña.

Cárdich transita de la poesía a la narración y cada producción suya tiene la maestría de un gran creador. Entre sus producción queremos destacar Hora de silencio (1986), Malos tiempos (1987), De claro a oscuro (1995) y Tres historias de amor (1996, 2002). Su trabajo está inspirado en la necesidad de que el acto de escritural cautive a su lector, por ello la elección de la palabra, el tema, el estilo, la técnica, su estructura discursiva, tienen siempre que ver con la magia del efecto literario.

La escritura de Cárdich está definida por un tipo de narrativa que tiene una apego hiperrealista al hecho, pero al mismo tiempo la distancia que establece con sus referentes y convertirlos en un acto básicamente ficcional, cuestión que en el plano del lenguaje se expresa en la fluidez que impone a cada relato –según sea el caso- y al ritmo que acompasan las palabras para hacer vivir ese mundo llamado poesía, relato, literatura. Si esto es en general, Cárdich es los escritores que ha sabido granjearse en sus textos una trama que viene de lo que escuchado y que se reinventa transfieren en la escritura. Asunto que nos recuerda su especial atención a los relatos de tradición oral.




El retorno del jinete incógnito


Una muestra de esto es su reciente entrega El retorno del jinete incógnito[1]. Se trata de un cuento que se publica independientemente y que da la sensación de una novela breve, esto en tanto que el formato así parece revelarnos. El libro va acompañado de ilustraciones de William Huasco E., las mismas que siguen las secuencias fundamentales del relato. El autor esta vez ha elegido una historia extrema, pero sabiamente dosificada para que nuestra sensibilidad imagine la ausencia. En el plano de la realidad se trataba de un “niño azul”-según reciente declaración del autor-[2], referente que se hace ficción: con ello logra el equilibrio entre la fuerza de la narración y la intensidad de lo narrado por acción del personaje principal.

El retorno del jinete incógnito narra la historia de un grupo de niños –que pueden ser o no andinos- y que en el "patio del viejo caserón" (La Quinta) "en un año podían jugar sin ningún juguete, hasta 365 juegos distintos, sin llegar a repetir uno solo"; en esas circunstancias se duplica un personaje que va a dar vida a uno de los relatos que cuentan los pequeños: el Jinete Incógnito y la aparición de "Jinete Incógnito" en los lares del patio donde estos jugaban. Corresponde recordar, por otro lado, que esta opción tiene relación directa con la serie a la que pertenece este volumen, se trata de los Cuentos del oidor (El último petirrojo, La casa de Guayacán); por ello, esta saga hay que leerlas como las historias que escucha el narrador y convierte en ficción: se trata de un creador que escucha historias reales (que el historiador puede indagar en la ficción). Su labor del escritor, no se queda allí, escucha las historias para dar un sentido y encauzarla porque “escrib[e] para hacer felices a los demás”, aun cuando el narrador siga atrapado en su inmensa soledad[3]. De allí proviene ese tejido narrativo que tiene de voz y poesía. La publicación que estoy comentando se puede leer en dos momentos: la primera, la historia del de Jinete y la segunda, la historia del pequeño Jinete en el viejo caserón.

Un acercamiento

En el primer caso se trata de los niños y las historias que ocupa la fantasía y memoria de estos pequeños que "se sentaban en rueda debajo de algún árbol a contarse cuentos de temas diversos", hasta que "Una noche de luna oscura, alguien contó El cuento del Jinete Incógnito (el nombre va en mayúscula, pues aun cuando no se sabía quién era, era alguien) que aparecía montado en Caballo (de igual modo, por ser el nombre del animal)." Cuento que será uno de los mejores que se narraron, con todas las controversias que generó en el grupo.




Si todos tenían obligación de narrar, había un par de excepciones: Calincho no cuenta, pero acompaña realizando los “efectos especiales” para los relatos que se cuentan. El otro será el aspirante a narrador oral, un niño que "no sabía contar, porque todavía era pequeño y solo iba a escuchar la narración de los demás. Tenía apenas seis años, era de contextura delgada y además muy débil, pues sufría de una dolencia que le impedía hacer esfuerzos".

El relato cautiva a todos. La historia se la recreaba, el héroe aparece en el mundo a destiempo, viene a luchar por la justicia, un personaje que transita por la ciudad con su caballo, que escrupulosamente respeta las luces del semáforo, etc. Pero esta historia increíble "había llegado a su fin y no se podía contar más. Eso les decía, hundiendo a sus oyentes en un sentimiento de gran frustración." Agreguemos que en este universo narrado todos participan.


La segunda parte, remeda los episodios en el plano de la realidad que viven los pequeños. El jinete será una aparición necesaria y casi un acto de solidaridad, el relato ahora se vincula con el pequeño y tiene de apoteósico y de silencio. Cuando la palabra había llegado al límite, aparece el jinete:

"Hasta que una noche, de la manera más sorpresiva, volvió aparecer el Jinete Incógnito, pero esta vez ¡en persona!.
No tenía la apariencia completa del Jinete Incógnito, pero era una copia bastante aceptable del original, y, en parte, lo mejoraba, debido a que tenía el mismo tamaño de los niños de La Quinta [...]
Esta por demás decir que sus camaradas de juegos sabía con toda precisión quien era el personaje. Sin embargo, se preguntaban adrede y en voz alta '¿Quién será el Jinete Incógnito?', para que la pregunta llegara a los oídos del héroe, y pudiera sentirse encantado que nadie lograra descubrir su identidad y se animara a dar una vuelta triunfal entre los árboles, antes de retirara a su morada. "


Aparece y convierte al patio de La Quinta, en el punto necesario del encuentro, pero al ser este una representación del niño que sufre una enfermedad, las aventuras del jinete se vuelve más lentas, casi en cámara lenta (si Jinete 1 cruza las calles con dificultades, tiene que esperar la luz verde; este jinete es lento, pacienzudo, como aparece en el relato). Pero esta lentitud, esta cámara lenta, es solo eso. Las esporádicas salidas del jinete hasta su ausencia definitiva, serán acompañadas por la solidaridad en la creación de una música pegajosa y una pésima letra. Luego vendrá un desenlace lento y desolador como la muerte, estos niños descubren que la vida tiene que continuar pese a la ausencia definitiva de uno de ellos.



El cuento se cierra con ausencia, pero al mismo tiempo con la continuidad del relato, esto gracias a que el narrador nos pone en su historia la huella de la existencia del Jinete Incógnito de La Quinta, al dejar la indumentaria, luego, aparece su caballo, como signos de la continuidad del relato:


"Desde esa vez, en algunas noches de luna, cuando a los niños les coge la nostalgia y se ponen a cantar o a silbar entre dientes La canción del Jinete Incógnito, dicen que vuelve a escuchar el lejano relincho de un caballo y pueden ver de nuevo al Jinete Incógnito, desplazándose con la rapidez del viento entre la sombra larga de los árboles".



Cárdich nos entrega con ello una de las más tiernas historias escrita en el país. Una historia lineal, contada por un narrador, capaz de crear un clima que atrae, que cautiva al lector, de allí que la sucesión de evento, busca poner en tensión la historia y lo que dice la fábula, por eso, esta se acelera o se vuelve más lenta, conforme a la exigencia del cuento. El retorno del Jinete incógnito será uno de los cuentos más innovadores en términos de estrategia discursiva y al mismo tiempo una manera de traer felicidad y ternura para compartir con sus lectores y hace de Cárdich un escritor de la estirpe de los grandes narradores que tiene la sabiduría -moderna- de los mejores cuentistas.




Ilustraciones: William Huasco.

[1] Samuel Cárdich: El retorno del jinete incógnito. Huánuco: Ed. El Alabtro, 2010.
[2] II Feria del Libro – Huánuco, UNHEVAL (9 set 2010).
[3] II Feria del Libro

1 comentario:

LEON dijo...

Buenas tardes, profesor Espino. Soy su alumno del Integrado de Letras de San Marcos, también me vio en un par de cursos en la Villarreal y le escribo para felicitarlo sobre este articulo sobre Samuel Cardich. Soy de Huánuco y además testigo del desenvolvimiento de la literatura y la cultura de Huánuco. Todo comenzó con el grupo literario “Convergencia” en donde estuvieron el propio Samuel Cardich, Andres Cloud, Mario Malpartida, entre otros, luego con la revista del mismo “Letra muerta” y a la vez con el fenómeno editorial que aconteció en Huánuco en la última década con la Empresa Editora Perú la cual reeditó todos los libros (o los más representativos) de la cultura huanuqueña desde los textos de José Varallanos, Esteban Pabletich hasta los libros y novelas de los autores mencionados anteriormente. Tengo la suerte de haber leído y conocido a algunos de estos grandes novelistas, he sido alumno de Mario Malpartida y conozco a “Pecoz Bill y otros recuerdos”, “El viejo Mal de la melancolía”, “Una loma bendita”, entre otros, también recuerdo a Virgilio López Calderón con sus anécdotas y recuerdos de la sociedad huanuqueña de los 50, no olvidaré al profesor Cloud con “Bajo la sombra del limonero”, “Hay Carmela”, etc. La literatura huanuqueña es una muestra cultural muy importante que merece un estudio consciente y sensato, no podemos olvidar voces como de Virgilio Lopez, Arlindo Luciano, etc. Algunas aproximaciones de nuestra literatura han aparecido en la Revista Caballo de Fuego pero aún falta….¿podrá ser un tema de tesis? Tal vez, yo me identifico con esto y me llenaría de orgullo estudiarlo en su totalidad. Reitero mi saludo a su artículo, ojalá continúe con otros narradores y poetas huanuqueños y podamos dialogar al respecto. Gracias. César Augusto Espinoza Solano (UNFV-UNMSM)