domingo, 8 de agosto de 2010

En defensa de las bibliotecas del valle Chicama/ Gonzalo Espino

Mi breve estancia en el Valle Chicama me llevó a la biblioteca de Casa Grande, la encontré cerrada y muy pocos pudieron dar razón de lo ocurrido. Las noticias que tengo es que los libros, revistas y periódicos que habían en esta biblioteca están arrumados en algún lado de la empresa azucarera Casa Grande, cuyos actuales dueños son grupo Gloria. Parece una práctica generalizada de estos empresarios. El destino de las bibliotecas de Roma y de Cartavio podría ser el mismo.


Un poco de historia


Nuestros abuelos siempre miraron con orgullo eso que se llama libro. Y hay que recordar, no solo el libro sino sus actores. Cuando en 1918 Abraham Valdelomar, el autor de El Caballero Carmelo, llegó a estas tierras dio dos conferencias en Ascope, a ella concurrieron no solo la gente notable sino también la gente sencilla. En aquella ocasión, dijo nuestro primer escritor moderno: “El Perú señores, no podrá levantarse de entre sus ruinas mientras sus hijos sean hombres sin voluntad, sin patriotismo, sin unión, sin entusisamos.” (1)


Fue en estas tierras donde se emprendió una batalla contra la oscuridad de lo que por entonces se llamaba ignorancia. En los pueblos libres de las haciendas, donde no se era “burrito de hacienda”, Ascope, Chocope y Paijan, se crearon bibliotecas por iniciativa de los artesanos y obreros. Esta no fue una iniciativa única, ocurrió en todo el país. En 1907 en Ascope se funda la Liga de Artesanos y Obreros de Protección Mutua que con tesón puso en funcionamiento la Biblioteca Popular en 1913.

Mi abuelo, don Víctor Relucé, me llevaba cuando pequeño al local de la Liga donde funcionaba la Biblioteca, allí escuchaba hablar a estos viejos en un castellano retórico, cuyo juego era conversar rimando cada frase que se decían. Más tarde intenté visitar la biblioteca, pero cada vez que llegaba por las tierras de Ascope ya no tenía la suerte de encontrarme con los poseedores de las llaves de los estantes. Y bueno, no pude ver los libros, como si lo pude hacer en el colegio Ramón Castilla donde varias veces fui castigado y felizmente feliz porque me mandaban a la biblioteca.


Una conquista del pueblo


De esta suerte siempre fueron las bibliotecas, creaciones de la gente del pueblo y los trabajadores. En las haciendas azucareras las bibliotecas eran parte de la tarea sindical y los textos casi siempre para llevar a casa, que, por cierto, circulaban entre los pocos alfabetizados. En todas las haciendas desde en los inicios de la luchas sindicales estas pequeñas bibliotecas las acompañan, con todas las restricciones que imponían los dueños de la hacienda, en especial Gildemeister. Este prefería campañas inofensivas que se traducía en campeonatos deportivos.


Si las biblioteca tenían su lugar en los sindicatos, con la Reforma Agraria aparecía con mayor nitidez ese anhelo, esa lógica de progreso que creía firmemente en la lectura, en la escuela. Así, entonces, se fueron creando bibliotecas a instancia de trabajadores del azúcar, pero también de quienes profesaron siempre una lealtad cívica a cada uno de estos pueblos.

Cerrar la biblioteca de Roma


Es importante recordar que las bibliotecas aparecen como una iniciativa y como una propuesta de los sectores populares. Este fue el ánimo que preside la fundación de la biblioteca Roma. Así un hombre probo y cuya lealtad a Roma fue siempre puesta en primer lugar, asumió esa labor. Se trata de don Alberto Alva quien presidió la primera comisión pro biblioteca que fue acompañada por jóvenes entusiastas que colaboraron en este empeño. Fue así que los trabajadores en el gobierno de la cooperativa aceptaron la formación de la biblioteca. Esa biblioteca cuyos primeros libros se consiguió uno a uno, con el esfuerzo y participación de cada poblador (incluida kermeses, etc.).


Ahora, en mi estancia, me llegan noticias de que la empresa Casa Grande quiere cerrar este espacio cultural. ¿Cuándo ocurrirá? No lo sé. El antecedente ha sido la biblioteca Casa Grande. Entiendo, como todo poblano, de ocurrir esto, sería un verdadero atentado contra la cultura y contra el legado de los hombres y mujeres que siempre apostaron por el desarrollo en Roma, en Tulape. Así tenemos que estar atentos a defender nuestra biblioteca.

El revés: la biblioteca comunal Francisco Xandoval


Las tierras cañeras de Cartavio están bajo el mismo dominio de Casa Grande, el grupo Gloria. La biblioteca comunal Xandoval es una de las más activas en el Perú. Sin duda una de los focos más activos de la cultura en el valle Chicama. Su animador el poeta y profesor de Literatura Juan Manrique, uno de los más finos poetas que viven en el valle Chicama. El ha sostenido desde la fundación de esta biblioteca una batalla porque el libro llegue a manos de los lectores, en especial de los jóvenes. Sus viajes a la ciudad de Lima siempre fueron como embajador cultural del valle, y su buen tino siempre le permitió conseguir libros –claro algunos libros. Ese esfuerzo ha hecho que esta sea una biblioteca que compite con un legado bibliográfico nada envidiable con la Municipal de la capital del departamento de La Libertad.


Pero las noticias no son gratas. La misma lógica que se ha aplicado en Casa Grande se quiere aplicar en Roma y Cartavio.

Defensa, biblioteca regional y tarea edil


La defensa de las bibliotecas en los asentamientos de los nuevos terratenientes que se esconden en grupos económicos es una tarea urgente. No solo por el derecho que nos asiste como ciudadano sino porque no imaginamos en plena siglo XXI a empresas que consideran oneroso invertir en cultura. Pero esto insuficiente. Propongo tres tareas:


1. La primera: estar alertas con lo que sucede con las bibliotecas del valle Chicama, tanto en las capitales de distritales como en los asentamientos azucareros, donde la amenaza de lesa cultura es evidente.
2. En segundo lugar: propongo que todas las bibliotecas en las regiones tengan un espacio –virtual o real- donde la literatura regional tenga una expresión viva y real. Esto significaría que en cada la región, en el valle, en los distritos, que las bibliotecas tengan una orientación que haga visible a los autores de la región.
3. En tercer lugar, tenemos que reclamar a las autoridades ediles del valle Chicama una atención especial al tema, asunto que además, no solo es un problema de formación sino de ejercicio de ciudadanía. Por ello, tenemos que reclamar partidas especiales y alianza estrategias con los usuarios de la biblioteca y los agentes económicos.


Entonces, defendamos la cultural, defendamos las bibliotecas que nos legaron nuestros abuelos, abuelas, nuestros padres y madres.



Foto:
Alfonso Campo, fotógrafo de Roma, Tulape.



1 comentario:

Anónimo dijo...

ES IMPORTANTE QUE LA EDUCACIÓN SE ASUMA COMO EL PROGRESO DEL SER HUMANO...CON LA LECTURA SE HACE MÁS FINO EL CONOCIMIENTO QUE A SU VEZ PERMITE COMPETIR CON CALIDAD PARA UN FUTURO PROFESIONAL.

ES IMPORTANTE A SU VEZ....QUE QUIEN ESTÉ AL FRENTE DE UNA BIBLIOTECA SEA UNA PERSONA IDÓNEA PARA ESTE CARGO.

CARTAVIO, DEBE DE CONTINUAR CON SU BIBLIOTECA, COMO HASTA AHORA, PERMITIENDO EL INCREMENTO DEL ACERVO CULTURAL DE NUESTROS HERMANOS DE CARTAVIO.