domingo, 9 de mayo de 2010

Willanakuy por Gonzalo Espino Relucé



Estas dos semanas han sido de una importancia singular para la reflexión sobre la cultura andina. Se han defendido tres tesis en nuestras universidades (G. Damas, P. Landeo y O. Reginaldo), de las que daré cuenta en los siguientes post. Hoy voy a detener en la categoría Willanakuy.

El ninguneo o la ignorancia obvia la existencia de estas formas de identificar las formas de la palabra andina. Fray Domingo de Santo Tomás (1560) nos recuerda que “Villani.gui, o villacuni…hablar, o decir algo”.[1] E indica villacuni, gui para “Contante para contar/ contar razones”, lo distingue por cierto de “contar por numero”, quipponi,gui, o yupani, gui. Es Diego Gonzalez Holguín (1608)[2] quien precisa mejor el sentido del lexema: villani, villacuni “Referir, dezir, denunciar anunciar”. Cuyo campo semántico se amplia a relaciones que supone la participación de un-otro, esto es la necesidad de que exista de que acto comunicativo (uno que dice –escucha-, otro que escucha –dice-) sea activado, como respuesta al acto mismo de “avisar”, decir a alguien; o el esperar la respuestas villampuni (“Boluer con la respuesta) o la reiteración villapuni (“Tornar a dezir, o repetir”).

En mi trabajo de maestro para FLACSO escribí sobre willa-na-kuy en la idea de un acercamiento a las formas narrativas andinas quechuas. La palabra tiene una larga data. Jesús Lara fue uno de los que primeros intentó identificar las formas andinas en la lengua andina, así había escrito a propósito de Mitos, cuentos y leyendas de los quechuas (1973)[3]: “Como hay un nombre para el canto: taki, otro para la poesía: arawi, y otros para la obras teatrales: wanka y aranwa, hay también uno para el relato, en especial para le cuento: Jawa. Jáway o jawáriy es relatar, narrar cuentos”. En su Diccionario[4] anota “Apuskikuna yachanku ancha sumajta jawayta: Los abuelos saben contar cosas muy bellas)”; reitera que Jawa es “contar, narrar, relatar”, y distingue willay de yupay, la primera como “Avisar, anoticiar, comunicar, denunciar”, la segunda: “Contar”, con el sentido de cantidad.

Willanakuy como categoría recuerda, en primer lugar, que la relación de un evento narrativo solo es posible si existe un-otro, decir, solo si hay un uyari-q que acepta o se incorpora a escuchar a un rima-q. Esta primera condición es la que tenemos que asegurarnos que exista y hablamos del evento, en segundo lugar, como la realización oral del relato y todo lo que ocurre en ese momento único que es el narrar oral. Actualmente la categoría se restringe a las formas de narrar que se asocian a los usos de la palabra que nos hace ver y vivir aquello que no es posible de otra forma, y aunque sepamos que aquello no es posible, lo damos por cierto. En los tiempos actuales se confunde y se utiliza con la kwintu. Forma que hace rato se ha incorporado al léxico quechua.

De primera intención, entonces, la relación uno a otro sugiere un momento en que se narra y un espacio en que se narra. No imaginamos a un narrador quechua -o andino- contando en cualquier momento, sino siempre a partir de una circunstancia que permite que la magia del habla sea posible, pero a la par, definitivamente, un lugar que se combina para que el relato instale su autoridad como tal. Así, el caminar por los lares de la huacas supone la reactivación de la memoria; la evidencia, además, de que la huacas están en y con nosotros.

Comparto con Zenón de Paz la necesidad de volver sobre el estatuto discursivo de los relatos y nos recuerda que hay que relativizar la idea de público en sentido moderno de la palabra, es decir, la de meros espectadores. Los uyarikuy no son exactamente público, son centralmente los que pausan el relato, los que ponen en duda lo que se narra, los que aventuran preguntas, los que enmiendan o los que acusan pasajes que acaso el narrador o narradora ha olvidado. El concepto público tal como lo he utilizado hasta ahora tiene el límite que nos lleva a la esfera de los espectadores, oculta que el que escucha es un protagonista de la realización del relato, propio y característico de willanakuy.


[1] Fray Domingo de Santo Tomás. Lexicón o vocabulario de la lengua general del Perú. Lima: Facultad de Letras - Instituto de Historia, UNMSM, 1951.
[2] González Holguín, Diego. Vocabvlario de la lengva general de todo el Perv llamada Lengua Qquichua o del inca. Lima: Universidad Nacional Mayor de San Marcos, 1989.
[3] Lara, Jesús. Mitos, cuentos y leyendas de los quechuas. 2ª ed. Cochabamba: Los amigos del libro, 1987.
[4] Lara, Jesús. Diccionario Qheshwa-castellano/ Castellano-Queshwa. 4ª ed. Cochabamba: Los amigos del libro, 1997.

1 comentario:

Sonia Luz dijo...

Muy interesante. Gracias, por la información que nos descubre la riqueza conceptual de un pueblo a través de la lengua.