jueves, 9 de julio de 2009

Pensamiento político y representación de los discursos literarios andinos de fines del XIX, por Gonzalo Espino Relucé


Los finales del siglo XIX revisten importancia para el mundo andino puesto en este período se reestructura o se piensa los estados modernos;[1] los manuales quechuas hablan precisamente de la posibilidad de incorporar al “hermano indio”[2] que no pertenece exactamente aquello que se llama ciudad por entonces. De otro lado, hay también una distintiva forma de lo que ocurre con los estados nacionales como naciones inconclusas.


Se ha producido, como dice Norbert Lechner, la superposición de “dos tareas: conquista de la unidad territorial e integración de la comunidad social” abordada como “continuidad con el orden colonial, respeto por la antigua división administrativa de las regiones y por la estructura jerárquica de las formaciones sociales.”[3] Lo que se produce con la independencia “no es una lucha 'antifeudal' contra un orden social basado en privilegios”, es por el contrario, su prolongación, relegando el desarrollo del capitalismo, que bien se ilustra en la imagen de la “república aristocrática” que difundieran Manuel Burga y Flores Galindo, es decir, naciones gobernadas como casa–hacienda[4] ; de un tipo estado que bien se correspondería con la ciudad.


El caso peruano es ilustrativo. Luego de la guerra del Pacífico, el estado peruano es el espacio de la representación política de las capas terratenientes y criollas. Si interesan los indios es en la medida que contribuyen al erario nacional. La idea de nación está distante del indio, y mucho más todavía la de Estado. Es manifestación de la ciudad o más precisamente, del posesionamiento de la obediencia aristocrática y la jerarquización social y cuyos símbolos mayores son el desorden y lo imprevisible de los gobiernos o la representación de una autoridad que aparece como representante del espacio central del poder; y, en el peor de los casos será el héroe olvidado que sólo se recuerda porque existe una memoria local. Los instrumentos del estado no proveen lo que sus cartas anuncian, se trata por el contrario de esa alquimia de la frustración de aquello que fue imaginado como realización colectiva.


Esto que estoy aludiendo se puede revisar en el grueso de la literatura andina. No ya sobre un tópico clásico (el indio), sino lo que está alrededor de esas imágenes y lo que se aprecia más allá, en los bordes del relato. No nos interesa pues detenernos en las estrategias discursivas de esta literatura sino en lo que podemos hallar en los márgenes de esos narrativas que revelan las relaciones de un estado constituido como ciudad–estado, como representación del desorden y como olvido. De esta suerte, la literatura andina no deja de recoger elementos simbólicos de lo que está sucediendo en los discursos de la nación como acción política. Esto lo podemos leer en varios textos del período: en Aves sin nido (Perú, 1889) de Clorinda Matto de Turrner, en los Cantares del pueblo ecuatoriano (Ecuador, 1892) de Juan León Mera y en Mis Montañas (La Rioja, Argentina, 1893) de Joaquín V. González.

Este conjunto textual pone de manifiesto una realidad antes invisibilizada que comienza a circular en el espacio de la ciudad letrada. Al hacerlo, como he dicho, se vuelve sobre una noción básica: el espacio político cala como representación en formas literarias ya que se ven interpelada por el período. Es decir, en los textos elegidos me interesa, pues, poner de relieve como el pensamiento político es parte del discurso literario y cuya metáfora será la ciudad.


Referencias:
[1] Esta comunicación es parte de la ponencia que he leído el día de hoy (9 de julio) en Homenaje a Tomás Escajadillo en el Coloquio Internacional de Crítica Literaria Tomás G. Escajadillo. La he titulado "Aves sin nido: Lima/ Kíllac. Imágenes de la ciudad y la choza, pensamiento político y representación de los discursos literarios andinos de fines del XIX", el texto tiene su origen en la Escuela Andina de Postgrado, Cuzco.
[2] Pienso en Achorena con su Gramática Quechua (Lima, 1876) y en Cordero con su Diccionario Quichua (Quito, 1892) que coinciden en la importancia del quechua, pero para incluir al indio en su programa civilizatorio.
[3] Lechner, Norbert. La crisis del estado en América Latina. (Caracas, El Cid Editor, 1977); pp. 41-42.
[4] Manuel Burga (y) Alberto Flores Galindo (1980): Apogeo y crisis de la república aristocrática. 4ª. ed. Lima: Ed. Rikchay Perú, 1987.

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