martes, 2 de junio de 2009

La Plática de fray Domingo de Santo Tomás, a propósito de dios y zupay por Gonzalo Espino Relucé

La Plática de fray Domingo de Santo Tomás, a propósito de dios y zupay

Gonzalo Espino Relucé

Para 1560 ya se tenía claras noticias de los indios de Sur, de lo que para entonces se llamaba ya Perú. Sin duda, Domigo de Santo Tomás hace el mejor elogio de la lengua general de los indios. Si el elogio a la lengua quechua es un elemento trasciende sus propias indagaciones, es mucho más interesante la producción textual que registra. Se trata del primer texto evangelizador publicado en su Grammática o arte de la lengua general de los indios de los reynos del Perú.[1] Las transcripciones más importantes ha corrido de la mano de Cerrón Palomino (1995: 172-179) y Gerald Taylor (2001: 446-451, Annexes A y B).[2]

Como contexto, corresponde recordar que en estas tierras tuvieron lugar, durante el siglo XVI, los concilios latinoamericanos que asumieron la forma de las ciudades donde se realizaron. Se trata de los limenses y los mexicanenses, fueron reuniones confesionales exigidas para ponerse de acuerdo sobre la predicación en estas nuevas tierras y al mismo tiempo para acatar la normativa que devino del Concilio de Trento, sobre todo en la segunda mitad del siglo.

La “Platica para todos los Indios (Llapa Runaconapac Conasca)” (1560) de fr. Domingo Santo Tomás
[3]resulta una pieza retórica de suma trascendencia para la escritura quechua y la forma como la sensibilidad andina se verá afectada por una cosmovisión que se consideraba así misma como única y universal. Así entonces, en la escritura de esta predica para indios, el escriba tenía que adaptar conceptos propios de la tradición cristiana y que adicionalmente mostraban una complejidad enunciativa al considerar al dios cristiano como único y trino. Esta complejidad estará a su vez asociada a uno diferencia del humano respecto de los animales y cosas: la idea del alma. El nuevo concepto que aparece será el de pecado, en el sentido ortodoxo de la iglesia Católica. Y según se haya cumplido con los mandamientos, la gente podía ir a un lugar llamado cielo o al infierno. Al tiempo que ofrecía una historia universal única, cuya ascendencia se remontaba a los padres originarios (Adán y Eva) y la instalación de un concepto como pecado.

Por cierto, lo más interesante será lo que ocurre con conceptos nuevos que aparecerán en este discurso: cielo e infierno, como espacios imaginados donde tras la muerte uno vive eternamente (o, hasta el Juicio Final). Por lo que en términos doctrinales se crea una imagen de lo impertinente que resulta adorar a dioses locales porque dios se molesta y por ello entonces, hay que convertirse en cristianos.

La predicación pone a un sujeto hablante en la postura de hermano –mayor, debemos imaginar- y al mismo tiempo en su condición de “padre” o “adulto”, para dirigirse a su(s) “hijo(s)”. Si para ubicar esta relación no hay dificultad si lo hay en relación a la nominación que la tradición cristiana traía para el siglo XVI, ¿cómo identificar el concepto Dios? En quechua el vocablo que más se aproxima sería kay, que para Diego González Holguín se traduce como “Cay. El ser esencial de naturaleza o esencia. Diospascayñin. El ser de la divinidad, o esencia divina”. El término resulta insuficiente para hacer patente la noción del dios cristiano. Por ello, el enunciado prefiere el uso de dicha palabra pero acompañada de dos que describen capacidades de las deidades locales: se apela al verbo rura- y kamay-, para dar una identidad que sugiere lo siguiente el dios que hace y ordena. De esta forma se prefiere utilizar:
Dios ruraque(n)chicpa camachicuscanta
/Dios rurakinchispa kamankusqanta/.

La segunda distinción que establece es entre gente y animal, así entonces, se plantea el tema de la muerte, ¿cuándo esta ocurre, a donde se va? Y esto pasa por cumplir o no los mandatos de “dios rurakinchispa kamankusqanta”. Se establece una distinción, los animales muerte de carne y hueso; la gente muere de carne y hueso, pero se queda, por que tiene alma. Y alma o espíritu es lo que se tiene que nominar, para hacerlo Domingo de Santo Tomas asume esta distinción: “songonchic camaquenchic” /sunkunchik kamaqinchik/. La noción de corazón se vincula alma.

A partir de esta distinción el autor señala que aquellos que cumplen van a la morada de dios, en caso contrario irán a la “tierra del diablo”. Nominación que teje dos semas consecutivos, primero el sujeto y luego, el espacio. Espacio y sujeto están íntimamente relacionados. Los que cumplen irán a la casa de “Dios rurakinchispa kamankusqanta”, que es descrita de este modo: “hanancpachaman paypa guacinman” /hanan pachaman paypa wasinman/. En caso contrario, se observa lo siguiente, la nominación es “tierra del demonio”, que signa así: “vcupachaman çupaypa guaciman” /uku pachaman zupaypa wasiman/.

Si se aprecia con detenimiento, la nominación supone apropiación de categoría básicas del mundo indígena y a la par una resemantización de lexias de uso en este territorio. Así hanan pacha pasa de ser una descripción física, a una que tiene contenido cristiano (morada de dios); como ukhu pacha la idea de tierra del diablo. Sobre el concepto de dios ya hemos adelantado algunas ideas, me detendré çupay.

Çupay /zupay/ no connotaba el sentido que desde fines del XVI es usual, era una categoría genérica. El propio Domingo de Santo Tomás expresa la ambigüedad del nombre elegido, así çupay será una nominación dual, necesita ser calificada para definirla. Lo relaciona a concepto con ángel, por extensión con diablo. Escribe: “Diablo… mana alliçupay”, pero también “Ángel bueno… alli çupay” y “Ángel malo… mana alliçupay”, estas entradas pueden compararse con las quechuas. Solo en la definición espacial varía y es taxativo: “Çupaipa guacin… infierno, lugar del demonio” (279). La Doctrina Christiana (1584) lo registra como “Çupay, Diablo ƒutioc”. Para 1608, Diego Gonzalez Holguin la ambigüedad ha desparecido y se identifica con el concepto cristiano de diablo: çupay.

Más allá de las nominación, la resemantización y el uso de la lengua está sin duda cómo se vio afectada la sensibilidad indígena. En nuestra cultura existían dioses dominantes, pero cada segmento social tenía los suyos propios; pero con seguridad lo que más alarmó eso de los “mandamientos” y el destino que nos esperaba cuando moríamos, un lugar eterno del castigo, cuando aquí la muerte no se pensaba como un temporada infinita sino bajo un concepto de transitoriedad.

[1] Santo Tomás, fr. Domingo. Grammática o arte de la lengua general de los indios de los reynos del Perú. Estudios y notas de Rodolfo Cerrón-Palomino. Cuzco, Centro de Estudios Regionales Andinos Bartolomé de las Casas, 1995.
[2] Gerald Taylor, “La Plática de fray Domingo de Santo Tomás (1560) en Bull.Ints.fr.études andines, 2001, 30 (3): 427-453.
[3] Trabajaré, en esta ocasión, con la trascripción de Gerald Taylor (2001)

Imagen: Quetzacoalt
© Gonzalo Espino Relucé.
mayo 2009

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Por favor me gustaria mucho y estaria muy agradecido si me lo envian el website de este docuemnto llamado: "la platica para todos los indios"
Mi coreo electronico es : karlokamack@rocketmail.com

muchas gracias
Karlo

Anónimo dijo...

Que gran documento sobre la evangelizaci0on del Peru. por favor quisiera tener copia de este documento en Ingles or espanol...
Les estaria sumamente agradecido. Mi correo electronico es:
tamburco58@gmail.com

espero pronto saber de ustedes

Dino