sábado, 27 de septiembre de 2008

Adolfo Vienrich, 100 años después/ Solidaridad con Cuba


Adolfo Vienrich, 100 años después

(1867-1908)


por Gonzalo Espino Relucé


Se ha escrito muy poco sobre la personalidad de nuestro héroe cultural. Pertenece a esa generación que “Para nosotros –decía la gente de la Aurora-, el señor Vienrich adolece de un defecto como todos los utopista que hacemos alarde de pertenecer á la escuela de González Prada, de no haber nacido para arrastrarnos á los pies del poderoso”[1], es decir, a esa generación de intelectuales radicales que en Tarma se pusieron a la vanguardia de la defensa de un proyecto que piensa la región en términos modernos, desde la idea del progreso por lo que tienen que superar el oscurantismo, la brutalidad y la ignominia que era incentivada por la iglesia, los conservadores, los terratenientes ajenos a los aguijones de la modernidad burguesa. Por eso, no es raro que este núcleo, sea el que anime semanarios como La Unión y Aurora, primero, luego La Aurora de Tarma, y quienes están al frente de éstas sean los más preciados e ilustres intelectuales tarmeños –y tarmeñistas-, me refiero, claro está a Adolfo Vienrich, a Enrique H. Díaz y a Enrique Hërr, intelectuales que a inicio de siglo se convierten en los animadores de la escena cultural y social de la pequeña aldea aristocrática llamada Tarma. En sus páginas se leen ideales asociados a los más interesante de la intelectualidad internacional, Leopaldo Lugones, Vargas Vila, Joaquín Dicenta, a más del propio Manuel González Prada. En el plano del discurso siguen con atención lo que sucede en el mundo y lo que ocurre en el escenario del centralismo, Lima. Estos discursos tienen un tono claro, dar luz, hacer efectiva la “pacha-huaray” nutridos como estaban del radicalismo, desarrollan una triple labor: 1) reivindicación social del indio y el obrero; 2) lucha contra el alcoholismo y programas higienistas; y, 3) la educación de las clases populares. Esto explica el tono de denuncia y polémica en sus escritos y el carácter didáctico de sus textos.

Pero, ¿cuál era la personalidad de Vienrich? En pocas palabras podrían ser resumidas: moderación en sus actos, serenidad e inteligencia en lo que dice. Desde sus inicios, como intelectual, a Adolfo Vienrich lo vemos escribiendo en la Gaceta Científica, este aprendizaje no va a quedar atrás pues será lo que inspira en adelante su trajinar como intelectual. Así, encontramos desde El Aliso Silvestre un conjunto de artículos, entre los que destacan los publicados en La Prensa. La sensibilidad científica abriga dos elementos fundamentales, cómo aprovechar las riquezas nacionales y cómo servirse de estas en el tratamiento de enfermedades. Pero esta sensibilidad científica se convierte en social cuando tiene que explorar nuevos campos y advertir la importancia de los indios en la constitución de nuestra nación, aparecen un conjuntos de preocupaciones que serán abordadas en su más importante libro Tarmap Pacha Huaray. Hay un regocijo estético al encontrar que los indígenas desarrollan diversas formas culturales. Estas, a su vez, se traducen en su conocimiento del quechua, en sus recopilaciones del cancionero y relatos orales andinos, en el uso de la lengua y en sus reflexiones sobre la vindicación del indio como sujeto social y como sujeto productor de cultura.

Así lo reconoce tempranamente Ricardo Palma, “Aconsejo á U. que prosiga con ahínco en ese género de estudios lingüísticos, pues reconozco en U. dotes sobresaliente, para cultivarlo con mucho éxito. […] Por si en algo pudiera servirle le acompaño un ejemplar del librito Papeletas lexicográficas, que dí a la publicidad ha dos meses. Con lo poquísimo, casi nada que del quechua conozco, no pude sacar todo el partido que á U. le es fácil obtener sobre muchos peruanismos”
[2].Este reconocimiento de la intelectualidad no viene sólo del tradicionalista sino de Abelardo Gamarra, El Tunante, que lo reconoce como el fundador del folclor y, por cierto, del aprecio que gozaba de intelectuales como Max Uhle. Personalidad que en la acción social se vio también tamizada por la modestia y la apuesta del bien común. Lo dicho aquí tiene que ver con ese colectivo en tanto hombres que aportan al desarrollo de Tarma, emprenden el proyecto de mejorar la salubridad de la región que suponía políticas de prevención (amenaza de la peste bubónica, v.g.). Lo propio en relación a las ideas progresista como las carreteras, la conquista del Oriente Peruano y el trato equitativo en el trabajo. Cuando se estaba haciendo la carretera Oroya-Tarma, Vienrich pone primero los intereses de la comunidad; por eso, puede suscribir, lo que le decía A. E. Bedoya en su carta del 3 octubre 1903: “Yo soi muy práctico, amigo mío, yo lo que quiero i anhelo es, que haya carretera, aun que la obra se la atribuya al celador de la esquina”[3]. La misma moderación con que acepta las iniciativas de otros colegas suyos es la que tiene cuando se trata de organizar un discurso. Y esto es lo que vale en su propio quehacer como intelectual.

Adolfo Vienrich suscribe el acta de fundación de la Unión Nacional, por entonces, era estudiante de la Facultad de Ciencias de la Universidad de San Marcos. Su formación está vinculada a los aportes de positivismo y su sensibilidad social moldeada por las voces que pronuncia Manuel González Prada. Su tesis de bachiller en ciencias El Aliso Silvestre (1888) tiene esa inspiración. Las dificultades por las que atraviesa su familia y, por cierto, la necesidad de proselitismo, lo embarca, a una estadía sin retorno en Tarma. Y digo esto porque hay que recordar, que Adolfo Vienrich se había inscrito para estudiar Medicina en la Universidad de San Marcos. Regentará la famosa farmacia Progreso desde 1897, nombre que simbólicamente orienta su quehacer. Esta farmacia proveía a la población tarmeña los fármacos más actuales del mercado de inicios del siglo xx; amén de su vocación de médico rural, por eso el uso de las plantas medicinales, con las que atendía con mucha amabilidad a los indios que llegaban a su dependencia. Positivismo y sensibilidad social que lo llevan a nuclear a uno de los más importante movimientos locales, me refiero a los radicales de Tarma.

Si hay que calificar la obra educativa de Adolfo Vienrich diremos que la suya es una permanente propuesta de innovación, pensada en lo que contemporáneamente llamamos interculturalidad. Así dos ideas presiden los trabajos educativos de Vienrich: la necesidad de adecuar cualquier material educativo al educando y de otro lado, que este material este en consonancia con contexto socio-cultural del estudiante
[4]. Esta se puede apreciar en su Métodogía de la Lectura y Metodología del Cálculo (1903) en las que Vienrich ilustra a los maestros la necesidad de manejar un método que promueva que la relación con los estudiantes sea exitosa. Sin duda, el mayor proyecto educativo se cifra en ese texto que trabaja para los alumnos rurales y que, el pensamiento educativo peruano, simplemente ha olvidado, me refiero a Silabario Tarmeño (1904). Se sabe que publicó también un libro de lecturas que no ha llegado a nuestras manos. Sí en cambio se tiene noticias del original de Cartografía. Este cuadro se completa con las notas del autor sobre diversos temas que van de una reflexión sobre la actividad política, pasando por asuntos lingüísticos, hasta llegar sobre al tópico de la peste. La compilación y la bibliografía completa aún se haya en ciernes (Espino 2004, Morales 2005). Uno de los problemas para el acceso a los textos es la inexistencia de las colecciones completas de periódicos de la época, como La Integridad o de La Aurora de Tarma, estas últimas en los repositorios a los que hemos accedido son exactamente incompletas.

¿Cómo entonces definir la vida de Vienrich? Creo que es la del hombre trágico, de aquel que creía que es posible soñar con un mundo armonioso y con todos los beneficios de la ciencia. Un hombre trágico que supo sopesar su ingenio con el tiempo de tormenta, el hombre que sintió en la piel el llamado sublevante del mestizo que estaba en él y que nos dejó la lección más sincera de la cultura y ejemplo de lo que los intelectuales de este siglo debemos confrontar modernamente. Sinceridad en la palabra, consecuencia con la ideas, solidaridad a prueba de todo. Integridad y legitimidad como era su propuesta de pacha huaray, aurora para los hombres y mujeres que llegan: “En lo alto de su magnifico carro, conducido por corceles de roja piel, viene á regenerar la naturaleza, viene á difundir la luz de la verdad é iluminar con su vivos resplandores á todos los que vivimos entre sombras i tinieblas. Levantaos de vuestra postración!”
[5], mejor aún, la afirmación “Aurora!/ Simbolizas redención”[6] que para los radicales será la conquista de “libertad y justicia”.

Notas:

[1] “Actualidad” en Aurora i-6. Tarma, 6 diciembre 1903; p. [5]. Esta sección desagravia a Adolfo Vienrich que ha sido insultado, hostigado por los conservadores de El Orden a propósito de la defensa del indio.
[2] Cf. Carta de Ricardo Palma a Adolfo Vienrich, fecha en Lima, 17 de noviembre 1903 en Aurora i-5, Tarma, 6 de diciembre 1903; p.[2, bajo el epígrafe “Actualidad”].
[3] Carta de A.E. Bedoya a Adolfo Vienrich fechado en Lima, 3 octubre 1903. Aurora i.6.
[4] Aún los trabajos sobre la labor educativa se circunscribe básicamente al aporte de Joaquín Ferrer Broncano: La labor educativa de Adolfo Vienrich. Hay relativo interés por la obra de nuestro autor, remito a “El Silabario Tarmeño y otros métodos de lectura” (2005), de Silvia Apaza Espinoza (véase: http://www.unmsm.edu.pe/coloquio).
[5] Un indio. “A Aurora” in Aurora, Semanario radical, año I, nº 8. Tarma, domingo 27 de diciembre 1903; p.[1]. (“Aurora”, editorial).
[6] Cf. Aurora nº 2. Tarma, 13 de noviembre 1903, p. [3].

/SOLIDARIDAD CON CUBA/

La alforja de Chuque, nº 20

Foto: Adolfo Vienrich, tomada de Corona Fúnebre (1908).

© Gonzalo Espino Relucé, 2008

1 comentario:

Anónimo dijo...

SOLIDARIDAD CON CUBA POR ESTAR PRESA DEL DICATOR HIPOCRITA DE CASTRO YS SU SECUACES COMUNISTAS RETRASADOS


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