lunes, 12 de mayo de 2008

Tarmap pacha huaray, Adolfo Vienrich (7; pp. 1-20) ed. anotada por Gonzalo Espino

Tarmap Pacha Huaray
Nuna shimi chihuanhuay

Edición anotada por Gonzalo Espino Relucé en Homenaje a Adolfo Vienrich (1867-1908)

Tarmap pacha huaray (7)




[1]Literatura incaica

La realidad, he allí el origen de la literatura.

Brilla por su originalidad, con vida exuberante como el cedro de sus montañas, cuya copa se pierde en las nubes, pero sin olvidar que sus raices están arraigadas en el suelo, de donde toma su sustento y su fuerza.
[1]

Coetánea la literatura con su existencia social, los incas bebían su inspiración en la naturaleza: era aquí donde tomaban sus modelos, sus reflejos los percibimos tanto en sus monumentos como en sus producciones literarias, en los que domina siempre un pensamiento uniforme y original:
[2]

Uniformidad que arrancó a Humboldt las siguientes observaciones: "Imposible es examinar con atención un solo edificio del tiempo de los incas sin reconocer el mismo tipo en los demás que existen en la superficie de los Andes en una extensión de mas de 400 leguas, desde 1000 a 4 mil metros de elevación [2] sobre el nivel del Océano. Parece que un solo arquitecto ha construido este gran número de monumentos."

Sencillez, simetría y solidez, he aquí los tres rasgos característicos, que distinguen de una manera ventajosa a todos los edificios peruanos. Por la sencillez corresponden a las costumbres de un pueblo agricultor; por la solidez representan el pensamiento de un gobierno, que se creía perpetuo con el paternal apoyo del astro del día, y por la simetría que resalta en todas sus partes, reproducen el orden maravilloso que caracterizó a la civilización imperial. Todo hombre sensible a la acción de la armonía no puede menos de reconocer una sociedad apacible y completamente arreglada al percibir las formas simétricas de los edificios, el concierto de los colores, las dulces melodías y los encantos de las armonías poéticas, vivos y fieles reflejos de las aspiraciones, leyes y costumbres, que bajo los sucesores de Manco Capac regularizaban la vida de los antiguos peruanos." Después de haber recorrido el Perú y admirado sus monumentos, Markham dice: "no hai necesidad de examinar uno por uno los pueblos y los cementerios, las fortalezas y los santuarios, los acueductos y los andenes; con solo considerar su portentoso conjunto se [3] convencerá cualquiera, de que esas empresas ciclópeas no tienen rival ni aun en este siglo, cuya industria es fecunda en obras maravillosas."
[3]

"Nada hay entre las construcciones funerarias de los antiguos americanos, nada que supere á estas chulpas (tumbas de los incas) con monumentos admirables por su elegancia y sencillez. Tienen mucha analogía con algunos edificios de la India y con las torres pelásgicas que se ven todavía en Italia.

Squier, el arqueólogo más conocedor de las antigüedades americanas, por su parte: "separad las construcciones superiores de los mejores edificios de nuestras ciudades, y pocos, si hay algunos, dejarán a descubierto cimientos puestos con tal cuidado, y ninguna de las piedras cortadas con tal esmero o tan admirablemente ajustadas. Y yo puedo decirlo una vez por todas, pesando cuidadosamente mis palabras, que en ninguna parte del mundo he visto piedras cortadas con tal precisión matemática y admirable habilidad, como en el Perú. Nada nuevo puede ya hacerse en el mundo en ensambles y obras de cantería que sobrepase en pericia y habilidad a las construcciones de los incas en la ciudad del Cuzco."
[4]

Si de las construcciones arquitectóni[4]cos pasamos a las esculturas, a los llamados huacos, encontraremos el mismo concepto en vasos de oro, plata, cobre y barro que con toda fidelidad representan la fauna y flora peruana; figuras fantásticas aladas, bailes de guerra, un baile de la muerte, en la que el músico es un esqueleto y toman parte en el personas de todas edades. Un vaso representa la cosecha del maíz y de cada mazorca asoma la cabeza de un niño. Algunas de estas garrafas son de tres pies de alto, las más tienen la forma de cabezas tan perfectas y con tal variedad de expresiones que parece hayan sido tomadas del natural y en nada difieren de los etruscos. Uno de estos vasos que es la figura de una mujer sentada, con unas ramas y hojas de coca a su alrededor, representa la cosecha de coca. Otro simboliza el Dios de las aguas, y un otro, en forma de cerro con un gran barranco, en cuyo fondo se ven cadáveres que aves de rapiña destrozan, y en la cima figurada una casita con su centinela asomándose. Era probablemente la roca Tarpeya de los incas. Canastas de barro con maíz, maní, papas, etc., todo de arcilla. En trabajos de metal, un collar formado de esferas grandes huecas de oro en forma de cabezas humanas, disminuyendo de tamaño, y unidas por un engar[5]ce de oro. Mariposas de oro tan sutiles, que volaban en el aire antes de llegar al suelo
[5] y multitud de ánforas en que cada una encierra ya una leyenda fantástica o real, ya una historia, ya una creencia, ya una obscenidad; o un fenómeno de esa naturaleza que a porfía procuraban trasladar, les servía de tema, para ejemplo de las generaciones futuras.

Admiradores pues de la naturaleza, de la que copiaban el motivo, y como tales, eminentes observadores, su literatura, natural y lógicamente debía reflejar ese estado de ánimo por la que se mostraban tan apasionados. Los fenómenos naturales y los diversos accidentes, eran la materia que sus alfareros y artífices como sus poetas y literatos, cantaban y comentaban, pasando de lo sublime a lo pornográfico y cultivando todos los géneros literarios desde la onomatopeya o armonía imitativa en que abundan todas sus composiciones. Ora remendando el ruido de las cascadas, ora el tronar de los cielos. Ora el estampido del rayo. Ora el cantar de las aves, el arrullo de la cuculí y el rodar de los peñascos en el huankascca y el huayari. Primeros esbozos del sentimien[6]to literario que se eleva a la poesía
[6] pastoril con las églogas (haylli), y la erótica (huaylli), hasta la lírica con los idilios y elegías (yaravíes), para alcanzar lo sublime y maravilloso en su himnos; lo real en su sátiras; lo epigramático e imaginativo en sus alegorías, apólogos y cuentos; y lo épico en sus dramas y tragedias.[7] Toda una literatura completa y original, con un mismo sello de uniformidad en el concepto, pero de variedad en la forma, de la que fatalmente no han llegado hasta nosotros sino pequeños fragmentos mutilados horrorosamente por los escritores y por la tradición. Sólo se ha conservado una que otra égloga y los yaravíes, de sus poesías; los cuentos y las fábulas que para hablar al pueblo los amautas habían utilizado enseñándoles bajo esa forma alegórica la verdad y la virtud, alejándoles del vicio y el error. Eran las únicas formas que podían sobrevivir: las primeras como el lamento espontáneo de una raza subyugada y tronchada en plena evolución; las segundas, porque el velo con que se cubren, su lenguaje figurado, la sustraía a ese círculo de hierro en que se vio encerrada la raza, por la esclavitud política de un lado y el yugo intolerable del fanatismo religioso por el otro.

[7]Por su carácter eminentemente popular y del fuero íntimo se han conservado las fábulas, pero inaccesibles por eso mismo a los historiadores, de los que no hay uno solo que haga mención de su existencia entre los incas, a pesar de no existir pueblo en el mundo que dejara de emplearlas en sus edades primitivas como el mejor medio de insinuar en el pueblo con imágenes claras y perceptibles, ciertas verdades universales y de sana razón, y de dar forma corporal a máximas y reglas de conducta.

Hay quien asevera que la fábula nace bajo la tiranía y a la sombra del despotismo y la esclavitud prospera. Se cita entre otros apólogos el famoso de Esopo. Las ranas pidiendo rey para aconsejar a los atenienses sufriesen con docilidad el gobierno de Pisístrato. Nathan reprendió a David su crimen y consiguió su arrepentimiento por medio del apólogo El Rico y el pobre. Esopo salvó a un gobernador con el de La zorra en el foso, y Menenio Agripa, calmó a la plebe romana con el de Los miembros y el estómago.

Así como no falta quien asiente que la literatura sirve para dorar los grillos de la esclavitud y hermosear el edificio de la tiranía.

[6]De la poesía solo mereció los honores del conquistador, la forma erótica como el yaraví. Adaptable a su romancesca vida de galantes aventuras, y así pudo escapar sus desdén, y a la persecución de los moralistas de la Inquisición, que fulminaron sus rayos contra el Manchay puytu y la quena tocada dentro de un cántaro, hasta hacerlas caer en el más completo olvido, por altamente sacrílegas, a causa de la leyenda a que dieran origen.

Por esto, historiadores llenos de talento y espíritu observador, únicamente consagran su atención a la poesía incaica, y uno de los que más extensamente se ocupa, el Dr. Lorente la juzga así:

"La poesía verdadera síntesis del arte, además de sentir las influencias inspiradoras hallaba el instrumento mas favorable para las composiciones mas variadas, en el quechua, de sonidos musicales, de[8] enérgica concisión, pintoresco y apropiados para expresar con viveza y dulzura toda suerte de conceptos. Los haravic o poetas se distinguieron en los principales géneros poéticos, luciendo su genio inventivo en versos por lo común cortos, pero haciendo sentir los encantos del ritmo en la sucesión melódica de las sílabas. Cada canción tenía su tonada conocida por si, y no podían decir dos canciones diferen[9]tes por una tonada; y esto era porque el galán enamorado, dando música de noche con su quena, por la tonada que tenía, decía a su dama y todo el mundo el contento o descontento de su ánimo, conforme al favor o disfavor que se le hacia: y si dijeran dos cantares diferentes por una tonada, no se supiera cual de ellos era el que quería decir el galán, de manera, que se puede decir, que hablaba por la flauta. Un español topó una noche, a deshoras en el Cuzco, una india que él conocía y queriendo volverle a su posada, le dijo la india: señor déjame ir donde voi, sábete que aquella quena, que oyes en el otero me llama con mucha pasión y ternura, de manera que me fuerza a ir allá; dejáme por tu vida que no puedo dejar de ir allá, que el amor me lleva arrastrando para que yo sea su mujer y él mi
marido.

"Aunque en la poesía predominaba la expresión melancólica era porque ella reflejaba fielmente la vida; cuando nada vino a turbar el orden de sus pensamientos, permanecían largas horas inmóviles y silenciosos, pudiendo tomárseles por la estátua del dolor; no podía entregarse a las expansiones del gozo por la estrechísima sujeción y el réjimen monástico en que vivían, el espionaje inquisitorial, [10] que de continuo se ejercía sobre sus palabras i movimientos, la disciplina rigurosa que reprimía los menores extravíos, i el pensamiento de la muerte, que se mezclaba a todos sus actos i pensamientos. Para los que vivían retirados en heladas punas, los colosales nevados, los horribles precipicios, las lluvias de rayos, i el aspecto monótono del amarillo pajonal, no podían dejar de llevar el desaliento i a veces la desesperación a los espíritus que la heredada tristeza había abatido: era de recelar la muerte por consunción o el suicidio."
[9]

Este juicio que termina con un pronóstico tan lúgubre, es aún favorable para la literatura de los incas. Pues no han faltado quienes les hayan negado, cultura e inteligencia; han ido más lejos todavía, hasta pretender desvirtuar las aseveraciones de los contemporáneos, a pesar de existir documentos y citas tan precisas como las de Juan Betanzos
[10], uno de los primeros historiadores del Perú y que las bebió de los mismos labios de los incas, cuya lengua llegó a poseer. Así, al hablar del inca Pachacutec, nos da las primeras noticias de la existencia de la lírica heroica al escribir que: "Mandó el emperador Pachacutec a estos mayordomos y cada uno por si, que [11] luego hiciesen cantar, los cuales cantasen estas mamaconas y yanaconas en loores de los hechos que cada uno de estos señores en sus días hizo: los cuales cantasen ordinariamente todo tiempo que fiestas hubiese; cantaban cada servicio por su orden y concierto comenzando el tal cantar o historia y loa, los de Manco Capac: para que de aquella manera hubiese memoria de ellas y sus antigüedades.["]En el cual cantar, decían y declaraban la venida que Uscovilca había hecho sobre ellos, y la salida de Viracocha, como Inca Yupanqui le había preso y muerto, diciendo que el Sol le había dado favor para ello como a su hijo, y como después, así mismo había desbaratado, preso y muerto a los capitanes que había hecho la junta postrera." [11]

Mas no solo eran cantares, sino que Cieza de León, el único español verdaderamente historiador, serio, ratifica lo dicho por Betanzos con estas palabras:
"Usan, dice, por los del Callao (sic), de una manera de romances o cantares con los cuales les queda memoria de sus acontecimientos, sin que se les pueda olvidar, aunque carecen de letras; i entre los naturales de este Callao (sic) hay hombres de buena razón -y agrega al [12] hablar de las poblaciones Yungas- había una plaza grande donde hacían sus bailes y areitos, -y al referirse al Cuzco- en mitad de la plaza tenían puestos a lo que dicen, un teatro grande con sus gradas muy adornadas con paños de plumas llenos de chaquira de oro y mantas grandes riquísimas de su tan fina lana, sembradas de argentería de oro y de pedrería. Yo me acuerdo haber visto estando en el Cuzco el año pasado de 1550, por el mes de Agosto, después de haber cogido sus sementeras, entrar los indios con sus mujeres por la ciudad en gran ruido, trayendo los arados en las manos y algunas papas y maíz, hacer fiesta en solamente cantar, y decir cuanto en lo pasado solían festejar sus cosechas["].
Acosta, en su Historia Natural y Moral de Indias es más explícito todavía, porque asevera que los incas tienen sus cantos, bailes y representaciones, que se ponían trajes especiales para celebrar la
[12] fiesta de Ayma, que existían los coros, que sus canciones eran ingeniosas y recordaban sucesos históricos. Pero ninguno como don Juan Santa Cruz Pachacuti Yupanqui, quien a principio del siglo XVII escribía su Relación de Antigüedades del Reino del Perú,[13] y a[13]nota apuntes valiosísimos sobre la literatura incáica, se refiere a canciones religiosas y profanas como las [“]Aima Torma Cayo, Huallina chamayuariesa[14], Hailli, Cachua,[”] [15]etc. y textualmente trasladamos lo siguiente: "El Inca Yahuar Huaccac hizo la fiesta del nacimiento de su hijo, el infante Viracochampa, Incayupanqui, donde inventaron representaciones de farzantes, llamados Añai saoca, [16] Hayachuco, [17] Llama llama y Hañamsi"[18].

Garcilaso de la Vega, a quien citamos en el prólogo, agrega a lo ya trascrito sobre los cantares:

"De la poesía supieron hacer versos cortos i largos con medida de sílabas; no usaron consonantes en sus versos i por la mayor parte se asemejaban a la natural compostura española que llaman redondillas (...) También componían en verso las hazañas de sus reyes i otros famosos Incas i Curacas principales i los enseñaban a sus descendientes por tradición, para que se acordasen de los buenos [14] hechos de sus padres i los imitasen; estos versos eran pocos i compendiosos como cifras para que les guardase la memoria (...) Otras muchas maneras de versos alcanzaron los incas poetas, a los cuales llamaban harahui i en ellos ponían los cantares amorosos con tonadas diferentes (....) No faltó habilidad a los Amautas que eran los filósofos para componer tragedias i comedias que en los días de fiesta i solemnes se representaban
delante de sus reyes i de los señores que asistían en la Corte. Las tragedias eran sobre la grandeza i hazañas de sus reyes pasados i de sus héroes, i las comedias sobre asuntos de campo i otros de menos interés. A excepción de estas poesías dramáticas todas las demás composiciones poéticas eran destinadas al canto".
[19]

Después, el silencio más completo. A esas noticias vagas y solo autorizadas por escritores pertenecientes a la dinastía incaica, es decir peruanos, nadie, absolutamente nadie se ha preocupado hasta la fecha de anotar lo disperso y tradicional, que de a conocer todo lo que Garcilaso y Pachacutec nos refieren. Parece imposible, y sin embargo es esta la realidad.

[15]Trascurren tres siglos, y aparece tímidamente en el Mercurio Peruano, un estudio sobre el yaraví firmado con el seudónimo de Sicramio; que merece una réplica, una crítica, el 16 de Febrero de 1792, suscrita por T.G.C. i P. que dice: "Yo pues formalmente disgustado con el rasgo que se publicó... irritado al mismo tiempo contra la pieza que en el se muestra, etcétera... ["]

No resistimos a la tentación de transcribir los párrafos más resaltantes escritos por un peruano, el célebre orador más tarde (1828) doctor J. M. Tirado, que ya vislumbra los albores de la independencia de su patria y se expande con tal fruición y ternura, que será difícil a través de la distancia que no encuentre eco hoy, entre los que sentimos correr por las venas ese mismo sentimentalismo de nuestros abuelos. Así habla el doctor Tirado que se ocultaba bajo el seudónimo de Sicramio, en el Mercurio Peruano del 22 de Diciembre de 1791 que poseemos. "Sicramio [agradecido al honor que le hacia] se propuso hablar [por mayor] de la música en general, contrayéndose especialmente á los Yaravíes
[20] que es originaria de nuestra Patria. Todos accedieron gustosos a escucharlo, y ocupando cada uno el asiento florido del matizado [16] suelo, estaban pendientes del discurso que empezó de esta manera.” Y sigue:

"Es la música un idioma divino que se insinua directamente al espíritu, i aumenta ó disminuye los afectos del ánimo según el grado de más, o menos eficacia que percibe el alma de su influencia: ella sirve de lenitivo en las penas i amarguras del corazón, i a las veces las agranda según los tonos que adaptan a la complexión de cada individuo. Un aire patético i grave acrecenta la sensación de un pecho herido; i en el indiferente causa una emoción seria i melancólica: un tono brillante i magestuoso imprime unos sentimientos nobles i sublimes: un aire marcial excita alientos guerreros, e infunde valor: el alegre promueve la festividad i regocijo; pero donde la Música imprime sus efectos con más viveza, es en aquellos tonos tristes con que sin poder resistirse el corazón humano, se conmueve: tal es el influjo que tiene en los Yaravíes. "¿Quién no se sentirá conmovido al oir esta canción entonada en su aire natural i patético? Precisamente el yaraví influye tristeza: su orijen es el más tétrico, i su memoria la más dolorosa: los versos que se acomodan a estas canciones [17] son tan análogos a la composicion música (sic), que dificilmente se encontrará unión mas bien guardada, i esta es la excelencia más noble de los Yaravíes."[21]

"Por lo que a mi toca, confieso con injenuidad que cuando oigo estas canciones se abate mi espíritu, se acongoja el ánimo, el corazón se entristece, los sentidos se encalman, i el llanto humedece mis ojos; bien sea por el gusto que disfruto de oirlos, o que mi disposición orgánica se inclina á lo patético. Lo cierto es, que por lo jeneral en todos parece que surte el mismo efecto esta entonación: he conocido persona que ha quedado acongojada por muchos días, i que se privaba cuanto podía de oirlos por no sentir tan vivamente las sensaciones de su composición, de cuyas resultas enfermaba: tal es su poderío i su natural gravedad.
[22]

"Supongo que como senté al principio, contribuye mucho la poesía que se les acomoda; porque los versos ya se refieren a alguna crueldad, ya a la funesta memoria de un objeto amado, ya al olvi[18]do injusto de un amante, ya a la desesperación de una imaginación celosa, i ya á las tiranías del amor: de suerte que según es el dolor que aflije, así se le acomodan los versos. De estos unos son endechas de cinco sílabas, otras de seis i siete; i también se componen redondillas, quintillas, cuartetas, décimas i glosas: pero lo mas maravilloso es, que el metro lo adornan de similes mui oportunos, comparaciones propias, i figuras adecuadas; se vierten varios i hermosos trozos de mitología, i amenizan el pensamiento con ejemplos de aves, selvas, ríos, montes i otros semejantes.

"De este modo unida la armonía i patético tono de la música a la poesía triste i tocante, resulta una composición tan noble, persuasiva i melancólica, que el corazón mas empedernido se hace sensible a sus insinuaciones. ¿Qué oidos no quedan arrebatados de su influencia? ¿Qué ojos, que no se inunden en llanto? ¿Qué persona, que no se conmueva, solo con oir tocar su aire en un mero instrumento? El yaraví de cualesquiera suerte que se oiga, suspende, eleva i arrebata la atención mas distraida, sin que nadie se pueda retraer de su poderoso atractivo. ¿A quien no se le exasperan las heridas del amor, cuando oye una [19] glosa cantada al propósito del mal de que adolece? ¿Qué amante injusto no se siente reprehendido, cuando la incauta a quien ha burlado, entona sus tristes endechas i expresa sus sentimientos? ¿Qué esposo disipado no vuelve en sí, cuando su amante tortolilla esparce triste i justas quejas? ¿I cual será el esfuerzo que se haga por parte de quien intenta conseguir semejantes triunfos? Entonces se oyen sollozos, suspiros i ayes: se ven lágrimas, desmayos i deliquios; que aunque son circunstancias características i propias del yaraví, suelen expresarse con mayor fuego i entusiasmo, cuando interviene el poderoso motivo de conseguir algún vencimiento por parte de quien los canta i compone.

"Cada reino, cada nación, i cada provincia tiene su carácter diferente en punto a música. El español es alegre i saleroso: el Francés i Alemán son serios i graves: el Italiano dulce i amoroso: el Ingles expresivo i armónico: el Portugues elevado i marcial; i en fin, en las demas regiones se hallan iguales influxos i caracteres musicales: sin embargo, aunque en cada nación se observa diferente estilo músico, suelen imítarse unas naciones a otras. Por ejemplo: el español remeda a veces al italiano i al francés: estos al es[20]pañol i al inglés, i aquellos al portugués i al alemán: de manera, que se forma una miscelánea agradable, aunque sea con la imitación de diferentes estilos: solo el carácter del indio es inimitable; i sus yaravíes, son regla de excepción en esta parte: su natural, su condición, su genio i su humor, todo es propenso a lo pánico i triste: sus habitaciones son obscuras, de bajas techumbres i de fábrica melancólica: su comida parca i la mas frugal: su lecho humilde i en el suelo: hasta su vestuario es de unos colores extraños i tristes; por lo cual todo cuanto el indio hace, dice i piensa, es acompañado de una natural seriedad que les influye su temperamento. Gustan solo de oir el lúgubre canto de las cuculies
[23] i de otras aves agoreras i funestas, porque solo aquello tenebroso les acomoda.

"Estos poderosos motivos son los principales para que la música de sus yaravíes se revista de cuanto aire tétrico i melancólico es imaginable; i que la poesía en su idioma siga al mismo orden de gravedad i grandeza. De lo que se deduce, que los yaravíes, cachuas i otras canciones índicas son las mas excelentes que se conocen; pues hermanando la música i la poesía en el lleno de sus composiciones; resulta una órden i naturalidad la mas necesaria i recomendable. Acuérdome de la versada de un Yaravi que por venir al intento la he de referir, i con ella pretendo poner fin a esa inimitable clase de música.[”]
[24]
Notas

[1] Se prolonga en La Aurora de Tarma iii, 126 (noviembre 1905).
[2] Lat. 126: “pensamiento de uniformidad”.
[3] Clement Markhan, El imperio socialista de los incas.
[4] Ephraim George Squier, Peru: Incidents of Travel and Exploration in the Land of the Incas (1877).
[5] Este enunciado ha sido eliminado, “Canastas de barro (…) de llegar al suelo”, en Lat. 126. Nota del autor: “[I] Colección Gretzer, hoy en el museo de Berlín. Adonde existen también las famosas de Centeno, del doctor Macedo y la formada por los señores Reiss i Stübel.”.
[6] La publicación se suspende porque editan Francisco Bolognosi (Lat. 128-1930). En La Aurora de Tarma. iii, 130.
[7] Evidentemente Vienrich está tomando la reflexión de Anchorena y la del Inca Garcilaso de la Vega (cf. Comentario Reales de los Incas, Lib. II, cap. xxvii, “La poesía de los incas amautas, que son filósofos, y harauicus, que son poetas”, p. 87-90).
[8] Corte de la palabra “e-nérgica”, continúa en La Aurora de Tarma, 131.
[9] Sebastián Lorente, glosa al Mercurio Peruano.
[10] Adolfo Vienrich cita por la ed. Marcos Jiménez de la Espada. Prologo de... Madrid, Biblioteca Hispano Ultramarina, 1880, vol. V (Basado en Mss. d El Escorial). Suma y narración de los Incas. Transcripción , proloogo y notas de María del Carmen Martín Rubio. Estudios preliminares de Horacio Villanueva Urteaga, Demetrio Ramos y María del Carmen Martín Rubio. Cusco, Fondo Editoria Universidad Nacional San Antonio de Abab, 1999 (Re-impresión de la ed. 1987); p. I, xiii, p. 58.
[11] "Mandó el emperador Pachacutec a estos mayordomos i cada uno por si, que luego hiciesen cantar, los cuales cantasen estas mamaconas i yanaconas en loores de los hechos que cada uno de estos señores en sus días hizo: los cuales cantasen ordinariamente todo tiempo que fiestas hubiese; cantaban cada servicio por su orden i concierto comenzando el tal cantar o historia i loa, los de Mancocapac: para que de aquella manera hubiese memoria de ellas i sus antiguedades. “en el cual cantar decían e declaraban la venida que Uscovilca había venido sobre ellos e la salida de Viracocha e como Ynca Yupanqui le había preso e muerto diciendo que el sol le había dado favor para ello como a su hijo e como después ansí mismo había desbaratado e preso el (sic) muerto a los capitanes ansí que habían hecho la junta postrera." Cf. Suma y narración de los Incas, ed. Mª del Carmen Martín Rubio; I, xiii, p. 58.
[12] Sigue en La Aurora de Tarma. iii, 132.
[13] Pachacuti Yamqui, Don Juan de Santacruz. Relación de Antigüedades deste Reyno del Pirú. En Tres Relaciones de Antigüedades Peruanas. Ed. e introducción de Marcos Jiménez de la Espada, Madrid, Tello, 1879. Joan de Santa Cruz Pachacuti Yamqui Salcamaygua. Relación de Antigüedades desde Reyno del Piru. Estudio Etnohisórico y Lingüístico de Pierre Duviols y César Itier. Ed. facsimilar y transcripción paleográfica del Códice de Madrid. Cuzco, Institu Français D’Études Andines IFEA – Centro de Estudios Regionales Bartolomé de las Casas, 1993.
[14] Lat. 132, Sin la nota del autor a pie de página: “[1] Que quiere decir: A mi casa alegre volveré o bien, a mi casa iré a descansar. Véase en el prólogo, Huin-huin.”.
[15] Santa Cruz Pachacuti: “en donde embentaron cantar con ocho atambores y caxas temerarios los cantos llamado ayma, torma, cayo y uallina, chamay uaricsa, haylli y cachua, alabando al Hacedor, dándele las gracias y alabanças etc.” f. 16v., p. 214.
[16] Nota del autor: “(2) Santa Cruz Salcamayhua dice: Amay sanca, probablemente por Amai soncco, sin corazón. Añai soncco, significa: corazón tierno.”.
[17] Nota del autor: “[3] Gorro de muerto.”.
[18] Nota del autor: “(4) ¡Qué lindo!” He aquí la transcripción de Itier:: “Y entonçes haze la fiesta del nacimiento de su hijo, del infante Uiracochampa, Inca Yupangui, donde embentaron representaçiones de farçantes, llamados añaysaoca, hayachuco, llama llama y gañamsi etc" (f. 17v.; 216).
[19] Véase Inca Garcilaso de la Vega, “La poesía en los Incas Amautas, que son Filosofos y Haravicus que son poetas”, Libro II, cap. xxvii, Comentarios reales de los Incas (1609/1985) Observe que Adolfo vienrich hace cita y hace resumen de su lectura:
"De la poesía [...] supieron hacer versos cortos i largos con medida de sílabas; [...] No usaron consonantes en sus versos i [...] Por la mayor parte se asemejaban a la natural compostura española que llaman redondillas [............] También componían en verso las hazañas de sus Reyes i otros famosos Incas i curacas principales i los enseñavan a sus descendientes por tradición, para que se acordasen de los buenos 14 hechos de sus padres passados y los imitasen; Los estos versos eran pocos, porque la memoria los guardase, empero muy compendiosos como cifras........” Otras muchas maneras de versos alcanzaron los incas poetas, a los cuales llamaban harahui i en ellos ponìan los cantares amorosos con tonadas diferentes..... “No les faltó habilidad a los Amautas que eran los filòsofos para componer trajedias i comedias que en los dìas y de fiestas i solemnes se representaban delante de sus reyes i de los señores que asistían en la Corte.” Las trajedias eran sobre la grandeza i hazañas de sus reyes pasados i de sus heroes, i las comedias sobre asuntos de campo i otros de menos interés. A excepción de estas poesías dramáticas todas las demás composiciones poéticas eran destinadas al canto.”
[20] Poetas Indicos, y… Can. De los Indios. Merc Per T. 1º. P. 207. Transcribe Lat. 132 esta palabra en minúsculas.
[21] Nota: “[1] Voz que sale de Arabicus: nombre que se daba a los poetas indios y ahora significa canción de los indios. Mercurio Peruano T. 1º, p. 207.” El autor transcribe la nota original.
[22] Nota del autor: “[2] Ahora me explico la prohibición que había de tocar la quena dentro de un cántaro, entonando yaravíes. Recuerdo haber oído hace veinticinco años o más, contra la voluntad de mis tías uno de estos, y haberme sentido mal, enfermo realmente: también por las circunstancias que le rodeaban. Huyendo, como quien va a cometer un delito, de noche, a oscuras, en un horno abandonado, escuché el célebre Manchay Puito.”. Continúa en La Aurora de Tarma, 133 (29 diciembre 1905).
[23] Nota del autor: “[1] Unas palomas menores que las torcases: su canto es parecido al del Cuquillo.” N.A.
[24] Cf. f. 285-288.

Foto: Indígena del pueblo Tiawanaku, 1903 (Museo Nuñez de Arco)
© Gonzalo Espino Relucé, 2008
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La alforja de Chuque 16

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