viernes, 4 de abril de 2008

Tarmap pacha huaray, Adolfo Vienrich (1) ed. anotada por Gonzalo Espino

Tarmap Pacha Huaray

Nuna shimi chihuanhuay

Azucenas y fábulas quechuas

Bilingüe quechua-castellano


Adolfo Vienrich


Edición anotada de Gonzalo Espino Relucé
en Homenaje a Adolfo Vienrich (1867-1908)


Edición virtual, abril 2008 -



Tarmap Pacha Huaray

Azucenas Quechuas

(Nuna-shimichihuanhaui)


Bilingüe



Dedicado
á Manuel González Prada
por su anti–españolismo
en el Perú.
Por Unos Parias

Tarma

Imp. “La Aurora de Tarma”
1905







Nota a la edición virtual y anotada

En los últimos meses han insistido mis colegas y estudiantes en la necesidad de acceder a Tarma pacha huaray. Me siento en la obligación moral de entregar el texto antes de su publicación como edición crítica. Mas todavía cuando este este año se cumple el centario de la muerte de uno de los héroes culturales de la cultura andina, me refiero a Adolfo Vienrich (1867-1908), el primer estudio de la literatura quechua del siglo XX. Debo expresar mi gratitud a Julián Loja, Teodoro Morales, Pedro Díaz Ortiz y Joaquín Ferrer Broncano, quienes me facilitaron el acceso a la producción de Vienrich.
La investigación fue realizada bajo los auspicios de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos.




Gonzalo Espino Relucé
© Todos los derechos reservados







PRÓLOGO








Causa profunda pena el desconocimiento y la ignorancia en que vivimos respecto de la literatura incaica
[1], pues las pocas obras y fragmentos conservados no bastan [par]a enseñarnos el pasado glorioso de esta noble raza quechua. Sin embargo estos fragmentos mutilados nos hablan de una grandeza incomparable y suplen a los monumentos destruidos y al silencio de los historiadores.

Aunque muchos niegan la existencia de tales manifestaciones como acontece con el drama Ollanta, el Usca Paucar, el Titu Cusi Yupanqui que han escapado a ese naufragio de la conquista, existe esa literatura y lo confirma la aseveración de los historiadores primitivos de que se representaban comedias y tragedias; y aun hoy mismo, en las reuniones y fiestas de los indios, se escucha, sus cantos, sus diálogos, sus cuentos, sus fábulas, sus tradiciones religiosas, que día á día se van perdiendo; pero nosotros que hemos vivido cerca, que los hemos estudiado en su intimidad, hemos recogido de sus labios a costa de algún trabajo, por su natural desconfianza y el temor de que sirvan de mofa sus ingenuas referencias. Estos esbozos con su profunda filosofía, que por primera vez ven la luz como un débil contribución que todos los verdaderos peruanos debemos a nuestros antepasados

¿Qué podíamos esperar de unos aventureros ignorantes, ávidos de oro y riquezas, sino la destrucción de toda la literatura del país conquistado? De los pocos curiosos que acompañaban a esos aventureros, a lo más su admiración por los monumentos y sus códigos de leyes justas condensadas
[2] en fórmulas breves; pero llenos de prejuicios, tendían mas bien a borrar, á desaparecer toda huella donde los antecesores hubieran depositado sus tradiciones, sus creencias y sus gloriosos recuerdos, que se comunicaban de generación en generación por medido de los quipos, antes que conservarlos y trasmitirlos a la posteridad en las pocas obras dedicadas a la historia incaica.

No habían transcurrido catorce años de la conquista, cuando Gonzalo Pizarro en 1547 para allegar tesoros se echó a buscar las catacumbas, donde habían sido ocultadas las momias de los monarcas peruanos. En Coricancha estaban colocados en dos hileras sentados en altas sillas de oro, desde Manco hasta Huaina Capac, y las coyas desde Mama Ocllo hasta Rahua Ocllo. A la noticia de la invasión española con sus crímenes y sangre, esas momias venerables se trasladaron en secreto a las chincanas con valiosos tesoros, para librarlas de la profanación y rapacidad de esos aventureros, mendigos avaros sin escrúpulos ni conciencia.
[3]

Cincuenta años después reunido el primer
[4] Concilio Provincial limense, por su capítulo 37 de la sesión 3ª celebrada el 22 de setiembre de 1583[5] registró la prohibición siguiente, que en su versión original trascribimos.
TEXTO
Libros prophanos et lascivos vitando

Libri qui res lascivas et obscenas tractant, narrant, aut docent, cum non solum fidei, set etiam morum, qui ejusmodi lectione librorum facile corrumpi solent, ratio habenda sit, omnimo prohibentur, & qui cos habuerit, severé ab Episcopis puniantur: antiqui vero ab Ethnicis conscripti; propter sermonis elegantiam et propietatem permituntur, nulla tamen ratione pueris prœlegendi erunt... Et quonian apud Indus literarum ignaros pro libris signa quœdam ex variis funiculis erant, quos ipsi QUIPOS
vocant, atque ex eis non parva superstitiones antiqnœ monumenta extant, quibus rituum suorum & ceremoniarum & legum iniquarum memoriam conservant, curent Episcopi hœe omnia perniciosa instrumenta penitus aboleri"(sic)

TRADUCCIÓN
Han de evitarse libros profanos y lascivos

Los libros que tratan, refieren o enseñan las cosas lascivas y obscenas, cuya lectura suele fácilmente corromper no solo la fe, sino también las costumbres, deben cuidarse que sean absolutamente prohibidos, y que aquellos que los retuvieren sean con severidad castigados por los Obispos; y aunque los escritos, legados por los Gentiles, son permitidos por la elegancia y pureza de su dicción. Con todo eso, no se consentirá que los muchachos los lean. Y por cuanto entre los Indios, que desconocieron las letras, hay ciertos signos, compuestos de varios ramales, que ellos denominan QUIPOS, y de los cuales no menos resaltan los monumentos de la superstición antigua, en los que está conservada la memoria de sus ritos, ceremonias y leyes inicuas, por eso, los obispos deben cuidar de que todos esos instrumentos perniciosos sean completamente exterminados.

Y estas pragmáticas eran autorizadas por el gran Toribio de Mogrovejo, que los peruanos tenemos en el catálogo de la iglesia y veneramos como santo i como patrón. Si los intelectuales de esa época, los santos, decretaban semejantes persecuciones, que podría esperarse de los demás, de los no santos, en su celo religioso y orgullo nacional? Arzobispos como don Fray Gerónimo de Loaiza, por los años de 1571 y don Bartolomé de Guerrero por los de 1610 "emplearan su zelo, autoridad i luces en extinguir la idolatría".

A la saña de los tonsurados destruyendo, tenemos la de los soldados como Hernando Pizarro que derribó el santuario de Pachacamac, i el de Huarivilca, (cerca de Jauja, probablemente en Huaripampa), del que Cieza compañero de Pizarro, nos da la información siguiente: "Yo lo ví i junto a él estaban tres o cuatro molles como grandes nogales. A estos tenían por sagrados, i junto a ellos estaba una piedra hecha para los señores, que venían a sacrificar; de donde se bajaba por unas lozas hasta la fuente ya dicha de Huarivilca, adonde está una gran muralla antigua hecha en triángulo".
[6] Esta apreciación es errónea, porque no rendían culto a los árboles, como se ve de este pasaje escrito cincuenta años después por IX Arriaga, hablando de la población Quichumarca (también en Jauja i probablemente se refiere a Quichuay, que la y es lugar, como marca; cerca a Ocopa) "eran adoradas la Huaca Huari, considerada por los indios como la deidad que prestaba fuerzas cuando tenían que fabricar sus casas i cultivar sus tierras".

A lo destruido y lo poco que la tradición ha conservado, necesitamos agregar las informaciones equivocadas como la anterior, que es natural sucediera, por el temor en los indios de ver destrozadas sus deidades, y engañaban a los curiosos señalando lo primero que veían como el objeto de su adoración y ocultando cuanto les era posible su Huari, que hoy sabemos eran ciertas rocas i fuentes,
[7] pues a través de cuatro siglos de persecución sitemática, se conserva inmutable su culto y adoración.

Así en 1543, de orden del Arzobispo de Lima, don Gonzalo de Ocampo, el licenciado Duarte Fernández visitó Calango, población al sudeste de Lima, donde [“]existía una loza, en que estaban grabados unos como carácteres, i otras figuras. Era ella de un mármol azul, listado de blanco i muy luciente, tenía de largo seis varas i media. Su colocación más levantada por la parte que hacia de cabecera. Llamábanle los indios Coyllor sullana, que en lengua quechua significa piedra donde se paraba la estrella. Dábanla también el nombre de Yumisca‑Lanta‑Caura, que en el idioma particular de aquella población, se interpreta, vestidura de la estrella. Querían dar a entender con estos nombres que conservaban en la tradición, que aquel sitio era lugar consagrado, a lo que llamaban Estrella por las luces de doctrina i ejemplo que les comunicó en el principio, i lugar de castigo de fuego, que bajando del cielo redujo a cenizas a un hombre i una mujer, que con cierto exceso profanaban la piedra. Desde entonces es mirado
[8] este sitio como el lugar mas sagrado.[”] (Llano Zapata).[9]

El licenciado Duarte Fernández considerando que aquella loza y sus figuras eran el origen de la idolatría que allí ejercitaban los indios en fuerza de la tradición, las hizo picar y romper.

Entre Huari y la Oroya, a orillas del Mantaro, existe actualmente una gran piedra que bosqueja figuras humanas, las que según tradición de los naturales, fueron dos pastores así convertidos por el Sol en castigo de haberle ofendido. Esto refiere hoy con la misma credulidad de ahora cuatrocientos años los de Calango
[10]. Pero quien se distinguió más por su celo ardiente de destrucción, fue el padre jesuita Pedro José de Arriaga, que desde el año 1617 recorría el Perú como la refiere en su obra Extirpación de la idolatría de indios del Perú en la que dice haber descubierto y penitenciado 679 ministros de idolatría, quitado 603 huacas principales, 3418 conopas, 45 mamazaras, y otros tantos conopas, 189 huancas i 617 mallquis.[11] Procedió por encargo de don Francisco de Borja i Aragón, Príncipe de Esquilache, XVI virrey del Perú i por el Arzobispo Bartolomé Lobo Guerrero[12].

La más interesante de las Huacas que destruyó este ardiente religioso, se encontraba a dos leguas de Ilave, en una cumbre elevada en que descollaban sepulcros de indios suntuosamente labrados de piedra de encaje. Tenía la estatua tres estados de alto y era de piedra magníficamente esculpida, con dos figuras monstruosas, una de varón que miraba al Occidente. La otra, con rostro de mujer en la misma piedra, a espaldas de la primera, que miraba al poniente. En ambas distinguíanse serpientes que trepaban de los pies a la cabeza y a las plantas parecían arrastrarse otros reptiles como sapos. Delante de cada uno de estos ídolos, había una piedra cuadrada de palmo y medio de alto, que al parecer servía de ara, o de altar. Para hacer pedazos monumento tan precioso necesitó el jesuita Arriaga más de treinta personas durante tres días.
[13]

Poco tiempo antes ni las momias de los Incas fueron respetadas como se ve de este pasaje:




"El cuerpo de Viracocha, por la fama del tesoro enterrado con el, buscó Gonzalo Pizarro, i después de crueles tormentos que dio á nuestros indios le halló en Saquixahuana, donde el fue después vencido i preso i justiciado por el Presidente Gasca; mandó quemar el dicho Gonzalo Pizarro el cuerpo de el dicho Viracocha Inga i los indios tomaron después sus cenizas i puestas en una tinajuela le conservaron, haciendo grandísimos sacrificios, hasta que Polo de Ondegardo lo remedió con los demás cuerpos de Ingas, que con admirable diligencia i maña sacó de poder de los Indios, hallándolos muy embalsamados i enteros, con que quitó gran suma de idolatrías que les hacían".


Las cenizas y los otros cuerpos, fueron enviados por Polo a Lima, en tiempo del marqués de Cañete y fueron a parar a un corral de San Andrés, que era Hospital en 1590. Porque los gentiles no podían reposar en campo bendito fueron arrojados en un hoyo, en un corral. Mas Calancha, sacerdote peruano, refiere lo mismo y agrega: "es mui de ponderar que junto al mismo entierro de este Inga Viracocha justició á Gonzalo Pizarro, i le cortó la cabeza el Licenciado Gasca, para que viese su muerte en el mismo lugar (Saquixahuana,) por quien atormentó á los indios, i así ejecutó Dios el castigo, donde Pizarro ejecutó su codicia".

El tiempo no era óbice para estos energúmenos demoledores y extirpadores: a la tenacidad de los indios en conservar sus recuerdos y tradiciones, oponían no menos terquedad en sus persecuciones; así se les ve cien años después, dictando nuevas ordenanzas para ahogar toda manifestación de las antiguas creencias.




Notas:



[1] Con el nombre de literatura incaica se conocía en el XIX a la literatura quechua.
[2] Lat 98: condenadas.
[3] Este párrafo no figura en la Lat 98.
[4] Lat 98: “Así no había transcurrido cincuenta años cuando el primer Concilio”.
[5] Para una revisión de los documentos, véase: Rubén Vargas Ugarte, Concilios limenses (1551-1772) (Lima, 1951-54; 3 t.).
[6] Cf.Cieza de León.
[7] Lat 99: “era una piedra i fuentes,”.
[8] Lat 99: entonces mirado.
[9] José Eusebio Llano Zapata. Memorias histórico, físicas, críticos, apologéticoas de la América Meridional que a su majestad del señor don Carlos III dedica.... (2005: 376).
[10] Todo el párrafo ha sido trasladado más adelante, cf. Lat 100. Obsérvese que también que escribe: Cabango.
[11] Cf. Pablo Joseph de Arriaga, La extirpación de idolatrias (1621), Estudios y notas de Henrique Urbano (Cusco, CBC, 1999), p.22-24.
[12] Bartolomé Lobo Guerrero fue un sacerdote burócrata, que propicio lo que llama Henrique Urbano, “proyecto pastoral antidolatrico”, animó el Sínode de 1613. Fue durante su periodo que se propiciaron la visita contra las creencias indígenas. Llega al Perú en 1609, ocurre su muerte en 1622. Son importante sus textos: Carta de edicto.
[13] El párrafo que le sigue, en la Lat. 100, comienza con “No habían transcurrido catorce años”, la frase continúa con la reposición del párrafo suspendido en Lat. 99, nota 40.
© Gonzalo Espino Relucé
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La alforja de Chuque 7

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