viernes, 11 de abril de 2008

Tarmap pacha huaray, Adolfo Vienrich (3) ed. anotada por Gonzalo Espino

Tarmap Pacha Huaray

Nuna shimi chihuanhuay

Edición anotada de Gonzalo Espino Relucé en Homenaje a Adolfo Vienrich (1867-1908)

Tarmap pacha huaray (3)

Si este energúmeno fue Protector de los indios (!) no debe extrañarse la coacción ejercida para toda libertad; pues que se dejaba sentir hasta para las publicaciones en lengua indígena, a pesar de los clamores del mestizo Garcilazo, que se ufanaba de llevar en sus venas sangre de los incas; pues que dice: "A los hijos de español i de india, o de indio i de española, nos llaman mestizos por decir que somos mezclados de ambas naciones: fué impuesto por los primeros españoles, que tuvieron hijos en indias, i por ser nombre impuesto por nuestros padres i por su significación me lo llamo Yo a boca llena i me honro con el. Aunque en Indias, si a uno de ellos le dicen, ‘sois un mestizo’, o ‘es un mestizo’, lo toman por menosprecio."[1]

Garcilaso opinaba entonces por qué no debía quitarse a los indios su lengua y que correspondía a los españoles instruirse en ella. El inca Garcilaso era hijo de una sobrina de Huaina Capac y de uno de los conquistadores, "aprendió desde la niñez en las graves conversaciones, que en su casa tenían sus parientes maternos, a rodear las glorias de sus mayores del prestigio, que les prestan los grandes infortunios; habiendo dejado el Cuzco a la edad de veinte años, nunca olvidó en España las grandezas del Perú, y en edad avanzada quiso cumplir con su augusta familia i su amada patria publicando sus Comentarios Reales, llenos del interés que el asunto le inspiraba. Los datos suministrados por los escritores españoles que él completo con sus recuerdos personales i con los informes pedidos a sus condiscípulos i amigos, le permitieron formar el cuadro más rico en pormenores, más brillante, más animado, i con el colorido más característico: candoroso, pintoresco, afectuoso, con una sencillez de estilo que encanta, ofreciendo a la más exigente curiosidad suficiente alimento, i comunicando al lector la fé, que le inspira calurosamente. Ha sido i será siempre uno de los escritores más populares."

A este notable peruano se debe el que conozcamos los únicos fragmentos de versos incaicos que copiamos a continuación: [1. Caila ilapi]

Caila ilapi
/Al cantar/
Puñunqui
/Dormirás/
Chaupi tuta
/A media noche/
Samusac.
/Yo vendré/.[1]

De expresión más sentida es el siguiente: [2. Purun pampari]

Purum pampapi
/En la solitaria pampa/
Pisccocunata
/A los pájaros/
Riccimicanchis
/Ver solíamos/
Quesaman rispa
/A su nido yendo/
Yanallamanta
/Por su compañero/
Cuyag huagata.
/Con pena llorar./
Chai jinam ñoca
/Así lloro/
Cam ripunqui
/Al irte tú/
Munacuscallay
/Amado mío/.


Y el precioso romance, que tomó Garcilaso de los papeles de su compatriota Blas Valera, el primer historiador del Perú. Blas Valera, natural de un pueblo de Chachapoyas, escribió en elegante latín la historia incaica, de la que solo pudieron llegar a poder de Garcilaso, papeles rotos, entre los cuales encontró como ya llevamos dicho, el pequeño poema épico, que para muestra de la capacidad incaica es suficiente.

La alegoría se refiere a una nube, que el autor, un indio, la personifica en una ñusta, princesa de sangre real, con su cántaro choca con otra nube, [la de] su hermano, que le rompe el cántaro: el estallido, son los truenos, relámpagos y rayos, y el agua vertida, la lluvia, que aveces se convierte en granizo y otras en nieve
[3]. Precioso romance, única reliquia incaica, sólo comparable a uno de los himnos del Rig Veda[4], que pasa por el poema más grandioso que existe en el mundo.

Por las versiones quechua y griega que a continuación se trascribe, cuya belleza también la anota el señor Vicente Fidel López, notable quechuólogo argentino, se ve que vale la pena el fragmento; así no ha trepidado en hallarle analogías con el griego, fundándose tanto en las raíces como en el mito que entraña. Después de un minucioso estudio comparativo, en el que no solo revela semejanza sino identidad, da al citado romance un origen y una interpretación pelásgica.
[5] Sentimos que el Dr. Patrón y su precursor Hyde Clark no nos hayan dado todavía una traducción en súmero o una interpretación cuneiforme, para darle también cabida.

[3] Pucutai
[6]

Sumac ñusta
Tura llaiquin
Puñuiquita
Paquircayan,
Jina mantarac
Cunuñumun
Illapantac.
Camri ñusta
Unuyquita
Paramunqui,
Maininpiri
Chicchimunqui,
Ritimunqui.
Pacharurac
Pachacamac,
Cai jinapac
Churasunqui,
Camasunqui.

Nube tempestuosa
[7]

Hermosa princesa
Tu hermano
El cántaro tuyo
Ahora quiebra,
I por esto
Truena, relampaguea,
Caen rayos.
Tu princesa
Las aguas
Nos llueves
Y acesses
Granizas
I nievas.
El hacedor del mundo
Pachacamac
Para eso
Te destinó
Al formaros.
[8]

Versión puesta en griego
[9]

(1) Suna Nhu Husta
(2) Tura Lhaiqui
(3) Puq nhu iqui ta
(4) Paqui is Ccaca han
Yna mantha
(5) Kon Nun Cunan
(6) Ylla Pan Tac
(7) Can Rin Nhu Husta
(8) V‑nu iqui ta
Para munqui
May nhimpi
Cchi‑Cchi munqui
Riti munqui
(9) Pasha Rurag
Pasha Camag
(10) Kay ina Pac
(11) Chura Sun iqui
(12) Cama sun iqui

Traducción literal

Santa teta, Estampa de luz:
Tu hermano, tu... [sentido phálico].
Manantial teta rompe en medio de ti.
Abre la tasa de arriba [del cielo].
Por esta causa
El Dios Kon ahora ya [ruje]
El fuego etéreo por todas partes hiere.
Tu acudes, teta, Estampa de luz:
El cántaro lleno abre por el medio de ti.
La lluvia se derrama
I algunas veces
El granizo se derrama;
La nieve se derrama
Pasha el Arquitecto [o más bien: El Universo Arquitecto]
El Universo Creador,
Por este misterio,
Colocó en ti la marmita, i la rompe:
Creó en ti la marmita, i la rompe.

(1.) Nuñu significa los pechos de la mujer. Pero ñuñu es un plural formado por la repetición de la raíz como hacha‑hacha y tantos otros que se forman así en esta lengua. La ñ es la abreviatura de nh. Nhu es teta, globo lleno, o cántaro, corresponde al Griego neco o nhco‑nave, globo, cántaro flotante. Husta es estampa, por que Hustine es estampar‑en Keshua. Es, pues, como el Heos (Eos) de los griegos: la Estampa del Sol.
(2.) Tura es hermano y marido, por que las princesas Keshuas no se podían casar sino con sus hermanos como la Luna con el Sol. Esta voz tiene su paridad con la raíz griega tur, señor, amo, dueño de casa y de ahí la palabra tyrano
(3.) En Keshua, yqui significa romper, cortar, abrir, perforar algo, rompiendo la entrada. El sentido phálico y místico de esta acepción no escapó del todo a los españoles que notaron que Lhaiqui contenía acepción de ternura [vid, Marckam: 32] sin comprender que todo el contenido reposaba sobre la ternura phálica del principio creador. Lhaikcco en griego es membrum vir y de ahí Lhaiqui e Yquini en Keshua. Paquini, que se verá más adelante, tiene la misma raíz: perforar, fecundar, matriz.
(4.) Ccaca, keshua lo mismo que en griego, quiere decir nuez,, taza, urna i Han o Ana es lo alto, el cielo en casi todas las lenguas orientales.
(5.) Kon: Dios. Nunu, Espíritu. Cunan es presentarse, hablar.
(6.) Ylla es luz, atmosférica [Yllani, brillar]; pan, raíz de pantani, extenderse, perderse en el vacío. Tac raíz de Tacani, herir a golpes.
(7.) Rini‑en keshua como en griego es acudir, abrazar amorosamente.
(8.) V‑nu es el principio atmosférico de la humedad, que entre los antiguos tenía suma importancia como carácter divino: Venus semelé.
(9.) Pacha en keshua, lo mismo que Pash en griego, es el Universo
(10.) Pac es raíz de paca, cosa oculta, y de pacani, ocultar. Por eso la Aurora es pacari: no se puede mirar al Sol: se oculta en el exceso de la luz. En griego es lo mismo, Pac‑Hri, el secreto de la aurora.
(11.) Sunu en keshua es marmita. En griego sun es vínculo o borde que contiene un líquido o porción de cosas amontonadas. Iqui es el sentido phálico de romper la bolsa ó la marmita.
[10]
(12.) Los kishuas no se limitaban a llamar Ppcha (el Universo) a su Dios; sino que le llamaban Ppcha Camac el Universo Creador, mostrando así su identidad de origen con todos los demás pueblos civilizados del mundo antiguo. "Ptha dice Mr. Raulinson era el Poder creativo, el Hacedor de todos los materiales i elementos de las cosas”. El Padre de los dioses era Kamak o el arquitecto de la Bóveda del Caos, como le decían los kishuas y como decían los griegos con la misma palabra: Kasmagcos, según Liddell, "El que gobierna el universo" y Kosmos no es la misma raíz dando nombre ala misma cosa?
En griego como en keshua con la misma raíz etimológica Kamag, se dice Arquitecto (el que cubre i levanta la bóveda superior del edificio).

Todo ese trozo, que en su género es bellísimo, reposa sobre la filosofía del naturalismo. Así es que si no se tienen presentes todos los dogmas de esa filosofía, que reposaba sobre la explicación fálica (hoy impúdica) de todos los fenómenos de la creación, será imposible comprenderla i apreciarla. Pero para ello debe tenerse presente también que todo el Egipto, la Grecia, Roma, i por último el mundo entero de los antiguos, adoraban el Phalus i constituía los dogmas de sus iniciaciones con los secretos del naturalismo filosófico. Por eso hemos restablecido cuidadosamente todas las raíces Keshuas que constituyen ese trozo de acuerdo con el propio vocabulario que las contienen; i lo admirable es: que puestas así, i colocadas letras griegas en el lugar de las letras itálicas resulta en griego con el mismo sentido que en Kes‑hua. (Vicente Fidel López).

Mr. G. Wilkinson, en las notas con que ha contribuido a la traducción de Herodoto, desempeñada por Mr. Rawlinson y que se considera por los eruditos como uno de los más bellos trabajos del siglo, dice: "No se sabe nada de cierto sobre los Cabires. La mayor parte de los autores creen que su número era vario, i que su culto procedía de tiempos inmemoriales en Samotracia i en Frigia: que fue de ahí de donde los colonos Pelasgos los transportaban ala Grecia".
[11] Me permito ahora recomendar a la meditación de los eruditos esta gravísima reflexión del sabio inglés. Ella es una prueba indirecta, pero elocuente, de la asombrosa antigüedad de la lengua, de la raza y de la civilización de los keshuas. Todo cuanto se ha creído enterrado para siempre en los misterios perdidos del pasado, ¡existe, piensa i habla por la boca de los keshuas en el centro de los Andes!

Nadie ignora que todos estos misterios del naturalismo teogónico de los antiguos se complicaban con el hechizo y los encantamientos de la brujería: así es que en griego se llamaba Gkokias a los que eran tachados de conocer las artes secretas de la magia. Los Kohias peruanos ‑¿no eran también tenidos por brujos?, ¿no los perseguían sus tiranos por los conciliábulos en que se iniciaban en todos los misterios de su tradición?-. No pocas veces, nos refiere la historia, que las mismas curaciones sorprendentes que con sus drogas efectuaron sobre pacientes españoles, fueron tema para que acusados de brujería y pactos con el infierno, fuesen ¡esos sabios! llevados al cadalso y a la mita, esa bárbara amputación de la vida, creada por los tiranos.

¡Es cierto, sí! por desgracia, es demasiado cierto: los Keshuas eran infinitamente más adelantado que los Amos que les impuso el cielo por uno de esos decretos inescrutables que promulga de cuando en cuando el pregón de los tiempos. Uno se espanta al considerar el horror de ese martirio, impuesto a esa noble raza, cuando les fue dado a los bárbaros de la edad media el derecho de imponer por la fuerza a los pelasgos del Perú el atraso más vergonzoso, las preocupaciones más absurdas, como dogmas de la civilización.

El azote y el extermino obligaban por centenares a hombres sabios que conocían los secretos de la naturaleza y todos los goces del espíritu, a pasar por esa prensa opresora, renunciando a todo y retrocediendo siglos de siglos, sin poder protestar, siquiera, con el "Bárbaras hic ego sum, quia non intelligor ullis" de Ovidio, en nombre de las tradiciones de gloria que los ligaban a la sabiduría de la más remota antigüedad. Esa misma resignación, esa dulzura de la paciencia que supieron mostrar bajo el peso horrendo de la opresión, sin dejar de persistir hasta hoy en las condiciones de su raza, son testimonios irrecusables que hablan elocuentemente del estado social a que habían llegado cuando tuvieron que doblar la cerviz bajo la dominación de los aventureros de la edad media, a quienes estaba señalado el exterminio de los últimos restos de la raza famosa de los pelasgos.
[12]

El mito de las Estrellas, las Piedras luminosas de la parte inferior del Cielo: Cco‑yllur, cuyo culto se celebraba también en el gran templo de Intipampa, tiene una notable analogía con el culto de Astharoth o Astarte, de que nos habla Herodoto; y que constituye el célebre misterio de la Dea Syria de Luciano (véase pág. X).

En efecto, en el culto de los Keshuas a las Piedras luminosas de la parte inferior del firmamento es una aglutinación de raíces y de conceptos, igual a la que en griego y en fenicio tiene la forma Asthr horus: es decir, los Astros del Abismo donde cada día baja a descansar Horus, según el mito griego (Vicente F. López.).

Repetimos, y lo haremos hasta el cansancio, que solo a los peruanos debemos los retazos literarios conservados, a pesar de las limitaciones dadas por el Rey desde el 8 de mayo de 1584, en que mandaba, que cuando se hiciese algún arte o vocabulario "no se publicase ni imprimiese, ni se usase de él, si no estuviere primero examinado por el ordinario i visto por la audiencia del distrito". Y esto, que ya existía la cátedra de Quechua en la Universidad de Lima desde 1576, por fundación aprobada en reales cédulas de 19 de setiembre y 28 de octubre de 1580; cátedra que subsistió hasta 1770, en que ha pedido del cardenal Lorenzana, arzobispo de Toledo, por real cédula de 10 de mayo de ese año, se extinguió. Y con ella la enseñanza del quechua, en el Perú, de "esa lengua la más homogénea i perfecta del nuevo mundo, de esa lengua armoniosa i sonora que con igual facilidad se presta a la poesía i elocuencia”; y de la que decía Blas Valera: "Los predicadores que saben bien esta lengua cortesana del Cuzco, se huelgan a levantarse a tratar cosas altas i declararlas a sus oyentes sin temor alguno; porque así como los indios que hablan esta lengua tienen los ingenios aptos i capaces, así aquel lenguaje tiene campo i mucha variedad de flores i elegancias para hablar por ellas"
[13] Y que arrancó a fray Domingo de Santo Tomás, compañero de Pizarro, autor de la primera Gramática que se publicó en 1560; primer ensayo del quechua, el siguiente prólogo: "Mi intento, dice, pues principal, S.M. al ofreceros este artecillo, ha sido, para que por el veáis muy clara i manifiestamente cuan falso es lo que muchos os han querido persuadir; ser los naturales del Perú bárbaros é indignos de ser tratados con la suavidad i libertad que los demás vasallos lo son: lo cual claramente conocerá V. M. ser falso, si viere por este la gran policía que esta lengua tiene, la abundancia de sus vocablos, la conveniencia que tienen las cosas que significan, las maneras curiosas de hablar, el suave i buen sonido al oído de la pronunciación de ella, i la facilidad para escribirse con nuestros caracteres i letras".[14]

El estudio del quechua, destruidos por el fanatismo y la codicia los monumentos, se impone tanto para estimar su valor arqueológico como su importancia filológica, porque conocemos mediante el idioma la índole y genio del pueblo. Si a esto agregamos los cuentos, fábulas, cantos y otras elevadas composiciones intelectuales que nos pintan mejor que los monumentos, la moral de ese gran pueblo, podemos fácilmente reconstituir la esencia del Perú primitivo, desconocido y calumniado durante centurias por torpes y desvergonzados escritores empeñosos en justificar las atrocidades de sus compatriotas. Porque la clase de hombres que había emprendido la conquista del Perú era especial. Hombres sin educación, llenos de vicios, sin moral, sin otra religión que la de sus intereses y la de sus creencias terroristas nacidas de la ignorancia y superstición que esta infunde; hombres de la hez del pueblo español, que extenuados por la miseria se lanzaban a jugar la vida por un puñado de oro. No podían ofrecer otros resultados en sus victorias sobre los desgraciados países a que arribaban, que el que se palpaba en el Perú. Habían degollado a millares la raza india; se habían apoderado de las tierras, de los templos, de los tesoros; a las mujeres las habían reunido en harenes para sus servicios y a los hombres los habían reducido a una esclavitud espantosa. Miraban a esos infelices como si fuesen de otra especie que la humana; los consideraban con el carácter no de hombres, lejos de eso era con el de animales, que pertenecían a otra familia, según ellos, de la creada por Dios para reinar en el mundo.

Aunados pues el conquistador y el fraile español, el primero cuidaba de que se borrara completamente el recuerdo de los incas y el sectario, por que desapareciera toda huella de idolatría, como los himnos al Sol y otras concepciones de elevado panteísmo.

Pero el sacerdote peruano, que había bebido con la leche materna la dulzura y concisión de la lengua de sus padres, de esa lengua que describe la rapidez del vuelo de los pájaros, el canto de las aves, el murmullo del follaje, el fragor de una tormenta y hasta el rastro de la huella que deja en su tránsito el ser amado; de esa lengua cuyos acentos son de Job y en cuyos harahui sus poetas presentan a las rocas quebrantándose por la pena, al pecho humano deshaciéndose en lágrimas, a la naturaleza entera conmoviéndose y simpatizando
[15] con las quejas y suspiros de un amante desdichado; no podía menos que sentir la opresión y desdén que pesaba sobre los suyos, que también se reflejaba en él, aunque cohibido por la férula de la Orden, no despreciaba ocasión para dejar traslucir su entusiasmo por las producciones de sus mayores. Así, fray Luis Jerónimo de Oré[16], natural de Huamanga, que fue obispo de Concepción, en Chile, dio a luz en 1598 algunas obras en varios idiomas de indios, entre otras su libro sobre el modo de enseñar la doctrina cristiana en quechua y aimará, con noticias sobre el puquina, y allí, desliza el fragmento que ha trasmitido a la posteridad con la sublime oración con que el Inca Cápac Yupanqui, invocó la protección divina:

"OH HACEDOR.......¿a donde estás? Por ventura, ¿es en lo alto del cielo, o
abajo, o en las nubes i nublados, o en los abismos? Óyeme i respóndeme i
concédeme lo que pido; danos perpetua vida para siempre, tennos de tu mano i
esta ofrenda recíbela a doquiera que estuvieres, oh Hacedor."



Notas:
[1] Cf. Inca Garcilaso de la Vega, Comentario Reales de los Incas (ed. César Pacheco Vélez. Lima, Banco de Crédito del Perú, 1985), Lib. IX, cap. xxxi, p. 416.. Continúa en Lat II, 103. Tarma 27 mayo 1905 [3].
[2] Cf. Lib. II, cap. xxvii, Comentarios reales de los Incas, Inca Garcilaso de la Vega; p. 87.
[3] Ibídem: nevadas.
[4] Rig veda es la saga hindú de relatos tempranos.
[5] Este y el siguiente párrafo, “Por las versiones quechua i griega (…) para darle tambien cabida.”, no aparece en Lat: 103. Continúa en Lat II, 104. Tarma, 3 junio 1905, p. [3].
[6] “19. La nube tempestuosa/ “(Alegoría incaica)” en Lat II, 96. Tarma, 8 abril 1905, p.[3]. En el Silabario va primero la versión en castellano, luego el poema quechua, todo en paralelo. La Gramática Quechua la registra como la versión quechua “De un inca” y “Traducción de P. Valera” y lo considera como género un huaylli (Anchorena 1874: 138)
[7] Sin título en Lat. 104.
[8] Cf. Lib. II, cap. xxvii, Comentarios reales de los Incas, Inca Garcilaso de la Vega; p.89. Debe anotarse que la versión viene en quechua, latín y castellano.
[9] A partir de este subtítulo va en Lat II, 104. Tarma 3 junio 1905; p. [3].
[10] Continúa en Lat. iii (sic), 105. Tarma, 10 de junio 1905, p. [3].
[11] Jules Michelet, Histoire romaine (1839). Nota del autor: “(1) Michelet, His. Romain chap. Pelasges.” .
[12] Lat. iii, 106. Tarma, 17 junio 1905, p. [3].
[13] Cf. Blas Valera a Inca Garcilaso de la Vega, Comentarios reales.
[14] Cf. Fray Domingo de Santo Tomas, Grammatica o arte de la lengua general de los indios del Peru [1560]. Cf. la ed. de Rodolfo Cerrón Palomino (Cuzco, Centro Bartolomé de las Casas, 1995); p. 8.
[15] Continúa desde el corte en la palabra “sim-patizando” en Lat. iii, 107. Tarma, 24 junio 1905, p. [3].
[16] Ibídem: Frai Luis Géronimo de Oré escribió su Symbolo Indiano.
© Gonzalo Espino Relucé, 2008
Todos los derechos reservados
La alforja de Chuque 10.

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