martes, 28 de agosto de 2007

¿Literatura? (Literatura 1)

Literatura 1:


¿Literatura?


Definir que es la literatura resulta una tarea incierta. La noción no es un concepto natural sino una elaboración cultural. Siendo así, habremos de admitir que cuando hablamos de literatura estamos siempre pensando en un conjunto de textos que sugieren algo diferente a lo que hacemos cuando miramos, por ejemplo, en una página del periódico, cuando leemos una carta que nos envía un buen amigo o amiga íntima, diferente también si leemos nuestro email o miramos la "caja del idiota", me refiero a la televisión.



1. ELABOREMOS EL CONCEPTO


Propongo detenernos en la lectura de tres textos, desde donde indagaremos lo que entendemos por literatura.


Texto 1
Ñawpa Runakunapa Awanan


Karu, karu qipa watapis llaqta llakisqallaña qiparusqa,
wasipunkukunapas wichqasqakama.
Llapa qari masukuna, warmi sipaskunas
llaqtanta saquispaku ripusqaku, allpapas chakillañas, pisipasqa, machu payapa
uyan hina chaki.

Manaraq ripuyta manaspakus llapa imata rurasqaku
allpankupi qipanankupaq.


Tarpusqankupas taksachalla, mana kallpayoq plantachas
wiñaramuq, kupaq. Tarpusqankupas taksachalla, mana kallpayoq plantachas
wiñaramuq, intis punchawpi chakirachiq tutañataqsi qasa yanuruq, runtu para
chayaramuspas pampaman mastaruq. Wawakunas estawan paqarimaqku, mikuyñataqsi
mana kaqchu.

Mama Natividad qupaq kaq payachas wañuchakasqa, ñawinta
kicharuspansi willkan Nataliata qayan. Hinaspas llañuchallamanta
nin:

Puñunay ukupi maskaykuy, bayetapi wankispam qipicha
kachkan. Nataliaqa maskaspas tarirun. Paskaruspan qawaykuptinsi, llampu
kaspikuna kasqa.

Chaymi ñawpa runakunapa awanan -ninsi payachaqa- Pipas
runamasinchik kay awanawan awayta atirunqa, hinptinmi llaqtanchik llapa
kusikuyninta tarinqa, ripuq runakunam kutimunqaku.

Muyurispansi willkanta kuyayllawanña qawaykuspas wañurun.
Nataliaqa achka punchawmantas, kaspikunata kurquruspan awaykunata maskayta
qallaykun, manas pipas yachanchu. Pisipasqas karu wasiman chayaruspan tayta
Fulgencioman qawanchin, machuchaqa ñawinta qaqukuspas kusillawanña
nin:


Kayqa ñawpakunapa awananmi. Chayraqsi Nataliaqa willan
abuelampa kunakusqanta. Ninaptinsi, tayta Fulgencioqa allinta tantearuspa
nin:

Llaqtanchikpa alliniñpaq kaptinga imatapas rurasunya.
Llapa qaytuta aparamputiykiqa machu kaywan qunqaruspaytam yuyarirusaq,
hinaspaymi awarusaq.

Nataliaqa chirapa qaytukunata quykuptinsi awayta qallaykun
achkisqanmanta tutayanankama. Hinaspas suma-sumaq llikllata awarunku, mayuyuqta,
chirapayuqta. Sachapas, killapas, intipas, urpitukunapas rikurinsi. Ripuq
runakunas lalaqtaman kutinku llikllanku qawaq. Allpakunapas unay watata
sumaruspakus achkata kawsaykunata wiñachinku. Llapa llaqta runas kusikuymanta
tusuyta ruranku tayta Fulgenciopa, Nataliapa sutimpi.



El primer problema que enfrentamos ante un texto como este es la competencia lingüística, es decir, sólo en la medida que conozcamos la lengua del relato es que podremos disfrutarlo. En tanto no la conocemos, tenemos la sensación de estar ante un conjunto de marcas conocidas que reproducen para nosotros sonidos semejantes a nuestra lengua, toda vez que se trata de un alfabeto conocido. Situación que se complejiza si consideramos que la lengua y el texto aquí transcrito tienen procedencia oral. Esto nos plantea dos preguntas básicas: ¿un texto sea literatura sólo si se escribe en una sola lengua?, ¿pueden ser considerados como literatura aquellas construcciones verbales como las que dicen los narradores orales? Al final de esta sección se encuentra la traducción de este hermoso texto quechua.[1] Dejemos por el momento las preguntas y pasemos al siguiente fragmento:

Texto 2
Cesaria Evora, la diva de los pies descalzos
Era una cantante de voz extremadamente melancólica que vivía olvidada, cantando en los bares y burdeles de una isla africana. Alguien la descubrió hace diez años y ahora es un suceso mundial. Edith Piaf y Billie Holiday, las más grandes cantantes del último siglo, enfrentaron la humillación de la pobreza, el alcoholismo, los amores traicionados y el abandono sostenido; ni siquiera las consoló la fama de la que disfrutaron en vida, sencillamente porque nada en este mundo altera el destino que uno mismo se fija. Todo eso había sufrido también Cesaria Evora, sólo que nadie sabía de su existencia excepto sus vecinos de Mindelo, el puerto polvoriento de una de las islas de Cabo Verde, en África.

Holiday y Piaf murieron tristes pero en olor a gloria. La primera a los 44 años y la segunda a los 47, la misma edad que tenía Evora cuando un productor se le presentó como una aparición fantasmal y le ofreció grabar un disco en la Ciudad Luz. Ella se mató de risa: A sus años creía que lo había vivido todo: amó a quienes pudo, incluso a los que la abandonaron tan rápido como supieron que había quedado embarazada. Por eso tiene tres hijos de igual número de padres distintos y a todos los recuerda sin resentimiento. Vivía arrinconada con sus vástagos y una madre ciega, sin ninguna esperanza de que el mundo conociera su voz desolada.

Bebía y fumaba como nadie en cada bar o burdel donde la contrataban para que interpretara a cambio de unos billetes algunas mornas del pueblo: esas canciones infinitamente tristes como el blues norteamericano, como el fado portugués, como el bolero latinoamericano. Cantaba descalza y dulce, rebelde, intensamente cierta, como la promesa de un amor que nunca volverá. Cantaba sobre esas pasiones dolorosas que como ella afrontaron Edith Piaf y Billie Holiday; amores a los que se entregaron a pesar de saber que saldrían dañadas, pero los
aceptaban por la recompensa de una sola noche.
En este texto seguramente nos queda la sensación de estar ante algo parecido a literatura. El ritmo de la prosa y las comparaciones que tienen lugar en el texto nos acercan al hecho literario, aunque el uso de tiempo y la consolidación del texto está dado por un elemento básico: la información. Entonces, ¿es suficiente el uso del lenguaje para determinar su condición literaria?

Texto 3
Borges y yo
Al otro, a Borges, es a quien le ocurren las cosas. Yo camino por Buenos Aires y me demoro, acaso ya mecánicamente, para mirar el arco de un zaguán y la puerta cancel; de Borges tengo noticias por el correo y veo su nombre en una terna de profesores o en un diccionario biográfico. Me gustan los relojes de arena, los mapas, la tipografía del siglo XVIII, el sabor del café y la prosa de Stevenson; el otro comparte esas preferencias, pero de un modo vanidoso que las convierte en atributos de un actor. Sería exagerado afirmar que nuestra relación es hostil; yo vivo, yo me dejo vivir, para que Borges pueda tramar su literatura y esa literatura me justifica. Nada me cuesta confesar que ha logrado ciertas páginas válidas, pero esas páginas no me pueden salvar, quizá porque lo bueno ya no es de nadie, ni siquiera del otro, sino del lenguaje o la tradición. Por lo demás, yo estoy destinado a perderme, definitivamente, y sólo algún instante de mí podrá sobrevivir en el otro. Poco a poco voy cediéndole todo, aunque me consta su perversa costumbre de falsear y magnificar. Spinoza entendió que todas las cosas quieren perseverar en su ser; la piedra eternamente quiere ser piedra y el tigre un tigre. Yo he de quedar en Borges, no en mí (si es que alguien soy), pero me reconozco menos en sus libros que en muchos otros o que en el laborioso rasgueo de una guitarra. Hace años yo traté de librarme de él y pasé de las mitologías del arrabal a los juegos con el tiempo y con lo infinito, pero esos juegos son de Borges ahora y tendré que idear otras cosas. Así mi vida es una fuga y todo lo pierdo y todo es del olvido, o del otro.

No sé cuál de los dos escribe esta página.

La primera aproximación viene acompañada por una asociación: Jorge Luis Borges, escritor argentino, con lo que nos ubicamos en una frontera casi ilegible. No sabemos si se trata de una confesión (si me atengo a la persona que narra, eso parece) o si se trata más bien de una ficción, sobre todo por la forma sorpresiva como termina este relato. Lo cierto es que encontramos un juego que da vivacidad al texto, se trata del yo–narrador que se mira en un otro–narrador, como un juego de espejo. Este juego es la del escritor y su doble. El que narra propone dos dimensiones estructurales del relato, de un lado la noción de vida y de otro, la idea de literatura; en este dilema se confrontan, pero esta suerte de careo concluye en una cuestión sorpresiva, el asunto de la escritura.

Ahora diremos la procedencia de estos textos, el primero fue narrado por doña Candelaria Tucno Landa, natural de Chuschi (provincia de Cangallo) y fue recogido por Marcelina Berrocal Avilés, apareció como parte del trabajo de Juan Ansión y Jan Szeminski, "Dioses y hombres de Huamanga"(Allpanchis N° 19; Cuzco, 1982); el segundo es de Angel Páez, "Cesaria Evora/ La diva de los pies descalzos" publicado en el suplemento Domingo de La República (Lima, 9 Enero 2000, pp. 35-36); y, el último texto, en efecto, es de Jorge Luis Borges y lo publicó en el Hacedor (1960).

2. ¿CONCEPTO ESENCIALISTA?

Cuando se revisan manuales sobre literatura o se pregunta por la literatura solemos encontrar conceptos que suministran una noción esencialista de la misma. Sucede que aparece como concepto per se, es decir, un concepto natural como si este hubiera existido siempre en el paisaje humano. Así, entonces, la literatura está predefinida como un hecho vinculado al uso de la palabra, sobre todo escrita: sería palabra que produce belleza. A partir de este juicio se asumen determinados cauces que corresponden a maneras de entender la literatura. Por eso, más que preocuparnos por una definición, vamos a aproximarnos a las características que hacen que un texto sea literario.

En el imaginario colectivo del lector común hay una idea que asocia palabra y belleza. En enero del 2000 hice la siguiente pregunta a mis alumnos de profesionalización docente[2]. Les pedí que respondieran a la pregunta "¿Qué entiendes por literatura?". Las respuestas son suficientemente ilustrativas de la imagen que existe como colectivo en nuestra sociedad. La primera y más difundida, palabra escrita vinculada a belleza:

  • "Literatura es el arte de la palabra";
  • "arte que fluye a través de la palabra escrita";
  • "Aunque no hay una sola definición, simplemente, diré que es el arte de la palabra";
  • "Entiendo por literatura la expresión artística de crear y recrear a través de la palabra"; y,
  • "nos muestra la belleza de la escritura y el lenguaje".

La literatura, según estos entendimientos, sería el "arte de la palabra" que sustancialmente se vinculada a la escritura. Escritura y arte se asocian para dar lugar a la literatura. Lo que distingue, según estas respuestas, a la literatura es la palabra escrita y portadora de belleza.

Las otras respuestas se inspiran en el mismo tópico, sin embargo, proponen observar otros componentes que tiene la literatura: su origen, quién comunica, qué forma adquiere lo que comunica y qué comunica, es decir, qué dice la literatura al lector. Veamos las respuestas:

  • "Literatura es la expresión de la belleza por medio de las palabras, proviene de la palabra Littera";
  • "es la forma como los autores expresan por escrito diversos sentimientos e ideas en obras literarias";
  • "es un arte, arte de escribir. En cada una de la obras podemos encontrar ritmo, entonación, pausa, etc."; y,
  • "es una arte que expresa por medio de las palabras sentimientos, emociones, realidad y deseos de un autor, siguiendo ciertos parámetros de construcción."

La palabra como arte escrito, aterriza en una forma que se llama acá "obra literaria", a esta se le identifica con el "autor" y el autor es el que expresa diversas percepciones. En la realización de la "obra" hay "ciertos parámetros" donde se puede percibir algunas funciones del lenguaje. Estas percepciones corresponden al imaginario colectivo, de muy amplia difusión en nuestro medio, y elaboran un concepto armónico de literatura, una noción generalizada y hasta escolarizada. Prefieren la definición ("es") y el "debe" sugerida en cada nota.

Si se nos ocurriese ir al diccionario la imagen de la literatura es todavía más conservadora de lo que aparece en las versiones de los maestros, el diccionario la vincula a lo normativo y lo hace extensiva a una amplitud conceptual que nos remite incluso al pasado clásico de occidente:

literatura.

(Del lat. litteratūra).
1. f. Arte que emplea como medio de expresión una lengua.
2. f. Conjunto de las producciones literarias de una nación, de una época o de un género. La literatura griega. La literatura del siglo xvi.
3. f. Conjunto de obras que versan sobre un arte o una ciencia. Literatura médica. Literatura jurídica.
4. f. Conjunto de conocimientos sobre literatura. Sabe mucha literatura.
5. f. Tratado en que se exponen estos conocimientos.
6. f. desus. Teoría de las composiciones literarias.

~ de cordel.
1. f. pliegos de cordel.

(Real Academia Española; 22ª ed. 2001)

Sin duda está una percepción normativa. Definida así la literatura tiene un formato predefinido. Los cambios en el discurso no se pueden producir, o se producen de modo natural.

Algunas de las propuestas interpretativas han traducido este esencialismo en un impresionismo aberrante donde el texto se pierde en un ejercicio estilístico del crítico. En otros casos ha persistido –sobre todo en la escuela y los manuales de divulgación– un concepto que inspira una aplicación de cuasi mecánica, como ocurre con las nociones de género y especie que traducen una clasificación de las ciencias naturales a la literatura o en estos últimos tiempo en la escuela básica se ha elaborado una perspectiva que hace de la literatura un objeto dependiente de la teoría de la comunicación. La literatura es un componente de la comunicación y no una especificidad propia; es, por así decirlo, un ejercicio que se hace para estudiar la eficacia del lenguaje y no para ver las cualidades intrínsecas del texto (efecto poético) y promueve, por otra lado, la creación de leyendas sobre los autores como héroes culturales, que casi siempre se acercan al olvido del fenómeno literario.[3]

En la experiencia de lectura que acabamos vivir, varios de nosotros, seguramente, ha reconocido como un interesante relato al segundo texto, sin embargo, se trata de un comentario periodístico, de una crónica del día. Entre este texto y el tercero hay una diferencia que las distingue, el lenguaje utilizado y los límites que este establece frente a su uso. Si bien en ambos textos hay ritmo y pausa que hacen atractivos a ambos textos y comparte en un estilo que informa al lector una situación, en "Borges y yo" encontramos, además la construcción de una metafórica, una estructura y lenguaje que plantea la ruptura los límite propio de la lengua y la forma relato, por eso, su lectura es polisémica, siempre primera. "Evora Cesarea, la diva de los pies descalzos" queda como una escritura amena e interesante, que eventualmente –si acaso se produjera un cambio en la manera de percibir a la literatura– en los próximos tiempos podría convertirse en literario como ha sucedido, por ejemplo, con escritos que antes estaban fundamentalmente vinculados a la historia, me refiero a las crónicas coloniales que hoy día leemos como literatura; entre éstas podemos mencionar los casos de El señorío de los incas de Pedro Cieza de León, Los Comentarios Reales de Incas del Inca Garcilaso de la Vega y Nueva corónica y buen gobierno de Felipe Huamán Poma de Ayala.



3. NOCIÓN DE LITERATURA


Pero estos no debe llevarnos a pensar algo diferente a la lengua de uso, a pensar en una lengua literaria, una lengua distinta a la que usamos todos. El hecho mismo de que la lengua acuse diferencias sustantivas respecto a su uso cotidiano, sobre todo las referidas a la variedad de significados o a las posibilidades que van más allá de los límites usuales, no nos autoriza a expresar la existencia diferencial de una lengua que pudiera llamarse literaria como creían otrora los formalistas. Un análisis detallado sobre las diferencias entre la lengua ordinaria, la lengua científica y una supuesta lengua literaria nos llevaría a la conclusión de que no son los usos las que proveen las diferencias sino las funciones específicas. La lengua puede tener un uso ordinario, pero cuando ese uso va más allá de sus límites (que podemos llamar "movilidad textual"), estamos ante algo distinto a textos no-literarios. Así, funciones como la representación simbólica se hallan en cualquiera de las utilizaciones de lenguaje, la capacidad de otorgar significados aparentes las tienen también cada una de las mencionadas. No hay nada, pues, que los diferencie ni siquiera la ausencia de una subjetividad en texto calificado como científico.

Cuando se habla de literatura no sólo estamos atendiendo a la forma como se utiliza el lenguaje tal como se ha visto en los tres casos que hemos presentado. El lenguaje cumple, sin duda, una función importante en la constitución de lo literario, pero no es sólo eso sino como se interrelacionan cada una de las formas que son parte del hecho literario, de manera que cuando hablamos de literatura estamos no sólo aludiendo a la forma como se usa la lengua sino a las estrategias que hacen que ese uso se convierta en algo diferente. Aludo a su forma, a su estructura, a su organización textual, "está estructurada, pero descentrada, sin cierre" –dirá Roland Barthes (1987: 77). La diferencia no está en la existencia de una lengua literaria o una lengua distinta, si está fuera tal, las posibilidades de que el artefacto-libro o el texto oral pase a ser un texto legible por cualquiera que domine o tenga competencia en la lengua no sería posible.

El concepto literatura es de factura reciente. No tiene ni dos siglos de existencia. Sin embargo, no siempre este concepto ha sido definido tal como ahora lo entendemos. En el pasado han sido las retóricas clásicas las que han suministrado los conceptos funcionales y operativos de lo que hoy entendemos por literatura. Podemos recordar, dos retóricas fundacionales, la Poética de Aristóteles y la Epístola a los Pisones de Horario que tienen que ver con los diversos géneros de la cultura clásica de occidente asociada a su vez a una normativa cultural, es decir, a preceptos que orientan la noción de literatura como palabra bella. Esta orientación clásica será cuestionada con la aparición de las propuestas filosóficas de Kant y Hegel que producen insumos para, primero, rechazar el naturalismo con que se concibe el concepto de literatura, que la explica al igual que cualquier noción o hecho de la naturaleza, desde la perspectiva positivista (Taine).

Esta orientación tuvo una fuerte reacción en los estudios de la cultura y en la redefinición del objeto literario durante el romanticismo. Se produce un cisma respecto a las explicaciones, el centro de atención ya no va a ser la naturaleza, que traducía en un esquema que explica la literatura por su relación con la naturaleza. Ahora el concepto introducirá al sujeto como fuente privilegiada del acto poético, con lo que aparece la noción de "genio" o "inspiración". Lo que me lleva a interrogar sobre la literatura como construcción cultural: ¿qué entiendo como construcción social de lo literario? La literatura no es un objeto natural, es un objeto construido, elaborado o producido por sujetos a quienes se les reconoce la autoría o no se tiene noticias del que narró como ocurre en la literatura oral. Pero no son los autores lo que nos interesa. Es el hecho literario, el texto como producción de sujetos. La sociedad a través se sus instituciones y sus imaginarios determina o acepta si un texto será o no, considerado como literatura; por lo que podemos decir que tras ese objeto literario está un sujeto social.

Incorporo esta noción, la de sujeto social, como un concepto instrumental que describe una situación colectiva (actúan y comparten un pensar igual). El concepto de literatura que deseo introducir es la interacción de sujetos sociales y mundo cultural (García Canclini, Raymond Williams). Es en esta interacción de sujetos y cultura que se define el objeto literario. Pero estos sujetos ocupan un lugar, una posición en el espacio social. Una consecuencia de esto es la predominancia o hegemonía cultural de ciertas prácticas literarias en desmedro de otras (Marx, Cornejo Polar), aunque esta hegemonía simbólica podría ofrecer la ilusión de la inclusión, resulta, casi siempre, un episodio de la historia literaria, es decir, corresponden a su pervivencia inocua, a un tiempo ya inexistente, en la que es una muestra casi de museo.

Si pensamos en la presencia de varios sujetos sociales, podemos postular también varios conceptos de literatura. La literatura no solo será un objeto cultural cambiante, sino múltiple (R. Williams). Pero esto nos llevaría a un relativismo absoluto según lo cual todo es todo y nada a la vez. Lo que nos obliga a consignar la existencia de una comunidad científica –las instituciones literarias– como colectividades interpretativas que emiten y pautan conceptos y juicios, imponen gustos precisamente porque están vinculadas al poder. La literatura no sólo será un objeto culturalmente construido, sino también como objeto vinculados a otro conjunto de textos. Todo texto establece un "diálogo" intertextual.

En resumen, nuestra noción de literatura aborda las características que vienen de las prácticas literarias. Lo que suponemos, uno, movilidad textual, vale decir, un texto sin intención literaria, puede ser reflexionado, dado los cambios producidos en la comunidad crítica, como literario; dos, lo literario no está definido por la escritura, sino por la forma cómo se estructura determinados discursos; tres, una literatura no se define por la exclusión/inclusión de una lengua; cuatro, en cada forma textual opera un conjunto de convicciones que no son exclusivos del texto sino vienen de las comunidades usuarias; cinco, estas comunidades son las que pautan al texto; seis, siendo “comunidades imaginadas” éstas están conformadas por representaciones de la sociedad; es decir, suministran una noción que se ha creado como construcción social, a lo largo de la historia y donde es de esperar se produce, una lucha simbólica por la representación social.




LECTURAS COMPLEMENTARIAS

Barthes, Rolland. "Escribir, ¿un verbo intransitivo?" y “De la obra al texto” en El susurro del lenguaje. Barcelona. Ed. Paidós, 1987; pp. 23-33; 74-76.
Bobes Naves, María del Carmen."La literatura. La ciencia de la literatura. La crítica de la razón literaria" en Curso de Teoría de la literatura, coordinada por Darío Villanueva. Madrid, Ed. Taurus Universitaria, 1994; pp. 19–45.
Lozano, Jorge et al. "El texto" en Análisis del Discurso. Hacia una semiótica de la interacción textual. 3ra. ed. Madrid Ed. Cátedra, 1985; pp. 15–55.
Reyes, Alfonso. “Apolo de la literatura" en La Experiencia Literaria. Buenos Aires, Ed. Losada, 1969; pp. 73–90.
Warren, René (y) Austin Wellek. “Naturaleza de la Literatura” (1953) en Teoría Literaria. Madrid, Ed. Gredos, 1981; pp. 24-27.


[1] Al final, de esta sección se halla la traducción Ñawpa Runakunapa Awanan / El telar de los antiguos.
[2] Las preguntas se hicieron a los alumnos en curso de Literatura Latinoamericana del Programa de Profesionalización Docente en Comunicación y Literatura, de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, enero 2000.
[3] Cf. Ministerio de Educación–UDCREES. Diseño Curricular Básico de Educación Secundaria. Lima, 1998. Véase: Diseño Curricular Básico del Área de Comunicación.

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