sábado, 28 de julio de 2007

Sonqo Llulla de Mamani por Guissela Gonzales

Coloquio Internacional Des-encuentros: las vanguardias, México y Perú:
Sonqo Llulla o la “poderosa actitud aborígen”.
Relaciones entre lo indio y lo criollo. Acercamiento a la obra de Inocencio Mamani
Guissela Gonzales
(UNMSM)
Edición preliminar (*)




En febrero de 1928, en la revista Mundial, Gamaliel Churata publicó un artículo a propósito de la puesta en escena de Tuquypaq Munasqam, pieza teatral de Inocencio Mamani. En el escrito, que lleva por título “Crónica del teatro indígena”, Churata señalaba:

"Hay el signo de una pequeña tempestad andina en las actividades de los muchachos indígenas de la compañía teatral Orko-pata (…) El 18 de febrero de este año, a horas 9 en punto, se llevó a escena la comedia pastoril en 3 actos y un prólogo, titulada Tuquypaj Munasqan escrita por Inocencio Mamani, joven indígena de 19 años. ¡Tuquypaj munasqan, es una linda comedia, fresca como talluelo recién podado, y saludable como agua bebida en manantial que bordean berros y sinfoniza el diptongo del sapo! (…) La comedia de Mamani tiene un particular encanto. Hace pensar en las sementeras verdecidas y el piar de kellunchos y pichitankas. La kurukuta que desgrana un trino afónico y el quinuar de hojas pintureras son hermanas de este Mamani, de tanto ingenio y de tanta novedad de inteligencia”.


Así comienza la crónica de Churata, quien luego de dar algunos alcances sobre el autor y señalar aspectos saltantes de su obra, termina diciendo:

“Deuno a otro extremo Tuquypaj Munasqan es una manifestación seria del progreso
que logra a diario el indio del Titikaka y comprueba que toda ideología encaminada a elevar su nivel está ampliamente justificada. Para cerrar esta crónica yo invito a los peruanos a retener el nombre de Inocencio Mamani, el primer indio dramaturgo (…)”.

Esta crónica fue escrita en 1928 y desde entonces, si el nombre de Inocencio Mamani ha permanecido a lo largo del tiempo, ha sido gracias a los intelectuales puneños y a las investigaciones y trabajos que se han realizado sobre el Grupo Orkopata y la obra de sus integrantes, especialmente la del maestro Churata; pero ha sido, y quizá todavía lo sea, un nombre conocido sólo en algunos círculos. Tal como ocurrió durante algún tiempo con la obra del mismo Churata, la de Mamani ha sido una obra poco abordada. ¿Qué sabemos de Inocencio Mamani? Partiendo de la invitación con la que Churata cierra su crónica se hace necesario señalar, aunque de manera muy breve, quién fue este escritor.


Mencionado por Mariátegui en Los siete ensayos (…), elogiado por diversos intelectuales de la época como Luis E. Valcárcel, Gabriel Collazos, Emilio Romero, además del propio Churata, Mamani fue un escritor puneño, nacido en diciembre de 1904 en el barrio de Mañazo, en la ciudad de Puno, hombre con un gran espíritu aventurero que lo llevó a desarrollar múltiples actividades: practicó el andinismo, fue sanitario, fundó la compañía de bomberos de la ciudad de Puno, trabajó en los barcos que iban de esta ciudad a Huaqui, en Bolivia, fue ciclista, también integrante de la Federación de periodistas de Puno así como de diversas instituciones culturales y ecológicas, entre otras actividades. En el terreno de la creación literaria y específicamente en el del teatro, se inició tempranamente, a los 13 años. Su primer trabajo teatral fue Sapan Churin (hijo único); a los 19 años escribió Tuquypaj Munasqan y posteriormente otras obras como Sonqo Llulla (Corazón mentiroso), Kasarasunchis (Nos casaremos), Wiñay solterita (La eterna solterita) y Maytan Ripurkanki (A donde te fuiste) obras, todas éstas, de las que tenemos noticias, pues se sabe que hay algunas piezas que permanecen en el anonimato.

Reconociendo la importancia de la obra de Mamani, intentaremos dar breves alcances sobre algunos aspectos de su producción dramática, en ese sentido el presente trabajo es apenas un acercamiento inicial, a la producción teatral de este autor.

Nos interesa, en primer lugar, ver en qué medida, el planteamiento de Mamaní se articula con las ideas que Gamaliel Churata desarrolló sobre la estética americana, ideas que, para este trabajo, hemos tomado de los artículos, crónicas y ensayos que Churata publicó en diversos diarios y revistas de Perú y Bolivia[1]. Churata, hay que recordarlo, fue el gestor y guía del grupo Orkopata, al que perteneció Inocencio Mamani. Fue también director del famoso Boletín Titikaka, órgano de difusión del grupo. Intelectual lúcido y comprometido, amigo de Mariátegui, Churata tuvo que salir exiliado de nuestro país, a comienzos de la década del 30, por cuestiones políticas.

En segundo lugar y para efectos de lo planteado, abordaremos la pieza teatral Sonqo Llulla. ¿Por qué Sonqo Llulla? No sólo porque creemos, que en relación a Sapan Churin y Tuquypaj Munasqan (no obstante los elogios que esta obra recibió en su momento) hay una mayor madurez en lo que se refiere al manejo de la acción dramática y al tratamiento de los personajes, sino sobretodo, porque percibimos una propuesta más consistente acerca de lo indio y lo criollo (entendido esto último como representación de lo occidental y más específicamente de lo español), que se expresa en las relaciones que se establecen entre los personajes.

[...]

SONQO LLULLA[9] O LA “PODEROSA ACTITUD ABORÍGEN”.

“Este es el verdadero problema; por el se afanan los hombres que sienten la indianidad: salvar al indio; impedir que desaparezca en el torbellino del
Porvenir; que su sangre y su espíritu enfloren y que el tramonto del mundo actual cuya liquidación nadie podrá impedir, respete el alma infantil y primitiva del indio americano, hijo como el candor, de edades prometéicas, del Aura Mazda o del Génesis…”[10].


Sonqo Llulla es una obra que está dividida en dos partes. La historia gira en torno a una joven, Juanita, que está casada con Santiago, hombre trabajador, marinero del Titikaka. Sin embargo, Juanita ha sido cautivada y muestra gran interés por Panchito, un joven criollo y presumido (tal como lo precisa el mismo Mamani) con quien iniciará una relación que finalmente la hará dejar a su esposo. Éste, a su vez, luego de la separación se comprometerá con Martina, hermana de Juanita, mujer más juiciosa que ésta.


Los personajes, tal como aparecen en la obra, son en su mayoría personajes bien definidos, conscientes del lugar que ocupan en la sociedad, a excepción de Juanita, que es precisamente quien llevará la peor parte en la historia. Hagamos una breve revisión de ellos:

Martina, hermana de Juanita, desde el inicio muestra una visión negativa de los mistis “te dejará en la calle” le advierte a su hermana, cuando ésta le revela su interés en Panchito.

Por su parte, Juanita establece bien la diferencia entre el “khara Panchito que es “misti” y Santiago, su esposo, que es un “indio”, según sus propias palabras. Pero por otro lado, Juanita también es consciente de su condición aunque se niega a aceptarla. Cuando enamora con Panchito le dice: “pertenezco a la clase de la cholada, tendrías vergüenza de salir con una chola”. Y, sin embargo, es despectiva con Muñico, el servidor indio de la casa, a quien trata de ”indio sucio y dormilón”.

Por su lado, Panchito no logra establecer la diferencia entre cholo e indio y llama así, indistintamente, a los otros personajes. Panchito encarna además valores negativos, es un vividor, un aprovechado, mentiroso y cobarde.

Su antagonista no es Santiago como podría esperarse, sino Muñico quien desde el comienzo tiene una visión negativa del Khara Panchito, lo llama “ladrón, gamonal” y dice de él: "Hejo del ladrón Cácires es pues; todo el ayllu a quitado ese gamonal: Ahora este Khara, se lo va a ratear a la Juanita y se va a reír de ella. Y ella nu sabe lo que ha di pasar; pobre mojircita”.

Y también desde el comienzo Muñico muestra una visión positiva de Santiago. Cuando está solo, hablando en voz alta, luego que Juanita hace entrar a su cuarto a Panchito dice: "Ispírate, cuando wa saber el patroncito Santiago, va a matar al khara. Por algu Santiaguito es marinero de agua dolce. Tene mocha fuerza. Otro gamonal minos en Pirú”.

Más adelante cuando llega Santiago y encuentra a Juanita con Panchito. Muñico dice: "¡Ay Tatitu! Parice un terremoto…granizos… relámpagos. Tata Santiago istá reventando a patadas al khara ladrón: ahoreteta lo mata. Qui lo mate, qui lo mate… muertu el gamonal ya no habrá lagrunes en ista veda, utro más, así, utro…”

Estas escenas, aunque llenas de humor, revelan las preocupaciones y, sobretodo, la visión que de las cosas tiene Muñico y son cruciales para el desenlace.

En la segunda parte de la obra, Panchito ha decidido abandonar a Juanita con quien ha llegado a tener varios hijos, el momento culminante de la obra se sitúa en este momento, Panchito, que es un vividor, va a pedirle dinero a Martina para poder irse y en esta circunstancia se encuentra con Muñico. Se produce un enfrentamiento entre ambos, enfrentamiento, por cierto, bastante simbólico, si nos damos cuenta de los valores que estos dos personajes encarnan. Han pasado algunos años y al comienzo, las primeras palabras son de reconocimiento, hasta que Muñico le dice:
"Pero…deme ¿cómo está la neña Juaneta? ¿Cómo están sus hejetos?... Creo to no sabes trabajar: una vez mama Andrea me decho que to haces vender sus cosetas. Y sos pobres creatoras lloran mocho. To no te acordas de tus huahuas, eres un lagarto, un diablo; al enferno te vas ir por malo”
Panchito: (Amargado) ¡Oye cholo asqueroso! ¿Quién eres tú para tratarme de lagarto?... ¿No sabes que soy tu patrón?
Muñico: (También colérico) ¿Patrón? ¿Caraju, ya nu iris patrón de nadie, ladronasu, ratiro!
Panchito: ¡Indio de mier…, liso! ¡Fuera de aquí, carajo! ¿So asno!...
Muñico: (Sacando su correa) ¡Carajo! Muñico antes sonseto, ahora soy indio bueno y ben machu caraju! Puis vas a conocer lo qui es Muñico. ¡Khara, pirro desgraciado! ¡toma, caraju…toma…! (le da de latigazos).
Panchito: (Tratando de defenderse) ¡Indio maldito! ¡Vas a pagar esto!
Muñico: (Furioso, sin soltarlo le sigue azotando) Fuira de aquí, alko! ¡Pirro, ahora vas a reconocer las wawas de neña Juaneta; y si no, yo mismo te voy a enjuiciar, maldito Khara! (golpeándolo duro) Así se maneja a los ladrones que se borlan de las mojercetas (burlesco) Way, requeto es Pancheto decen, y ti dan sus pichos caray…(Panchito está tendido en el suelo) Piro ahora voy a llamar polecea para que se lleve a este pirro. (Sale)”

Sin embargo, ahí no acaba la participación de Muñico. La suplicante Juanita ingresa en escena y encuentra a Panchito, todavía malherido y tendido en el suelo, y le rogará que se quede, pero éste, sin importarle nada, se irá.

Muñico entra otra vez en escena y le es difícil reconocer a Juanita pues su apariencia ha cambiado notablemente. Juanita no tiene a donde ir, le da vergüenza volver a la casa de su familia y llora inconsolablemente. Muñico le dice:”Cálmate niñita. No istás sola. Muñico istá presente; y te voy a llevar a mi chujllita de Orkopata: Tuditos comerimos de un solo plato aunque sea”.

Casi inmediatamente llegan Santiago, Martina, Andrea (madre, esta última, de ambas hermanas), y todos dan la bienvenida a Juanita, víctima del abandono. Santiago manda a traer ropa y comida para Juanita y el encuentro entre Santiago y Muñico es bastante efusivo: “¡Qué alegría es isto cawallero Santiaguito! Ahora sí qui estoy moy contento. Yo ya lo he castigadp a ese khara del Pancheto. A latigazos loy revolcado. Querea más castigarlo piro se escapó de miedo del poeblo”. La respuesta de Santiago, que es prácticamente su parlamento final, y que sintetiza una de las ideas centrales de la obra, no se deja esperar: “Muy bien tata Muñico. Eres un verdadero hombre, hermano campesino. Los dos unidos como un solo hombre pondremos en orden las cosas, para que nadie se burle de los campesinos y de la cholada”.

El conflicto se resuelve, el orden se restablece, el final es un final feliz pues Muñico trae a unos músicos y se organiza una fiesta.

Sin lugar a dudas la figura de Muñico el indio Muñico, antiguo servidor de la casa de Martina y Juanita, cobra gran importancia en esta última parte. Muñico es quien valerosamente enfrenta al misti Panchito. Muñico quien consuela a Juanita y le ofrece hacerse cargo de ella y sus hijos. Muñico quien solidariamente le ofrece compartir lo poco que él y su esposa tienen. En suma, es Muñico quien restablece el orden e instaura uno nuevo, no en vano es él quien se encarga de organizar el festejo final, en el que se celebra la reincorporación de Juanita a su familia y a su clase, pero no sólo eso. Está también la unión fortalecida entre lo indio, representado por Muñico, y lo cholo, simbolizado por Santiago, frente a lo criollo.

La visión negativa de los mistis se encuentra presente desde la primera pieza teatral de Mamani, Sapan Churin, en esta obra hay una reflexión sobre el tema que, aunque todavía no alcanza profundidad, ya es evidente. Pero sin duda la reflexión y posición del autor, es más clara y contundente en Sonqo Llulla, obra en la que los personajes continuamente están aludiendo a este problema “debemos defender a nuestra clase que tanto odian y tienen envidia” dice en algún momento Martina. Incluso la propia Juanita refiriéndose a Panchito y luego de haber “entrado en razón” termina diciendo: “blancos como él son efectivamente engañadores”.

En cuanto a la acción dramática se puede decir que es manejada muy hábilmente, pues las situaciones se suceden una a otra de manera lógica y con gran dinamismo. Pero más allá de la historia está la trama psicológica de los personajes que es abordada con una profunda naturalidad. Podríamos repetir lo que Churata dijo refiriéndose a Tuquypaq Munasqan “(…) la trama psicológica, (…) nos refiere mil encantadores aspectos del indio libre, del indio que no degeneró en el latifundio y que, a no ser por la autoridad anticordial que lo preside, podría considerarse el más feliz habitante del planeta”[11].

Aquella alma infantil y primitiva, aquella candorosidad de la que habla Churata están a flor de piel en los personajes indios de Mamani, pero también está presenta aquella “poderosa actitud aborigen”, que se manifiesta no solo en su accionar si no, sobre todo y, al decir de Churata, en el “impulso de la voluntad creadora” que tiene Mamani.

Notas:

[1] Los escritos publicados en diarios y revistas de Bolivia, fueron recopilados por la autora como parte de una investigación, en la década del noventa.
[9] El texto ha sido tomado de la compilación realizada por Huamán Peñaloza, Domingo. El teatro de Inocencio Mamani. Lima, CONCYTEC, 1989.
[10] Churata, Gamaliel. “El conflicto de los pongos”. Op.cit.
[11] Churata Gamaliel “Crónicas del Titicaca. El teatro indígena”. En: Mundial. Lima, febrero, 1928.

(*) Al cautivo lector o la cautiva lectora:

En adelante, todos los registros de Coloquio Internacional Des-Encuentros:las vanguardias, México y Perú, realizado en Lima el 4 y 5 de julio 2007, se publicarán en mi portal. El ensayo no se publica completo, tiene la condición de edición preliminar, es decir, está proceso de corrección final y es parte libro electrónico que estoy preparando.


Publicado por Gonzalo Espino Relucé

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