miércoles, 11 de julio de 2007

KILKU WARAK’A por Odi Gonzales

Coloquio Internacional Des-encuentros: las vanguardias, México y Perú:
La dolorosa contradicción de
Kilku Warak'a
(El poeta quechua más importante del siglo xx)

Odi Gonzales [1]


Edición preliminar (*)

Feroz y ritualmente ejecutado por una turba de campesinos enardecidos –sus propios ahijados- el poeta (y hacendado) peruano Andrés Alencastre, que escribía con el seudónimo indio de Kilku Warak’a, llegó en cuanto al manejo del lenguaje Quechua a un nivel más alto que el propio Arguedas quien lo distinguió como el más grande poeta Quechua del siglo XX.


Indios, mestizos y señores

Andrés Alencastre o Kilku Warak’a pertenece a ese impetuoso séquito de intelectuales cusqueños o cusqueñistas que, no obstante ser mayoritariamente blancos o mestizos, hacendados o señorones de antiguo linaje, promovieron –en la primera mitad del siglo XX- el movimiento Indigenista que propugnó una revisión del problema del indio, reclamando sus derechos, ensalzando sus virtudes heredadas del inkario, cuando no magnificándolo en exaltadas composiciones literarias, pinturas y piezas musicales; una impostergable causa que si bien cundió, no siempre fue secundada por la consecuencia, pues lo que con vehemencia se afirmaba en el discurso, no se aplicaba en la realidad, ni siquiera en el entorno de sus propios peones o servidumbre.

Desde luego que para quienes continuamos escribiendo en Quechua, en Aymara o en las lenguas amazónicas, o recreamos en Español el subyugante universo andino, el mayor obstáculo es, sin duda, el lenguaje: cómo hacer verosímil –mediante la palabra- lo que de por sí es increíble en ese arcano territorio donde las fronteras entre vida/muerte, mundo natural/sobrenatural, no existen y es común, más bien, toparse en un cruce de caminos con un ángel andariego o recibir, tal vez, en una siembra de papas, la visita inesperada de un familiar muerto que viene –del más allá- a prevenirnos sobre el clima o porque simplemente tiene sed y desea un poco de chicha de maíz. No obstante ello, la poesía Quechua contemporánea, por ejemplo la escrita por Alencastre, tiene autor y códigos propios y ya no más ese carácter colectivo, anónimo y oral de los inicios, cuando estaba conformada por oraciones e himnos que, de acuerdo a su naturaleza, eran wawakis (invocaciones para enterrar a un infante muerto), hayllis (poesía épica), harawis (poesía amorosa), qhaswas (cantos de regocijo), wankas, entre otros. Ni siquiera la luminosa personalidad de José María Arguedas confinó al limbo al poeta Alencastre, de quien aquél dijo que era el más grande poeta quechua del siglo XX.


Canción en flor


En 1952 sale a la luz Taki parwa[2], su primer libro, conformado por treinta poemas de rotundos tercetos, cuartetos, sextillas y décimas. El libro –cuyo singular diseño incluye una cinta delicadamente urdida por alguna tejedora de Chinchero- tiene notables poemas líricos y épicos en los que, por un lado, se hace una especie de prosopografía de algunas animales de la mitología andina como el puma, y por el otro, se ensalza la fastuosidad de las diversas deidades o apus de la madre naturaleza, pero también –y sobre todo- se honra sutilmente al amor. El puma, primer poema del libro y acaso el más conocido, inspirado en el felino que habita en los paramos y nevados del Vilcanota, revela, desde ya, la fuerza y riqueza de imágenes –común a todo el libro- pero que por momentos decae cuando el poeta intenta ideologizar su discurso.


“Este poemario puede ser considerado como la contribución más importante a la literatura quechua desde el siglo XVIII. Es comparable con el Ollantay en cuanto al dominio del autor sobre el idioma. Creíamos que tal dominio era ya inalcanzable para el hombre actual del habla quechua…Taki parwa es la expresión de un hombre nacido y formado en una aldea de la alta región andina, de un autor que después de haber sido compositor de waynos, tocador de charango y actor de comedias orales –por él mismo creadas- ingresa a la universidad e ilumina su exposición, enriquece sus medios de expresión con la sabiduría de la cultura occidental” sostuvo un entusiasmado Arguedas en un lúcido ensayo al que habría que agregar, tal vez, el particular manejo que el poeta hace del quechua: únicamente tres vocales a, i, u, así como la recurrencia y la tenacidad para emplear la consonante c en lugar de la ch.


Una década prodigiosa


En lo sesentas, el bachiller Andrés Alencastre Gutiérrez se gradúa de Doctor en Letras con la tesis “Fonética, semántica y sintaxis del quechua”. Asimismo, publica Taki ruru, su segundo e intenso libro conformado por 32 poemas disímiles, precedidos por litografías y dibujos de Mariano Fuentes Lira, más un texto de presentación donde manifiesta: “este poemario quechua que lo he denominado Taki ruru es la continuación de Taki parwa en el que ofrecí a los hombres que sienten la emoción quechua, la flor del canto; en Taki ruru les ofrezco el fruto de esa canción”.

Ocho años después, en 1972 y no obstante sus recargadas labores –que incluyen obligados viajes a su hacienda- publica su tercer volumen de poemas Yawar para/Lluvia de sangre, profético y desgarrador libro, una mazorca lírica del que se desgranan la muerte, el pesimismo y el fantasma del padre muerto que lo atormenta. Quizá por ello acepta viajar invitado a diversos encuentros de literatura étnica en Chile, Bolivia, Argentina y México. Son memorables sus participaciones como expositor en el Congreso Internacional de Lingüística realizado en Bucarest, en Québec, o su comentada conferencia en quechua en la radio y TV de Moscú en 1968.



Puma/ Puma

Phuyuq wawan uqi mici
phiña uywa rumi maki
urqullantan purishanki
rit’illanta k’umu k’umu
Phiña phiña qhawarispan
phuyutaraq picarinki
cupaykita maywirispan
urqukunata mayt’unki


C’awarkishka sunkhaykiwan
intitaraq llakllacinki
qalluykitaq sansaq puka
yawartaña llaqwarishian

Apukunaq sumaq uywan
inkakunaq yupaycanan,
yarqasqacu purishanki
aycatacu maskhashanki?

Hamuy ñuqa qarasqayki
kay sunquyta qhasurispa,
qhasquypatapi thallaykuy
llakiykunata ñit’iykuy

Qaqa hasp’iq silluykiwan
hank’uykunata watariy
hinaspataq puñuciway
ama llaki mucunaypaq


Tiznado gato, crío de la niebla
Airada fiera, garra de piedra
Deambulas por los cerros
Cabizbajo por la nieve

Acechando con furor
Barres la niebla
Laceando con tu rabo
Lías montañas

Espinos filudos tus bigotes
Al sol deslumbran, relucientes
Candente brasa tu lengua
Se relame por sangre

Grácil felino de los dioses
Venerado crío
Deambulas hambriento
Rastreando una presa?

Ven y prueba
Mi desgarrado corazón
Reposa en mi pecho
Aplasta mis penas

Con tus garras
(que rasguñan piedras)
Trenza mis nervios
Y adorméceme pronto
Para no padecer pesares.

Notas:
[1] Poeta e investigador peruano: odigonzales@hotmail.com

[2] Taki parwa/22 poemas de Kilku Warak’a. Traducción del quechua, estudio y notas de Odi Gonzales. Ediciones Municipalidad de Cusco y Editorial Navarrete. Lima, Peru, 2000.

Al cautivo lector o la cautiva lectora:

Como anuncié en
http://www.vanguardiasdesencuentros.blogspot.com/, este será descontinuado. En adelante, todos los registros de Coloquio Internacional Des-Encuentros:las vanguardias, México y Perú, realizado en Lima el 4 y 5 de julio 2007, se publicarán en mi portal. El ensayo no se publica completo, tiene la condición de edición preliminar, es decir, está proceso de corrección final.


Publicado por Gonzalo Espino Relucé

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