martes, 10 de julio de 2007

Etnopoética andina


Palabras claves: Etnopoética - cultura andina - tradición oral - willakuy

Publicado: Lhymen, rev. de cultura y literatura, año VI, nº 4. Lima, junio 2007; pp. 155-165 [ISSN: 1729-035x]. (*)

La reflexión que ha continuación se desarrolla tiene que ver con la formulación de las marcas que llamamos poéticas y que hacen de un texto un tipo de discurso cognocible como literario. Siendo así, en este enfoque identifico, en primer lugar, los elementos que codifican un tipo de texto que forma parte de la tradición oral y, en segundo lugar, nos aproximamos a la propia estructura verbal que reconocemos como modelos literarios tradicionales. Conviene anotar que en las dos últimas décadas se han producido un conjunto de avances para el análisis de textos que provienen de colectividades orales, dentro de estas opciones, la más sugerente resulta la etnopoética que en líneas generales propone situar la producción textual en los marcos de su realización como evento, cuya habla tiene lugar en condiciones de reciprocidad entre el narrador hablante y auditorio, así mismo propone poner atención a las mediaciones que tienen lugar cuando se traslada un texto cuya perfomance es oral al dominio de la tecnología de la escritura y centra su atención en la cosmovisión del grupo productor de esas narrativas. [1]


1. ¿Villakuchu, jawakuchu o kiwntuchu?

Detengamos en las formas como se nomina al relato quechua. En los tiempos actuales, en las prácticas etnográficas y en las prácticas de recuperación de literatura oral, no siempre se encuentra con una expresión específica que aluda a su naturaleza. Está más bien circunscrita a una noción genérica, el de costumbres, con la que se identifican las diversas prácticas discursivas, desde la literatura oral hasta la historia oral, desde los saberes cotidianos a la memoria colectiva. Jesús Lara anota a propósito de su Mitos, leyendas y cuentos de los quechuas: “Como hay un nombre para el canto: taki; otro para la poesía, arawi, y otros para las obras teatrales: wanka y aranwa, hay también uno para relato, en especial para el cuento: jawa, Jáway o jawariy es relatar, narrar cuentos.” (1987: 22) Lara recupera la noción quechua, cuya registro temprano lo encontramos en González Holguín (1608) que lo identifica con Hahuarini o hahuarinccuni y huahua ricuysimi:

Hahuarini o hahuarinccuni. Contar maravillas fabulosas de antepassados.
Sauca sauca hahuaricuycuna. Fabulas de passatiempo.
Hahua ricuysimi: Quentos de admiración fabulosa. (González Holguín 1608/1952: 145).

El mismo Diego González Holguín distingue acto de narrar de otras terminologías que aluden a la acción de hacer cuentas, que en quechua lo identifica con yupani (y numerar, yupay) y del acto de referir, villavillacuni vyarichini (cf. 1608: 459). El diccionario de Academia Mayor admite hawariy y establece como sinónimo willakuy, con el siguiente significado: “HAWARIY. S. Lit. Cuento, historieta, leyenda, fábula. v. Narrar cuentos, historietas, leyendas.”(1995: 152) Cerrón-Palomino, registra formas actuales, y ya no la forma antigua, incorpora la noción de referir como acto de contar: “WILLAY. Tr. Contar, narrar, avisar, decir” y Kwintu (cf. 1976b: 152, 187). Con lo que parece ser que la noción más próxima se fue transformando ya a inicios del siglo XX, toda vez que no encontramos el registro de haway, salvo su funcionalidad para el quechua cochabambino, como lo hace Lara y respecto a la Academia, se trata, por cierto, de un registro acrítico, con resonancias históricas, no funcional para el cuzqueño. Aunque en 1904 Adolfo Vienrich registra la acepción Huilapa como aquello que identifica al relato de tradición oral, aunque en su ortodoxia positivista lo traduce como “Fábula” (guaca nº 1: 96, 103). El Diccionario Políglota Incaico (1905) diferencia yupay y morochay/muluchay, “contar, v.”, de huillay/willay, huillacuy/ willakuy, “contar, (avisar) v.”; asignando las lexias willay y willakuy al acto de narrar (cf. 192,348). Este registro, para el caso peruano, da como evidencia el desplazamiento hawiriy para identificar la noción de narrar. Las lexias de uso en el siglo XX han sido willay (“v. tr. Avisar, contar, relatar; informar”, Cerrón–Palomino 1994ª: 83) o simplemente kwintu, en realidad avisar, y que en la actualidad suele identificarse con kwintus, quechualización de la palabra castellana. Asunto entonces, que nos lleva a reconocer, en términos formales un tipo de relato asociado a lo que una comunidad presenta en forma breve respecto a su universo o cosmovisión por el arte de la palabra hablada. Adicionalmente debe decirse que las diferencias propias de las tipologías (cuento, mito, leyenda) a la que nos acostumbran los manuales, resultan insuficientes, si se toma en cuenta, la naturaleza mítica de los relatos en los términos que Claude Lévi–Strauss planteó (1958/1970)[2]. Es decir la naturaleza lingüística de un discurso x da como consecuencia un tipo de texto que se adscribe a una tradición previa y es en esa naturaleza que hay que indagar la perfomance del texto para su propia definición. Lo que está tras esta formulación, es cómo la naturaleza evocativa de un tipo de lengua calificada como oral, registra en las prácticas escriturales marcas que remiten a su oralidad primigenia. Estas marcas dan cuenta de la naturaleza oral y a la vez, sugieren, cuando no lo reconstruyen, los escenarios en los que se pudieron haber producido los relatos.


2. Sobre la etnopoética

Juan Álvaro Echeverri hace un buen recuento del itinerario de la escuela de la etnopoética norteamericana en las últimas tres décadas, representada principalmente por Dell Hymes (1965, 1974, 1977) y Dennis Tedlock, y para Suramérica por Joel Sherzer y Ellen Basso (1987). Sigo en esto a Echeverri, Boas, Sapir, Lowie “dieron gran énfasis, en su trabajo etnológico, a la colección, transcripción y traducción de textos en lenguas indígenas” (Echeverri, 2002), y antes de ellos “viajeros, misioneros y otras personas que vivían entre los indígenas” realizaron importante “colecciones de textos”, estas se hacía sin ningún “criterio para la presentación de los textos colectados” que se presentaban como auténtico textos indígenas “accesibles al público”. Hymes toma como punto de partida las antologías de “poemas” indígenas y observa el descuido y cómo han sido tratados los aspectos formales de esas narrativas, escribe sus planteamientos fundacionales: “In some quarters, appreciation of American Indian poetry has at present a strange, almost schizophrenic, quality. It insists on authenticity, but not on the original texts- It sees an values poetry as expression of Indian cultures, but in material that often is itself poetry or not poems al all.” (Hyme 1965: 333)[3] En aquella ocasión trabaja con seis poemas[4] de los que existían versión en lengua indígena “emprende la retraducción de los poemas basándose en elementos retóricos (prefijos, partículas, etc.) identificables en el texto en lengua indígena. Obtiene una versión más literal, pero versificada no de acuerdo al gusto del traductor sino de acuerdo a elementos métricos y retóricos descubiertos en el texto original.” (Ibídem).
Mas tarde, en 1977, en “Descubriendo el arte oral y la medida de versos en la narrativa indígena americana”, dice Juan Álvaro Echeverri, Hymes:


presenta un texto completo y demuestra cómo, basado en elementos lingüísticos de la versión original, se puede obtener una presentación versificada, la cual sirve de base para una traducción. Un conjunto de rasgos discursivos permite diferenciar la narrativa en versos. Dentro de estos versos, las líneas se diferencian comúnmente, según Hymes, por la presencia de un verbo, o también, por expresiones, ítems de un listado, y otros. El demuestra que los versos se agrupan por lo general en grupos de tres o cinco. Estos grupos los denomina estrofas. Grupos de estrofas conforman lo que él llama escenas y las escenas pueden agruparse en lo que llama actos”, a esto llama “métrica oral” (Ibíd.).

Dennis Tedlock entiende por “Ethnopoetics is a decentered poetics, an attempt to hear and read the poetries of distant others, outside the Western tradition as we know it now. To have any hope of getting outside we must set aside any notion we may have that these poetries will necessarily come from a distant time, or from present-day peoples who are somehow living in the past”[5]. Para Dell H. Hymes, Joel Sherzer y Anthony Woodbury la etnopoética asume “las concepciones nativas y los desempeños del arte verbal como intentos de los analistas para representarlo, analizarlo y traducirlos”.[6] Proponen considerar función y forma como elementos indisolubles, de allí que sugieren que tengamos en cuenta que en la mente del narrador, no sólo existe “la pista del qué sino también el cómo”. Sherder y Woodbury recuerdan que la situación de ejecución involucra al ejecutante como al auditorio en un espacio determinado que identifican como el escenario. Postulan, la sincronización del acto lingüístico y la actuación, de tal forma que la organización del texto poético proporcione la pauta organizativa para un análisis a fondo.

La propuesta de la etnopoética plantea que la representación escritural de un texto de procedencia étnica debería tomar en cuenta el siguiente patrón:
· El relato no se define por la extensión sino por el dominio del narrador en el contexto.
· El texto debe ser organizado en líneas y grupos de líneas.
· Líneas y grupos de líneas como equivalente a una organización poética.
· Secuencias de unidades equivalentes asociadas a sus pautas.
· Variantes y transformaciones que involucraría un pequeño número de dimensiones.
Es importante remarcar el “cómo” en tanto elemento de realización discursiva, pues esta supone, de hecho, la realización formal del texto[7].

(Continúa)


Notas:


[1] Esta comunicación corresponde al tercer capítulo de mi tesis Prácticas del Habla en dos relatos de Tarmapap Pachahuarainin (Notas para una poética del relato), investigación con la que obtuve el grado de Maestro en Ciencias Sociales, con mención en Lingüística Andina por la FLACSO (Facultades Latinoamericanas de Ciencias Sociales) - Escuela Andina de Postgrado, CBC (2006).
[2] Para Lévi-Strauss el relato mítico se refiere a acontecimientos del pasado que forma parte de una “estructura permanente”, donde el tiempo se constituye en simultáneo, “el mito sigue siendo mito mientras se lo perciba como tal”, cuyo “carácter de absoluto” es de naturaleza lingüística (1970: 186-210).
[3] “La apreciación de la poesía indígena americana tiene una cualidad extraña, casi esquizofrénica. Esta insiste en la autenticidad pero no en los textos originales. Ve y valora la poesía como expresión de la cultura indígena, pero en materiales que a menudo son mala poesía o no son poesía en absoluto” La traducción de Echevarri..
[4] “Credle Song (for boys)(1927), “Song of Chief’s Dourghter (1921), “Workingman’s Song of the Li:”, “Love song of the Dead, Heard on Shell Island” (1921), “Song of Salmon” (1817) y “Cradle Song (for boy) (1912), textos recogidos por John Swanton (Haida)y Franz Boas (Kwakiutl).
[5] “Etnopoética es una poética descentrada, una tentativa de oír y leer las poesías de otros distantes, fuera de la tradición Occidental como lo sabemos (conocemos) ahora. Etnopoética es una poética descentrada, una tentativa de oír y leer las poesías de otros distantes, fuera de la tradición Occidental como lo sabemos (conocemos) ahora.” Dennis Tedlock, “Ethnopoetics” en
http://www.ubu.com/ethno/discourses/tedlock_ethno.html (abril 2004).
[6] Me refiero principalmente a los trabajos Hyme, “A note Ethnopoetic and sociolinguistic” (1987) y Joel Shezer y Asntony Woodbury Native American Discourse: Poetic and Rhetoric (1987). Un interesante portal sobre etnopoética, ver: http://www.ubu.com/ethno/visuals.html
[7] El problema del cómo fue planteado por Henri Böll en 1974, en una compilación de relatos de Groenlandia. Henri Böll hablaba del cómo en términos de la realización e una historia que es compartida por el conjunto de participantes. Roland Jakobson recordaba como el relato es siempre un asunto de interacción de dos elementos que se suceden, esto a propósito de un relato ruso sobre la existencia de dios. En ambos casos están definitivamente la relación dinámica entre narrador– oyente.
(*) Lhymen, puede ser solicitado en estas direcciones:

1 comentario:

Transverso, transmundo... dijo...

Olá!
Sou brasileira, professora de literatura e escritora. No momento estou pesquisando etnopoesia cá venho parar.

Um cordial abraço.

Tânia Barros ( Universidade Federal Fluminense)