domingo, 27 de noviembre de 2011

Luis E. Carcamo-Huechante, Cuerpos excedentes: violencia, afecto y metáfora en Montacerdos de Cronwell Jara

No se monta un caballo ni una mula: un cerdo. No es, en rigor, una novela ni un cuento: tal vez una nouvelle (1). Se trata, en efecto, de montarse en otros lomos, en cuerpos excedentes. Se trata también de narrar una realidad que nos excede, en su violencia, en su marginalidad y miseria, aunque también en sus retazos de afecto, poesía y ensueño: el mundo de las barriadas en las periferias de la Gran Lima. Allí se sitúa Montacerdos, breve relato del escritor peruano Cronwell Jara (2).

Cerdo y nouvelle, leídos como tropos nos dejan a medio camino entre una condición animal y una ficción letrada. Montacerdos es en sí una narración que se sitúa entre un plano y otro, complicando, de esta forma, su propia locación discursiva. Si hay textos que se exceden por ser demasiado literales o por ser demasiado metafóricos, este relato se desplaza entre ambas posibilidades del lenguaje. Demasiado literal a veces, demasiado metafórico en otros tramos. A su vez, establecer su definición como novela o cuento resulta complicado, y aún la noción de nouvelle suena demasiado letrada frente al mundo barrial y popular que recorre sus páginas.
En su modo de abordar la urbe peruana contemporánea, Montacerdos configura una narrativa en constante desplazamiento, en continua excedencia, oscilando entre la precariedad material de la barriada y el giro poético inusitado. Desde el principio, Montacerdos expone los desgarradores signos de la marginalidad urbana. Dicha violencia inaugura, o más bien abre -como una llaga enorme- el lenguaje, el cuerpo y la escena de la narración:

Antes que Yococo cabalgara con maestría nunca vista su cerdo el Celedunio, en la carrera de cerdos; antes que los caballos de la policía le quebraran los huesos y fuera llamado por ahí como el inmortal; la llaga de su cabeza todavía era tan pequeña que jamás imaginé que una pica dura de araña iba a lograr una llaga capaz de inundar de podredumbre el mundo, es decir, lo que se llama este infierno de desmonte y chozas, chiquito como piojo, que cuando se pregunta cómo se llama; ah, sí, el pueblo dicen, Montacerdos. (Jara 2004, 7-8)

Esta imagen de "la llaga" pone en relieve el rasgo somático y corrosivo que adquiere la inscripción de la violencia social a lo largo de este relato. Se nos anuncia un proceso de corrosión y violencia que "jamás" había formado parte del horizonte imaginativo de quien narra y tampoco, por cierto, de quienes comenzamos a leer e ingresamos al submundo de Montacerdos (3). El cuerpo llagado y el pueblo-infierno imprimen una cierta dimensión grotesca y esperpéntica al relato de Jara(4). Se exceden así los límites; e ingresamos de lleno a un universo en crisis. Personaje (Yococo), escenario narrativo (el pueblo) y narración (el título) tiene el mismo nombre y parecen constituir una realidad homologa. En este desborde, asistimos no sólo a una ficción en torno a la miseria sino que a una mi seria de la ficción misma.
En Montacerdos, el cuerpo del personaje principal -Yococo-, junto al de su madre Griselda y el de su hermana Maruja, atestiguan los efectos de un espacio urbano en radical descomposición, aunque, al mismo tiempo, despliegan toda una gesta afectiva y poética por sobrevivir a aquella grotesca degradación. De hecho, en su capacidad de alimentarse y subsistir en los sitios eriazos de la ciudad, la figura misma del cerdo simboliza ese afán extremo de sobrevivencia. Considerando entonces dicho escenario, el presente ensayo se propone explorar las posibilidades de imaginar el ámbito del afecto y la metáfora como un modo de enfrentar el hiperrealismo que constituye per se el relato social y literario de la violencia urbana. La narración de Cronwell Jara, desde el ?ámbito de la ficción, nos propone una suerte de ética tanto poética como afectiva con el fin de resistir la violencia social, económica, corporal y sexual de las periferias urbanas contemporáneas.

Comencemos señalando que el despliegue de la violencia sobre los cuerpos de los personajes de Montacerdos, en sus dimensiones económicas y sexuales, se halla marcado por una impronta masculina. Así, los conflictos de la marginalidad social y económica se entrelazan con los de la dominación genérico-sexual. No hay modo alguno de desvincular un aspecto del otro. En diferentes momentos del relato, Yococo, su madre Griselda y Maruja, la niña-narradora, padecen los golpes de una realidad regida por figuras masculinas. A este respecto, lo que Bourdieu ha denominado "imagen magnificada" de la hombría se ejerce de modo implacable sobre los cuerpos más vulnerables de la barriada, para confirmar precisamente un poder tanto simbólico como material. De acuerdo al teórico francés, "la hombría requiere validarse a través de otros hombres, en su realidad de facto o en su violencia potencial, y debe certificarse mediante un reconocimiento de membresía en ‘el juego de los hombres de verdad'". Así se constituiría un sentido de masculinidad, como "una noción eminentemente relacional, construida en frente de otros hombres y para otros hombres y contra la feminidad, en una especie de miedo de lo femenino, primariamente en el propio sujeto" (Bourdieu, 52-3). Varias imágenes magnificadas de masculinidad -los policías, los caballos- se registran en el universo barrial de Montacerdos, aunque, al mismo tiempo, esto se complica: por un lado, los habitantes de la barriada -en su realidad periférica-son apenas "hombrecitos", aunque, por otro, ellos mismos ejercen una violencia de signo fálico y masculino sobre el cuerpo de la niña-narradora. En otro nivel, el relato de Jara coincide con los planteamientos de Bourdieu con relación al entrecruzamiento de violencia simbólica y de corporalidad(5). La narración nos expone a una violencia social y económica que acontece en conjunción simbólica y física con la degradación sexual de los feminizados cuerpos de los sujetos subalternos de la historia. En Yococo, Maruja y Griselda, se pone de manifiesto dicha condición: marginales en su propio espacio barrial, expresan una subalternidad de tipo económico, social y genérico-sexual(6).
Para narrar tal marginalidad, Jara ha optado por un recurso que sugiere un sentido solidario: el acto de prescindir de la voz narrativa masculina y transponerse a la perspectiva de la niña narradora. Asimismo, al incorporar giros poéticos en el lenguaje narrativo y situarse dentro de una cierta hibridez genérica, el relato de Jara se desplaza y monta también en los márgenes de las formas literarias (cuento, novela, poesía). Se trataría, entonces, de una solidaridad de alcance estético pues actúa en el plano mismo del discurso.
Publicado originalmente en Lima en 1981, Montacerdos es el segundo libro de Cronwell Jara Jiménez, escritor nacido en Piura, Perú, en 1950. Desde su primera publicación, Hueso duro (cuentos, 1980), sus títulos han sido impresos por pequeñas editoriales en la capital peruana. Con más de una decena de títulos, la producción literaria de Jara ha acontecido mayoritariamente en la forma del género cuentístico, aunque también ha incursionado en la novela y la poesía. Dentro de dicha trayectoria, Montacerdos constituye un texto de singular excepcionalidad, en cuanto sobresale no sólo dentro de su propia producción escrita sino que resulta ser una de las narraciones más llamativas provenientes de la literatura peruana contemporánea. En Montacerdos, en efecto, Jara despliega una extraordinaria variedad de recursos de lenguaje para registrar los desgarros materiales y simbólicos de un cierto cuerpo social: el mundo de las barriadas, es decir de los asentamientos humanos que se constituyen como la manifestación dramática de las oleadas migratorias en el interior de la urbe peruana.
En el contexto de la literatura latinoamericana de fines del siglo veinte, la narración de Jara bien puede situarse en la veta de textos tan perturbadores como La virgen de los sicarios (1994) del colombiano Fernando Vallejo, o El Rey de la Habana (1998) del cubano Pedro Juan Gutiérrez. A la manera de éstos, la violencia retórica, social y sexual de los centros y periferias urbanas se lleva a sus extremos, en el ejercicio de un lenguaje que, sin embargo, en el caso de Jara, se complica mediante la incorporación de registros líricos y afectivos en la narración. De esta manera, en su calidad de relato sobre la migración interna en la nación andina, Montacerdos asume una fisonomía híbrida y nomádica en su propio tramado discursivo.


(1). La nouvelle, o novela corta, raramente excede las cien páginas, guardando cierta familiaridad con la novella o el récit (Cuddon, 559).
(2). Específicamente, Montacerdos tendría "como escenario una barriada situada en el Rímac, cerca de la Pampa de Amancaes" (Morales Saravia, 127). Este relato fue escrito en 1979 y publicado por primera vez en Lima en 1981. En 1990, se publica una nueva edición bajo el título Montacerdos y otros cuentos. El año 2001, el autor somete el texto a una revisión, en la cual se basa la edición chilena y que constituye punto de referencia en el presente estudio. Para situar la producción literaria de Cronwell Jara en el contexto de la nueva narrativa peruana de los 80, véase Niño de Guzmán, 7-15; 19-20.
(3). En su construcción del escenario narrativo -en torno al pueblo de Montacerdos-, Jara adopta una estrategia mitificadora de amplio desarrollo en la narrativa hispanoamericana (el pueblo de Cómala en Juan Rulfo, Macondo en Gabriel García Márquez o Santa María en Juan Carlos Onetti). El autor peruano retoma este locus narrativo -Montacerdos- en su novela Patíbulo para un caballo (1989).
(4). De acuerdo a Bakhtin, "la exageración, el hiperbolismo, el exceso" caracterizarían el estilo grotesco, especialmente en la descripción del cuerpo y la comida (303-367). A su vez, con respecto a los esperpentos de Valle-Inclán, se ha sostenido de que "lo grotesco se puede identificar por medio de rasgos tan salientes como el de la distorsión de la escena exterior, el de la fusión de formas humanas y animales, y el de la combinación del mundo de la realidad con el de la pesadilla" (Cardona y Zahareas, 45-6). Montacerdos de Jara coincide con estos aspectos estilísticos, aunque -y esto lo diferencia radicalmente- superpone lo trágico a lo grotesco y el lirismo y el afecto a la sátira, como parte de su solidaria inmersión en el submundo andino y urbano de las barriadas.
(5). Bourdieu señala: "La fuerza simbólica es una forma de poder que es ejercida sobre los cuerpos, directamente y como por arte de magia, sin determinaciones físicas; pero esta magia funciona sólo en base a las disposiciones depositadas, como chorros, al nivel más profundo del cuerpo" (38). De esta manera, lo simbólico y lo real finalmente se entrelazarán.
(6). Sobre la noción de subalternidad, véase Spivak (1994).

Aquí hemos reproducido un fragmento, todo el articulo se puede leer:
Carcamo-Huechante, Luis E. “Cuerpos excedentes: violencia, afecto y metáfora en Montacerdos de Cronwell Jara” en Revista de Crítica Literaria Latinoamericana, Año XXXI, Nº 61. Lima-Hanover, 1er. Semestre de 2005, pp. 165-180

 

miércoles, 23 de noviembre de 2011

Guamán Poma, Mala reprehención (f.712)



MALA REPREHENCIÓN del corregidor y amenazos que haze a los yndios en este rreyno, dize ací:
Cam runacuna, allilla uyariuay. Reypa corregidorninmi cani. Reytam manacune alli colquita tarinaypac. Allilla cimita oyariuay. Tiniente, alcalde, mayorpa camachiscanta ruranqui, puchucananpac. Mana cayta ruranqui, carcuscayqui coraca cayniquimanta. Cayta ruray cay prouinciapi (1).
Dize ací: “Bosotros caciques, mandoncillos, oýme bien: Yo soy corregidor del rrey que yo pidí merced al rrey para ganar buena plata. Oýme palabra bien: Obedese al tiniente y al alcalde mayor. Lo que mandare aueslo de hazello para hilar, para texer, para sacar el uino al Cusco. Y ci no hazéys todo esto, yos prometo de echarbos de buestro cacigasco. Y ací lo hazed y cumplid en esta prouincia.”
Con esta mala rreprehención y amenaso luego manda dalle al cacique un trago de uino al pobre cacique y el dicho cacique conbida de dalle treynta o quarenta yndios trageneadores. Con esto hazen falla de yndios en las dichas minas y rrezago de tributo y se pierde sus sementeras y se ausentan de sus pueblos todos los yndios deste rreyno.
Mala rreprehen[ción] del encomendero y amenasos que haze a los yndios en este rreyno, dize ací:
Zay coracacona. Yayayquita, comenderoniquita, chapacniquita alli oyariuay. Allilla causason. Padre corregidormantapas asuan allim cani. Yayaypa conquistadorpa ronanmi canqui. Chinata muchachuta yanaconata, estanciata alli pircanqui. Uacita ruranque. Michecta camachinque. Tanbo runata cari uarmita yanapachique. Mana cayta roraptiqueca, uarcoscayque, causacta pampascayqui, curaca cayniquimanta carcoscayque. Ronayme canqui (2).
Después de este amenaso le da un traguillo de uino al pobre del cacique y luego le da un bestido al pobre del cacique. Y dice ací después de auerle


(1) “¡Señores, óiganme bien ustedes! Yo soy el corregidor del rey. Se lo pedí al rey para encontrar buena plata. ¡Oigan bien mis palabras! Deben cumplir las órdenes del teniente y del alcalde mayor para que hilen. Si no hacen esto, yo los expulsaré del cargo de kuraka. Hagan esto en esta provincia.”
(2) “¡Oigan, kurakas! Óiganme bien, que soy padre de ustedes, su encomendero y su guardián: Vamos a convivir bien. Soy mejor que el padre y el mismo corregidor. Ustedes son la gente de mi padre, del conquistador. Con respecto a las criadas, a los muchachos y a los criados, edifiquen bien las estancias, construyan casas, manden pastores, hagan que tanto hombres como mujeres ayuden en los tambos. Si no hacen esto, los voy a colgar, les voy a enterrar vivos. Los voy a deponer de su cargo de kuraka. Ustedes son gente que me pertenece.”

Tomado de:
http://www.kb.dk/permalink/2006/poma/titlepage/es/text/
(En está portal se puede leer Nueva corónida y buen gobierno (1615) de Felipe Guaman Poma de Ayala.
Edición de Rolena Adorno)

domingo, 20 de noviembre de 2011

Yungay en la memoria de Manuel Valladares Quijano, por Gonzalo Espino Relucé

Manuel Valladares Quijano es historiador que por vocación cautiva la palabra. Docente de la Escuela de Historia de la Universidad de San Marcos, cuyo destacado trabajo Los movimientos culturales regionales (1999) se ha publicado parcialmente.

Si la historia lo acercó a la literatura, la literatura lo llevó a escribir con estilo directo y mordaz. Yungay en la memoria, es un libro intenso, por momentos desgarrador e imposible sanar las heridas precisamente por ser testigo y memoria de lo que ya no existe, Yungay de mayo de 1970.

Valladares califica de "crónica" a su historia, a lo que retiene en la retina, en la letra y en la palabra de los sobrevivientes del terremoto. Su palabra dibuja a Yungay desaparecido, confundiéndose por momentos con los sentimientos, pero sin  renunciar a la semblanza y a la historia, a la vida cotidiana y a la memoria de los sobrevivientes, a la vida de cara al país y a los eventos del mundo cultural, aunque apegado a "hechos y sucesos que realmente ocurrieron". Palabra que dolorosamente tiene que contar el hecho:  “Fuimos muy pocos los sobrevivientes de la tragedia de mayo de 1970”.

La escritura de Valladares es la del sobreviviente, que desde las ausencias tiene que narrar lo ocurrido en su condición de historiador. Memoria sí, pero no árida, que convierte a Yungay en la memoria en una especie de novela raudamente, pero sí ciertamente, en una historia de Yungay del siglo XX. Libro que cautiva por su palabra, por su dolor calmo pero esperanzador, un libro que se lee con devoción de creyente.


Valladares Quijano, Manuel. Yungay en la memoria. Lima: Universidad Nacional Mayor de San Marcos/ Pakarina Ediciones, 2011 (ISBN 978-612-46000-4-3)

martes, 15 de noviembre de 2011

Como ustedes deben saber... CELEHIS en Mar del Plata, la Jornada José María Arguedas a cien años de su nacimiento en Buenos Aires. Crónica de viaje

 Los edificios se suceden uno a uno y no hay cuando terminen, luego en Mar del Plata, entre lluvia y vientos que invaden nuestra llegada. Desde el piso de 18 miro el mar y la luna, la Estrella de Sur, las estrellas y otra vez la lluvia y los vientos fuertes hacen ruido e intento nuevamente mirar el Atlántico. Tengo que ir a nadar, por estos días el sol no llega temprano a las playas de Mar del Plata.
Ya nomás retorno, otra vez al hotel 13 de julio (debe ser una fecha importante). Los dependientes nos tratan con suma amabilidad. Nos encontramos con Dorian Espezúa, luego llega Gonzalo Cornejo. Esta vez nos jala el Perú, nos juntamos. Estamos atentos. El congreso IV Congreso Internacional CELEHIS de Literatura (del 7 al 9 de noviembre) va a iniciar.  ¿Con qué palabras podemos empezar la conversa? Algunos rostros me son conocidos: Elena Altuna, Guillermo Guerrieri, Susana Zanetti, Silvia Graziano, Claudia Rodríguez, Luis Ángel del Castillo. Aymará del Llano nos ha saludado efusiva, con todo el trabajo que tiene. Conversa con nosotros. Y ya nos presenta. Empieza. Dorian ha decidido comentar su ponencia: “El proyecto arguediano de construir una lengua nacional”. Inicia con estas palabras, “Como ustedes saben… en Argentina hay 43 lenguas indígenas, en el Perú 67 lenguas”. Lo decimos,  lo discutimos desde el discurso andino. Yo hice mi parte, indio moche como soy, leo mi texto y de verdad espero leer las 5000 palabras elegidas según las indicaciones del Congreso: “La poesía de José María Arguedas”. Luego vino la conferencia de Víctor Bravo. San Marcos llega como voz que propone una agenda de discusión sobre la literatura latinoamericana.


Y Argentina es multicultural, Arguedas está vigente

A elegir mesas para escuchar, intercambiar opiniones, correos. Me es difícil decidir. Por lo pronto tengo algunas preferencias: el Siglo Oro; pero me ganan las mesas de literatura brasileña. Están los mapuches y los peruanistas. Escuchamos dos conferencias de jóvenes investigadores: una sobre Gregorio Martínez y la otra sobre Nicomedes de Santa Cruz a cargo de Alejandra Huespe (Tucumán) y Natalia Storino (UNC). Pero voy a escuchar a Altuna, una magistral conferencia, habla con la lucidez de siempre, precisa y divinamente encantadora. Trabajó la novela Claridad tan obscura (2011) de Carlos Herrera, con esa erudición de maestra, nos llevó a la memoria histórica de Antonio Ruíz de Montoya, ese jesuita que se opuso a la captura de los indios. Ya el medio día siguiente: Pablo Montoya, ese narrador colombiano que viene a configurar la otra manera de vivir América, desde la extraterritorialidad. Lo interpela la maestra Susana Zanetti y la conversación fluye. Nos encontramos con el narrador, sencillo, lucido y de charla amena. Noé Jitrik ha llegado y da su conferencia, breve pero contundente, su presentadora cautiva y Jitrik sin aspiraciones de profeta habla del Facundo.
Amables, todos, amables. Ya es el último día, ahora las mesas son de los mapuches, claro las que me interesan. Y no las podemos perder. La doctora Claudia Rodríguez trabaja “La poesía guaraní como locus: Susy Delgado, Brígido Bogado y Mario Rubén Álvarez”. Nos recuerda las barreras de la lengua y la existencia de otra lengua: de uso cotidiano, en la que escriben los poetas, nos lleva por la compleja sencillez de la poesía guaraní. Es una suerte mapa que trabaja la poesía indígena del Sur, pero más: ha traído un voz que tiene resonancias en estos lados: "ñe'eporá" (palabra-alma). Seguimos las mesas. Intermitencias. Propuesta, lo único que queda es la agenda Latinoamericana de literatura. Se nos acercan unos jóvenes y colegas profesores de otras universidades.
Con lluvia o sin ella, vamos la feria del libro y al festival del cine. Yo comento a mis amigos, estoy frente al mar y aún no he comido pescado o mariscos. Esa noche, estamos en un bar céntrico. Cerveza, sidra, vino encontramos comida suficiente. Ahora si me despacho con una merluza, ese pececillo que era plato barato en el Perú y que ahora sólo se exporta.
Ya es jueves, dentro de un par de horas saldremos a Buenos Aires. Bajo, son las 6 a.m. No hay gente. Me he puesto mi ropa de baño, bajo con la intención de bañarme, el sol se ha escapado. Me meto al mar, no nado. No veo gente. Un pareja se acerca están abrigados, me llega un intenso el frío. Corro como loco, celebro mi encuentro con el Atlántico. Y saludo al mar, y le doy gracias por recibirme.
 
A buenos aires, ¿Dónde están los apus?

Al terminal de buses no han llegado dos compañeras de Chile. Se han quedado. Gonzalo y su esposa, Patricia, ya están en el bus; Dorian sube; yo, con cierta inquietud me detengo a ver si llegan. Nada. El bus parte. Mar del Plata empieza a quedar atrás, miro el horizonte y solo veo verde, más verdes, ganado vacuno y caballos se divisan por la ventana del bus. Lluvia de por medio, me pregunto porque es tan plano –así lo veo como los viejos viajeros- y entonces, donde están los cerros, donde están los apus, ¿dónde? Por estas tierras no ha pasado Tunhupa. En Buenos Aires, nos aguarda Enrique Foffani, entrañable amigo de Katatay, la revista de la Red de Estudios Latinoamericanos y uno de los mayores estudiosos de la literatura nuestra América.
El viernes doy mi conferencia. Nos busca en el hotel. Buenos Aires aparece por todos lados como una ciudad cosmopolita. Claro estamos en un barrio tranquilo, en La Recoleta. La realidad se nos aparece en la noche, grupo de mendicantes que duerme en la avenida. Reviso mis últimas notas. La Jornada José María Arguedas a cien años de su nacimiento  organizado por la Cátedra de Literatura Hispanomaericana en el Instituto Superior del Profesorado J V. González (viernes 11 de noviembre), se ha programa para las 15.30. Yo tengo la conferencia de clausura. Como siempre hablaré de poesía.
Las presentaciones tienen una característica. Rigor académico. Susana Zanetti habla sobre las implicancias y las resonancias del zumbayllu en Los ríos profundos. Enrique Foffani, hace una lectura desde las controversias de la modernidad de los textos arguedianos, y lo vincula a escenarios mayores. Silvia Graziano presenta avances de su investigación, reconstruye el itinerario de Arguedas en Buenos Aires, lo relaciona a los núcleos intelectuales de Tucumán y Cuzco. Lafforguet hace un testimonio sobre la internacionalización de la obra Arguedas a partir de Losada.
"Más que recordar a Arguedas en el centenario de su nacimiento, en nuestro lugar, descubrimos a Arguedas. Descubrimos en un gran hombre a un pequeño mundo, y en un gran mundo a un pequeño hombre que supo entender la miseria de ese gran mundo, y no pudo resistirlo", así habla Rocío Pineda, hace la presentación de la perfomance de Saltimbanki Percusión. Sigue: "Creemos en que estamos despertando a una nueva realidad, que Latinoamérica está mirando al mundo a partir de mirar por fin su propio rostro." Ponen en esena El sueño del pongo. Son los estudiantes de Buenos Aires, Arguedas llega al corazón.
Volvemos, luego de un descanso a la programa. Dos jóvenes que pertenecen a los últimos años, presentan sus ponencias. Sus textos son impecables. La joven habla de El sueño del pongo y el joven, sobre la música y Los ríos profundos. Hay cierta magia que atrae a los jóvenes, se quedan hasta el final.
Me toca hablar de Arguedas. Leo algunos textos quechuas, propongo la dimensión latinoamericana de la poesía de José María Arguedas. Reclamo, primero la legibilidad de leer a Arguedas en quechua, pero al mismo tiempo, indico que no podemos seguir leyendo la poesía latinoamericana si no lo hacemos desde la voz, por lo que reclamos la voz y la letra, la voz ahora también en la letra como como conquista y representación de la presencia indigena contemporánea.
Ha concluido el evento y vamos a un restaurant tradicional. Luego caminamos y ya tarde conversamos con Enrique sobre la lengua materna y la lengua nodriza en Arguedas, y sobre el español de José María.

 
Estancia de gratitudes

Aymará del Llano sin duda habrá terminado contenta. No hubo oportunidad para despedirnos. Y es que nosotros salimos temprano. Conocimos a nuevos amigos y amigas, colegas que vienen trabajando tópicos y preocupaciones similares. Enrique Foffani, hombre culto, en exceso amable. Nos acoge en su departamento. Desde allí nos movemos. Es la noche de los museos. Dos de nuestros estudiantes, Julio Sánchez y  Luis Ángel del Castillo, sanmarquinos  que están haciendo su posgrado en la UBA, nos acompañan, nos invitan a pasar un buen rato. Y fuimos, entonces, a Puerto Madero y al teatro Anfitrión. Andamos por las librerías, tengo que encontrar algo sobre fotografía para Dalia, para Nati tengo un libro sobre arte colonial; no me preocupa. Faltan los detalles para la jefa de mi tribu. Al otro lado me espera una sonrisa. Y bueno, ahora ya desde Ezeiza, esperando el retorno. Gracias amigos, por acogernos y por permitirnos conversar con ustedes. ¡Bien por América Latina, que se hace voz en toda esta diversidad!


En las fotos: (1) Conferencia Inaugural, Aymará del Llano, Gonzalo Espino, Dorian Espezúa y Víctor Bravo. (2) Gonzalo, Susana Zanetti, Silvia Graciano y Dorian Espezúa. (3) Cartel de divulgación de la Jornada en Buenos Aires. (4) Conferencia de Clausura en  la Jornada, con Silvia Graciano (modera la mesa).

domingo, 6 de noviembre de 2011

Himno de los Aukis, himno de la fiesta del agua, en Puquio (1952), rec. José María Arguedas


Aylillay, aylillay

uh wayli

aylillay, aylillay,

uh wayli.


Señor Cabildo

uh wayli

señores comunes,

hermosa palabra,

hermosa atención,

perdonadme.

hacadme entender,

hablad padre mío,

rechazad la pereza,

rechazad la rabia,

uh wayli


No sé de qué

uh wayli

no sé por qué

podéis tener pereza,

podéis tener rabia.


No, padre mío,

rechazad la pereza,

rechazad la rabia,

uh wayli.


Diciendo qué

uh wayli,

diciendo qué

nuestros alimentos

los estaremos segando,

los estaremos matando.


No, padre mío,

no tengáis pereza,

no tengáis rabia,

uh wayli.


Señor don Pedro ,

uh wayli

Señora Madre Yaka ,

recién recién

estoy apareciendo,

estoy apurándome;

es imposible, pues,

tu hija (tu pobre hija)

de corazón escaso

tu hijo (tu pobre hijo),

uh wayli.


Diciendo qué,

uh wayli,

diciendo qué

te comí

te serví

con mi tierra roja

con mi mesa de cristal

con mi plata y oro

con mi anís selecto,

uh wayli.


Señor Cabildo,

uh wayli,

señores comunes,

aquí está, señor mío,

lo que mandaste

lo que me ordenaste

tú pues, padre mío,

tienes pereza,

estás mintiendo

no, padre mío,

rechazad la pereza,

rechazad la rabia,

uh wayli.


Señor alcalde del pueblo,

uh wayli

señor regidor del pueblo,

aquí está, padre mío,

cuanto me ordenaste,

cuanto me mandaste.

quizás señor

estás con enojo.

No, pues, señor mío,

no os enojéis,

uh wayli.


Diciendo qué,

uh wayli,

diciendo qué

estaremos arribando,

estaremos cargando

a nuestro costado,

a nuestro lomo,

uh wayli.


Don Pedro nuestro,

uh wayli,

madre nuestra, Yaka,

recién recién

estamos subiendo

estamos jalándote

apaciblemente.

tu siervo

tu pobre.

No, padre mío,

no has de enojarte

no has de rabiar,

uh wayli.


Diciendo qué,

uh wayli

diciendo cuánto

estaremos arribando

estaremos subiendo

con mi rojo almidón.

con mi mesa de cristal

con mi oro y plata.

con mis hojas de anís


Qué podrías decir,

uh wayli,

cuánto podrías decir,

señores comuneros,

podrías estar enojándote.

Aquí está señor,

lo que me ordenaste.

No, pues, señor,

no os enojéis

entre comuneros iguales,

hermosa atención,

no apenados

apurémonos.

estaremos saludando,

uh wayli.


Aylillay, aylillay

uh wayli.

Aylillay, aylillay

uh wayli.



Himno de Puquio, Ayacucho. Fiesta del Agua, mes de agosto. Recogido por J.M.A., en 1952, publicado en la Revista del Museo Nacional, tomo XXV, 1956, Lima.



Tomado de Poesía quechua, selección de José María Arguedas (Bs.As, EUDEBA, 1965).

Imagen tomada de:
http://elguardiandelibros.blogspot.com/2011/01/100-anos-de-arguedas.html