sábado, 27 de marzo de 2010

Gloria Dávila, la poeta por Gonzalo Espino




danza de la noche

¿conoces la noche…?
entonces ve y sube hacia el sol,
no vaya a ser que cierre sus puertas
y muera de frío.

¿conoces el día…?
entonces ata mis pies, a las puertas del universo todo,
sí, átala de una vez por todas,
que no hay más tiempo en la geografía
de estos pasos.

¿conoces la danza de la noche…?
ve y pídele mis días con sus noches,
mis pies y sus caminos,
mis fauces y sus hambres,
mis soles y sus lunas
no vaya a ser que
olviden quien soy.

Montparnasse, 29 de septiembre de 2009


Gloria Dávila se apresta a publicar su poemario Danza de la noche. Un libro donde el sujeto poético se aventura en los interiores de un ánima que está desconcertada por lo que ocurre en la realidad. Cada verso es una hechura de cuerpo y palabra, de allí que hay dos tonos en su poesía: una marcada por una suerte de reflexión que quiere atrapar el ser y otra en la que esta misma reflexión sobre el sujeto (la soledad, el amor, la fraternidad, la solidaridad, etc.) es más bien danza sobre las palabras, de allí que vuelve sobre ese tono aluvional. Una poesía del cuerpo y la palabras es el libro de Danza de la noche.
Este viaje poético significa un retorno sobre la palabra para devolver la esperanza. Es un libro que habla del cuerpo a partir de la palabra. Imaginamos Gloria Dávila hablando de su poesía, convirtiéndola en rito y hálito de viva en la piel de los que leen/ escuchan su poesía. Una poesía que llega en su momento.
Para conocer a Gloria Dávila invito a visitar los videos que ha puesto en el cirberespacio. Nacida en Huánuco, donde vive, ha publicado Redobles de Kesh y Kantos de Ishpingo. En esta ocasión va un poema de su nuevo libro. Vale.
Foto tomada del blog de Gloria Dávila:
http://gloria-davila.espacioblog.com/

domingo, 21 de marzo de 2010

Don Pascual Sánchez, el comunero y narrador oral de Cajamarca


Conocí a don Pascual Sánchez a inicios de los años 80, junto con don Antonio Bobadilla y don Andrés León, cuando aprendía de los buenos amigos de las Red de Bibliotecas Rurales de Cajamarca, que dirige Alfredo Mires. Esta red social tiene 40 años de existencia. Recientemente dí con su blog, acá la dirección:
http://bibliotecasruralescajamarca.blogspot.com
Se trata una de las experiencias peruanas que ha promovido desde sus inicios no solo la lectura, sino la lectura de la vida y la vitalización de la cultura andina. Una de las cartas públicas de esta experiencia la encontramos en la Biblioteca Campesina, entre sus publicaciones destaca los resultados de trabajos de valoración y recopilación de la tradición cajamarquina, menciono aquí dos de ellas: los fasciculos ... y otros cuentos y los volúmenes
Nosotros los Cajamarquinos.

Don Pascual Sánchez ha cumplido 29 años como dirigente y coordinador de la Red, de la que ha recibido un homenaje, al que me sumo, recojo aquí lo que dijo ante este merecido reconocimiento:
“No soy digno –Dios lo sabe– de estos distingos, ya que trabajo con humildad y me identifico con el amor a los libros. Tampoco tendría cómo pagar la alegría que me otorga la presencia de niños y jóvenes que siguen por la senda del saber y de la cultura. Porque este honor y esta alegría es el verdadero camino de un bibliotecario; los bibliotecarios estamos llamados a ser autoridades culturales, agentes de este sueño comunitario. Agradezco al Padre Juan, que junto con Alfredo me motivaron para no rendirme nunca, para seguir leyendo los caminos y este tesoro que son los libros y las palabras. Gracias a mi comunidad, a mi familia y a todos ustedes, mis hermanas, mis hermanos”.
[1]

Don Pascual tiene en mi memoria la grandeza del comunero y la transparencia del dirigente campesino que sabe que su comunidad tiene un pie en la tradición pero al mismo tiempo la sabiduría para relacionarse con el mundo actual. Lo escuché como dirigente de la Red de Bibliotecas y como narrador. Comunero de Chuco (San Marcos, Cajamarca), le gusta narrar con esa sabia pausa de un gran maestro. Desde que conozco sus trabajos lo he citado en las aulas de San Marcos para recordar lo que significa la memoria y la tradición entre los campesinos del Norte. Este año mi curso de Literaturas Orales y Étnicas del Perú será el homenaje que la Academia rinde a este comunero que nos enseñó tantas cosas: por eso mi curso se ha titulado "Homenaje a don Pascual Sánchez. El ciclo del atuq -zorro- y la literatura asháninka". Recojo aquí tres breves textos de Pascual Sánchez.
(Gonzalo Espino Relucé).

Las Estaciones[2]

En el campo solamente se divide en dos etapas el año, uno es el tiempo de verano y otro es tiempo de invierno. El tiempo de invierno lo llamamos cando hay lluvias, el tiempo de verano cuando no llueve. El invierno abarca desde que empiezan las lluvias, a veces en setiembre. Por lo general desde Octubre, Noviembre, Diciembre, Enero, Febrero, Marzo y Abril, y el verano empieza desde Mayo, Junio, Julio, Agosto hasta Setiembre. La siembra se hace en este primer período, o sea de invierno, y las cosechas en el segundo período que es el verano.

Lo que el campesino notamos es por la lluvia, viene la lluvia y ya viene el invierno, deja de llover ya viene el verano.


Somos nosotros: Conversación sobre la historia y el saber de nuestros pueblos[3]

La conversación tiene lugar en Cajamarca (20 de marzo 1989), Alfredo Mires ha preguntado "¿Cómo era antes, cómo éramos antes? ¿Qué pasó después cuándo llegaron los llamados 'conquistadores'? ¿Cómo ha sido para llegar a dónde estamos ahora? Eso quisiéramos saber, desde el campo ¿Cómo se ve todo esto?". En esta conversa participan los comuneros Andrés León, Antonio Bobadilla, Castinaldo Vásquez, Pascual Sánchez junto con Homero Paredes y Alfredo Mires. He aquí una intervención de don Pascual.

Bueno, las leyendas que nuestros mayores cuentan sobre los orígenes de la cultura de los Incas están un poco confusas, pero de todas maneras siempre se ve como una cosa prometedora, como una cosa muy optimista, muy linda, la vida que tenía la gente de aquel tiempo. Porque de hecho no existía mucho el individualismo, por un lado, y el Inca, dado que organizó todo un sistema de trabajo colectivo, también lo hacía con miras del bienestar de su pueblo, no solamente él quería enriquecerse, sino que quería la felicidad tanto para los gobernantes como para los gobernados.

En cuanto a la llegada de los españoles, parece que su primera intención es destruir todo el sistema andino que se había desarrollado en estas tierras. Y de allí que se recuerden las leyendas.

Dicen que los gentiles, ante la amenaza que los invasores ocasionaban, empezaban a enterrarse vivos. Y de allí que existen hasta ahora los lugres elevados en los cerros, lo que se llaman los logoles. Los logoles, en donde excavando una profundidad de unos 4 ó 5 metros, se encuentran bastantes restos, esqueletos pués de gente, y a veces hay acumulaciones de huesos. Pero pienso que allá hay bastante exageración, porque sabemos que los indios no murieron porque ellos querían acelerar su muerte, sino más bien por la explotación misma de la que fueron víctimas por parte de los españoles. Eso fue lo que arruinó la población de los gentiles.

Realmente que la llegada de los españoles, sobre todo acá a nuestro departamento de Cajamarca, ha quedado bien demostrado por la total, casi total, extinción de la cultura incaica, lo que se nota porque ya muchos incluso no hablamos el quechua como en la parte del Sur, del Centro, en donde todavía las comunidades sobre todo son las más de carácter autóctono. En Cajamarca es muy difícil ya encontrar poblaciones extensas de habla quechua, y eso demuestra que la oleada de la nueva cultura que vino por acá fue la que arrasó más pronto con la cultura indígena.

Pero siempre hay aspiraciones en el pueblo en volver a ese pasado del tiempo de los incas, de los trabajos colectivos, y se sigue practicando de hecho, aunque no de una manera tan eficaz, se sigue practicando. Por ejemplo las 'repúblicas', construcciones de canales en la que nadie exige que se le pague sueldo, sino que es un trabajo voluntario y siempre con entusiasmo de progreso. Eso es lo que yo puedo apreciar de la realidad actual.

Foto tomada de:
Andares, Red de Bibliotecas Rurales de Cajamarca
http://bibliotecasruralescajamarca.blogspot.com


[1] http://bibliotecasruralescajamarca.blogspot.com/2010/02/homenaje-pascual-sanchez.html
[2] Todos los tiempos el tiempo. La naturaleza del tiempo en la tradición cajamarquina. Cajamarca: Proyecto Enciclopedia Campesina - ASPADERUC, 1990; p. 70 (Nosotros los cajamarquinos, t. 6).
[3] Somos nosotros. Reflexiones campesinas sobre la tradición andina. Cajamarca: ASPADERUC- Proyecto Enciclopedia Campesina, 1991; pp. 47-49 (Nosotros los cajamarquinos, t. 10).

sábado, 13 de marzo de 2010

La enseñanza de la Literatura por Gonzalo Espino




Entrevista a Gonzalo Espino de Marea Cultural


Con sorpresa hemos leído la noticia de dos experiencias de interculturalidad. La una destruida por la inclemencia de la naturaleza, allí donde se enseñaza a los niños desde su lengua materna: el quechua, localizada en Cuzco. La otra, que publicita el éxito logrado por las escuelas bilingüe en la Amazonía, se trata del el jardín Teoría, de Mazamari. El retorno de la población escolar a sus escuelas me invita a compartir con ustedes mi preocupación por el tema de la enseñanza de la literatura.

Confieso que llegué a leer tarde, pues mi vida la pasa en el lado de la memoria, del oir, mis mayores aprendizajes provienen de los "viejos antiguos". Comencé a leer con frenesí recién cuando concluí la primaria. El primer libro que devoré fue uno que hoy ni siquiera se recuerda, era una edición a mimeo, de unas 400 páginas, se trataba de la aventura de un joven en la ciudad. Mi hermano mayor lo había traído. Por cierto, gustaba escuchar leer, gozaba de la lectura oral que hacía, por ejemplo, mi maestro, ese profesor que hacía ver al lobo que saltaba por las carpetas y a San Francisco calmarlo para no asustar a los pequeños que asistíamos al José Olaya.

La profesora más “dura” de la escuela fue parte de mi jurado de promoción. Recuerdo que para el examen final de primaria me tocó esta profesora. Había respondido todas las preguntas con pertinencia, pero la parte que me derrotaba, era sin duda aquella en que nos exigían leer en voz alta. Esta profesora a quien todos los niños temían, fue la me dijo con serenidad, al final del examen, “No te preocupes. Lee, solo lee. No le tengas miedo." Esa fue la manera como inicie mi devoción por la lectura.En esta oportunidad deseo compartir para la discusión y la reflexión la entrevista que me hicieron los amigos de Marea Cultural. Planteo básicamente lo siguiente que nosotros los docentes abandonemos la flojera de leer resúmenes e invito a gozar de la lectura bajo un esquema sencillo, que cuando se lea no hagamos preguntas que rompan el goce de la lectura. No permita, que una vez que se concluye la lectura, nada interrumpa. Deje que ese tiempo intenso, largo, sea el que retenga las palabras que puebla nuestra imaginación, ritmo y gusto. Todo en apenas en un brevísimo tiempo, no pregunte, deje que sus lectores estén frente a lo leído. Deje que pase el tiempo, medio minuto o un minuto, basta. Luego haga la pregunta de comprobación que quiera.Entonces, esa es la invitación, a leer y leer.


La entrevista también se puede ver en:
http://www.blip.tv/file/2821421

sábado, 6 de marzo de 2010

Alex Vásquez Villarreal, Los surcos húmedos. Poesía del Valle Chicama



Por: Gonzalo Espino Relucé

Conocí al poeta como bohemio, cantante y narrador. Mi hermano Javier lo frecuentaba porque con él aprendió a tocar guitarra, mi madre, claro, andaba asustada, por que eso de tocar guitarra lo podía llevar a ser bohemio como don Alex. No fue así. Mi hermano siguió su rumbo, se hizo arquitecto y toca la guitarra de cuando en cuando, pero cuando lo hace, es divinamente feliz y uno, se apega ha escucharlo. A mi me gustaba escucharlo tocar guitarra con Alex, porque ambos se imponían la meta hacer bailar al diablo, y qué bueno, por eso, sí, al final daba sed y nos tomábamos o una buena chicha o una buen vaso de cerveza. Pero esa es otra historia.

En Huamachuco con el poeta Carlos Sánchez Vegas, poeta de fibra y maestro de la palabra, y para más razón de Cartavio, he quedado en preparar la Antología de la poesía del Valle Chicama, en realidad la pretensión es mayor, La Libertad. Por ahora me interesa el valle Chicama, que queda al norte del Perú. Hablo desde el punto de enunciación, ahora imaginado, proviniendo de Roma-Tulape, empiezo por allí.
Este fin de semana ha sido feliz, encontré el texto mecanografiado que me entregó en 1972 Alex Vásquez Villarreal. Lo hizo porque con él hablamos muchas veces de una publicación. Lo pongo a disposición de todos los lectores. Pero, ¿quién es Alex Vásquez Villarreal? Ya dije un bohemio, un cantor, un guitarrista eximio, un buen hombre. Era un obrero azucareno.
Cuando ya sabía de mis andanzas literarias me gustaba conversar con él porque podíamos hablar de Literatura, así con mayúscula. Su obra está dispersa, publicó en la revista Estadium (Casa Grande) y algunas otras piezas andan dispersas. Yo tengo en mi poder un poemita que es una preciosura de jococidad, habla de sus amigos y el fútbol que debo sacar de mis archivos y podré en mi página. Como todos, cuando dejan de existir se les recuerda y olvida, hay más olvido que recuerdo. Y es que hay una despreocupación enorme sobre la vida cultural de nuestros pueblos. Pareciera que la historia de la cultura se reduce a Trujillo, a Lima, no a Tulape o Suchubamba, al valle Chicama. Olvido, torpe, que no ayuda a formar una identidad con raíces y abierta al mundo.

El poeta Alex Vásquez aparece ahora a la distancia con la marca del olvido. Tenía una novela que me solía narrar cada vez que nos encontrabamos. La última vez que nos vimos ya andaba en las aulas de San Marcos. No alcance a pedirle una copia, es posible que su familia posea ese original. En fin. He aquí la tanscripción del poema:


Los surcos húmedos

(Inspirado en un Primero de mayo
como semblanza del autor)

Yo al morir... ¡Déjame en lozano campo;
¡Dios mío! en un día de mayo es mi deseo,
nombro mayo ¡Oh señor! Te pido tanto
que su ambiente vele mi eterno sueño

Si al morir en ambiente campesino,
que un surco húmedo albergue a mi reposo,
talvez al surco aves de humilde nido,
vuelen mansas hacia mí al verme solo.

Queden mis fríos poros al sereno,
entre los yuyos de un surco lozano,
en el alba de un primero de mayo,
con vientos y ojalá con aguacero.

Porque hoy este aguacero paulatino
treinta mayos por los campos me hallan y me encuentro
labrando en los surcos donde, sed, sol y viento;
imperan con la soledad y el frío.

En esa soledad que no me asombra,
sese mi jornada... ¡Muera olvidado!
y tápeme en un surco el rudo arado,
mi cuerpo, talla, a talla con mi sombra.

El poema que transcribo es Los surcos húmedos, es la primera versión; luego hay otra versión en el poeta reduce el texto a un soneto y que puede muy bien ser el himno a Roma-Tulape. Pasa del yo poético a la representación de un yo colectivo. Para el gusto letrado, se diría que hay reminiscencias vallejianas, cierto; pero al mismo tiempo debo indicar que hay una manejo musical de la palabra, un manejo exacto de lo que se quiere decir. Son poema del sentido y de la forma, recuérdese, adicionalmente, el motivo es el primero de mayo, también imaginado como aquello que era la hacienda de los gringos,del enclave azucarero, un lugar de explotación y la idea de la muerte, al suceder los 30 años. El poeta logra captar un centro, el surco: lugar desde donde uno imagina el mundo, el tiempo, los sueños. La vida, junto a los surcos de caña de azúcar.


© Gonzalo Espino, marzo 2010